TEXTOS DE LA CRISTIADA

Cartas de despedida escritas antes de morir por Juan Manuel Bonilla Manzano, Presidente del grupo de Tlalpan de la A.C.J.M. fusilado en el camino a Toluca.


Estado de México, 15 de abril de 1927.

Juan Manuel Bonilla Manzano.


Sr. Diego Linares,
Para mi Danuelocho:
Querido hermano:
Oye, ten en cuenta los últimos consejos de tu hermano, acuerdáte que son dictados desde el fondo de mi corazón y en los postreros momentos de mi existencia; Dios acepta mi sangre y la toma, yo con gusto se la doy.
Hoy es Viernes Santo, día de recuerdos tristes, hoy me han hecho prisionero, y tal vez me fusilen, pide y reza por mí.
Cuida a mamá me voy, más tu te quedas, no la hagas sufrir, procura hacerle menos pesado mi recuerdo, porque me temo que la pobrecita sucumba con este golpe; sé muy trabajador, respeta a tus Superiores; procura tener pocos amigos y escoge aquellos que te guíen por el buen camino; no des el primer paso en la senda del vicio, pues te hundirás en él hasta el cuello, procura ilustrar tu mente, recoge todos mis libros, son tuyos, bebe en ellos el agua del saber, forma tu corazón en la rectitud, que jamás se acuerde tu conciencia de manchas ni faltas; no hagas solo lo que te avergonzaría hacer delante de los demás; procura no hacer jamás alarde de ti delante de los demás; procura ser modesto y consecuente con los demás; modela tu corazón al calor de los Sacramentos; jamás de los jamases des media vuelta ante las dificultades que se presenten para la consecución de tus ideales, fórmalos—fuertes y firmes.
Te recomiendo a Tachín, sabes que no tiene a nadie; edúcale en la sana moral, sobre todo no le des mal ejemplo. Vela por Mercedes y por sus hijos, tu sabes que faltando yo, allí todo es cena de negros. Nos malgastes con fruslerías tu dinero, economiza lo más que puedas. Sé constante hasta que aprendas bien tu oficio. Y por último mi madre queda a tu cargo, cuídala y ámala mucho, lo merese, pues ha sufrido demasiado.
Adiós para siempre, hermano, nos veremos si Dios quiere en la otra vida.
Recibe los recuerdos postreros de tu cariñoso hermano.

 

Sr. Diego Linares .— Estado de México, abril, 15 de 1927.
Para la Mechuda:
Amada hermana:
Llegó el momento de despedirme de ti para siempre; amada hermana, ha querido Dios Nuestro Señor tomar mi vida y sangre; estoy tranquilo ante el sacrificio; pero sufro cruelmente al pensar en ustedes, no sé que será de mi madre, quizá sucumba ante el dolor; te recomiendo a Daniel y a Tachín, y sobre todo cuidala a ella; mi pobre madre sufrirá mucho, que esos sufrimientos sirvan para conseguir de Dios la conversión de tantos ciegos que no quieren ver; la Santísima Virgen tenga en cuenta estos sacrificios... Quisiera desbordar mi alma y en torrentes decirte, comunicarte todas mis penas, pero no puedo, me falta valor...
Dale un beso a cada uno de los muchachos, y tu recibe el último adiós y los recuerdos de tu hermano.
Juan.
Dedicatoria que puso Manuel en un retrato que dio a su hermana Mercedes al despedirse de ella para emprender la lucha para la defensa de la Religión.

Para mi hermana Mercedes;
Tlalpan, D.F. Octubre 15 de 1926.

Mercedes, he ofrecido mi vida a Dios, y luché por su causa santa, principalmente por los míos; espero que El acepte mi sacrificio, y en cambio les dé a ustedes el bienestar del corazón, y la salvación de sus almas; sería mi mayor dicha; pues la mezquindad de la vida es notoria. Guarda este recuerdo como el hermano malo, que quiso la felicidad de ustedes y que rogó mucho por la santificación de sus vidas. MANUEL.

 

San Diego Linares E. de México: abril 15 de 1927.

Sra, Juana Manzano:
Amada madrecita:
Te digo adiós por última. Dios así lo quiere; sé que tu corazón va a sufrir y a desgarrarse al leer las presentes líneas; pero qué quieres que se haga; madre mía, el destino de cada uno se tiene que cumplir; te abandoné con la seguridad de volverte a ver para cuidar de tu vejez, Dios no lo ha querido y me arranca de una vez de tu regazo; madrecita linda, ya no veré más, yo no oirás a tu hijo que te pide de comer y te haga enojar de mentirijillac, ya no oirás a tu gritón; Dios le arranca de tu lado para siempre; reza por mí, amada madrecita, pide por tu pobrecito hijo que muere pensado en ti.

Te recomiendo a Daniel, dile que sea bueno y trabajador; al probrecito de Tachín edúcale en una sana moral y que se acuerde de su tío; cuida de Meche y sus muchachos; Dios no quiso la dicha protejerles algún día; a ti, madre mía, que puedo decirte? Solo que te amo, y el pensamiento de abandonarte, dejándote sin recursos es lo que me desgarra el alma; muero tranquilo eso sí; Dios Nuestro Señor me está dando fortaleza; no llores, madrecita, reza nada más y confórmate; te queda un hijo más bueno que el que se va. Adiós, en la otra nos uniremos para no separarnos jamás y ofrece el sacrificio de tus lágrimas por la conversión de tantos hermanos nuestros que están ciegos y no quieren ver.
Tu hijo que te ama.
JUAN.

 

San Diego de Linares, Estado de México,
abril 15 de 1927.
Srita. María de la Luz García.
Tlalpan.
Amada Lucha:
En los postreros momentos de mi existencia te escribo las presentes letras: Ha querido Dios aceptar el sacrificio de mi vida; mi sangre se derramará hasta la última gota por confesar de quien es el Criador de todo lo existente; que el recuerdo mío jamás se borre de tu mente, amada mía; son las últimas letras, mi lucha, que te escribo; no sé qué decirte; quisiera escribirte mucho pero el estado de ánimo en que se encuentra mi alma no me lo permite; tu y yo pensamos ser felices algún día, pero es que Dios no ha querido y nos separa, pero es una separación temporal; ten en cuenta, mi Lucha, que si mi amor lo conservas toda tu vida, en la otra nos uniremos eternamente.
Adiós para siempre, mi Lucha, no sé qué decirte... Sufro porque te abandono, sufro porque creo que tu sufrirás; estoy tranquilo; ante la muerte no me espanto, solo que sufro por que no sé que será de mi amada madre y de mis hermanos; les abandono y no sé quién les dará el pan, me voy se quedan solos; sufro por esto no porque le tema a la muerte; me cogieron prisionero y dentro de unas cuantas horas me fusilarán, no hay poder humano que me salve, estoy en manos de Dios Nuestro Señor, Él sabrá lo que decide de mi vida, solo un milagro me puede salvar.
Te doy el adiós postrero, Lucha de mi alma; confórmate porque así Dios lo ha querido; saluda por último a tus papás y a tus hermanas, y tu, Lucha, recibe el recuerdo de un corazón que te ama hasta la muerte y te seguirá amando en la eternidad.
Tu JUAN.
Saluda a mi tío de mi parte y dile adiós por último en mi nombre a Lelis le escribiré y le dices lo mismo.


(Transcripción de las cartas escritas por Juan Manuel Bonilla (acejotamero) antes de morir el VIERNES SANTO 15 de abril de 1927 a las 3 de la tarde precisamente).
A.M.D.G.

 


 

Concedió el Papa legitimidad al movimiento cristero


La lucha fue legitimada al beatificar a víctimas de la persecución: experto
Lourdes Flores/Enviada

 

Altos de jalisco. Para los cristeros de estas tierras hay dos cosas sagradas: Dios y la tierra.
Aquí muchos son adoradores de Cristo y la Virgen de Guadalupe. Se dicen "apegados a la Cristera porque eso les permite reafirmar sus costumbres clericales".
Cuando ocurrió la guerra de los cristeros, esta región fue de las primeras zonas que se levantó en armas. El presidente Plutarco Elías Calles había prohibido realizar el culto religioso en lugares públicos. La ley Calles debía entrar en vigor el 31 de julio de 1926. Como respuesta, algunos obispos decidieron suspender el culto.
Timoteo Arriaga, un cristero de 90 años, de Atotonilco, el Alto, Jalisco, recuerda que un domingo de agosto de 1926 fue a misa y escuchó decir al señor cura: "¿Qué tantean? Llegó una carta, dice que van a cerrar los templos. ¿Qué vamos a hacer? ¡Vamos haciendo más colorada la tierra con nuestra sangre! ¿O no hay tamaños?".
En septiembre de 1926, el Episcopado "juntó más de un millón de firmas para que se modificaran los artículos 3, 5, 27 y 130 de la Constitución de 1917. El Congreso las tiró a la basura", dice José Trinidad Orozco, cronista de Atotonilco.
"Calles dijo que había tres caminos: acatar las normas, acudir al Congreso o tomar las armas. No hubo más remedio que las armas".
Al noroeste jalisciense, en San Diego de Alejandría vive el sacerdote Juan Pérez Gallegos.
El 31 de diciembre de 1926, "aquí se levantaron unos 400 cristeros para declararse rebeldes contra el gobierno de Calles, que a todo trance quería controlar al clero nombrando una iglesia católica apostólica mexicana, negándole autoridad al Papa". Al grito de "¡Viva Cristo Rey y la Santísima Virgen de Guadalupe!", los católicos se lanzaron contra las fuerzas "gobiernistas", en enero de 1927. En los Altos de Jalisco pelearon el padre Aristeo Pedroza y el padre José Reyes Vega, el coronel Victoriano Ramírez El Catorce y Miguel Hernández. "La lucha era dispareja. Los federales andaban bien armados y los cristeros, ahí sin comer, y con pocas armas".

Un movimiento vigente

En el pueblo de Encarnación de Díaz, Jalisco, al noroeste del estado, se localiza el museo Cristero. Alfredo Hernández Quesada, su director, continúa el relato...
En julio de 1927 se le da el mando militar de la zona de Jalisco, al general Enrique Gorostieta Velarde. "Se dice que era un cristero agnóstico. ¡Por favor! Traía un cristo colgado, asegura.
En octubre de 1928, el general Gorostieta fue nombrado jefe supremo de los Ejércitos Cristeros, había logrado consolidar el movimiento. Tenía bajo su mando unos 30 mil cristeros.
En junio de 1929, monseñor Ruiz y Flores hizo las negociaciones o arreglos con el embajador estadounidense D. Morrow, y Portes Gil, para terminar la guerra. El 22 de junio se da amnistía a los rebeldes y la Iglesia podía realizar el culto religioso. Esta guerra causó más de 70 mil bajas.
Se cree que la Iglesia traicionó a los cristeros, que dijeron dónde estaban las cabezas y así mataron a más de mil 500 jefes. Hernández concluye: "Después de 73 años, la recompensa fue llevar a los altares a 24 compatriotas víctimas de la persecución religiosa. El Papa los beatificó, con eso le dice al mundo que este movimiento fue legítimo y sigue vigente".


 

Continúa la siembra de Mártires y la cosecha de cristianos
Se incrementan las estadísticas a escala mundial

• Jesús Carlos Chavira Cárdenas

La sangre no cesa de correr
Hasta el pasado 9 de mayo, estadísticamente, los 25 Santos Mártires mexicanos formaban parte de 27 millones de Mártires que, durante el siglo XX, fueron perseguidos y sacrificados a escala mundial por profesar su fe. Este grupo del siglo pasado equivalía a dos tercios de los mártires registrados en 2 mil años de Cristianismo, según datos de la Christian World Encyclopedia (Enciclopedia del mundo cristiano).
No obstante, las estadísticas se actualizan. Un nuevo estudio presentado en Roma revela que 70 millones de cristianos han sido asesinados por su fe en dos milenios; de ellos, 45 millones y medio (65%) son mártires del siglo XX.
Este análisis del periodista italiano Antonio Socci, titulado I nuovi perseguitati (Los nuevos perseguidos), surge exactamente dos años después de aquel 9 de mayo de 2000, cuando la Comisión del Jubileo para los Nuevos Mártires publicara el libro Il secolo dei martiri (El siglo de los mártires).
En el documento jubilar presentado al Papa Juan Pablo II se concretaba, por el momento, un elenco de 12 mil 692 «testigos de la fe del siglo XX», mismos que fueron recordados durante la Celebración Jubilar en el Coliseo Romano. En aquella ocasión, los miembros de la Comisión Vaticana reconocieron que se trataba de un número muy inferior a la realidad.
Al respecto, cabría tomar en cuenta lo que recientemente declaró Antonio Socci: «Entregué los borradores del libro en enero, y desde entonces el martirio de los cristianos no ha tenido tregua: basta pensar en lo que está sucediendo en Colombia e Indonesia».
La influencia de Juan Pablo II
No se descarta que la preocupación del Santo Padre por dar a conocer a los Mártires y Testigos de la Fe del siglo XX, acompañada por constantes canonizaciones o beatificaciones, sea un factor determinante en el incremento de fieles a nivel mundial.
Entre los mártires del siglo XX canonizados por Juan Pablo II, destacan el Padre Maximiliano Kolbe y Edith Stein, víctimas del nazismo; diez españoles, de los cuales nueve son los Mártires de Turón, en Asturias (España), martirizados en 1934 por un grupo de guerrilleros socialistas, y el otro, hermano de las escuelas cristianas, martirizado en Cataluña en 1937. Asimismo, destacan 25 mexicanos.
Su experiencia personal durante la Segunda Guerra Mundial, le hizo comprender que el siglo XX ha sido un periodo en el que la Iglesia ha vuelto a ser mártir, a través de las «figuras comunes» que han dado la vida para no renegar de su identidad cristiana.
El testimonio más elocuente
Consciente de esta influencia, escribió en la Exhortación Apostólica Tertio Millennio Adveniente: «En nuestro siglo han vuelto los mártires, frecuentemente ignorados, como “soldados desconocidos” de la gran causa de Dios. En cuanto sea posible, no deben dejarse perder en la Iglesia sus testimonios, recogiendo la necesaria documentación. Esto no podrá dejar de tener también un hálito y una elocuencia ecuménicos. El ecumenismo de los santos, de los mártires, es quizá el más convincente. La communio sanctorum (Comunión de los Santos) habla con una voz más alta que los factores de división. El martirologio de los primeros siglos rendía sumo honor a Dios mismo; en los mártires veneraba a Cristo, quien era el origen de su martirio y de su santidad. Se desarrolló luego la práctica de la canonización, que perdura hasta hoy en la Iglesia Católica y en las Ortodoxas. En estos años se han multiplicado las canonizaciones y beatificaciones, que manifiestan la vivacidad de las Iglesias locales, mucho más numerosas hoy que en los primeros siglos y en el primer milenio. El más grande homenaje que todas las Iglesias tributarán a Cristo en el umbral del tercer milenio será la manifestación de la omnipotente presencia del Redentor mediante los frutos de fe, esperanza y caridad en hombres y mujeres de tantas lenguas y razas que han seguido a Cristo en las diversas formas de la vocación cristiana».
Tertuliano tenía razón
Si bien es cierto que el siglo XX se caracteriza por tener el mayor número de mártires en la historia, numéricamente, nunca ha habido tantos cristianos como en el siglo pasado, con casi dos mil millones de fieles.
En la actualidad, pareciera como si la Iglesia del tercer milenio, al igual que la del primero, también «nació o está naciendo de la sangre de los mártires», como señala Juan Pablo II al recordar a Tertuliano: Sanguis martirum, semen christianorum («La sangre de los mártires es semilla de cristianos»). Los hechos históricos ligados a la figura de Constantino el Grande nunca habrían podido garantizar un desarrollo de la Iglesia como el verificado en el primer milenio, si no hubiera sido por aquella siembra de mártires.
¿Quién fue Tertuliano?
Abogado y teólogo, Tertuliano vivió entre los siglos II y III d.C., en tiempos de una persecución sanguinaria contra los cristianos.
Nació en Cartago hacia el año 155 de padre centurión. Se convirtió hacia 193.
Quizá su obra más importante sea «La Apología». En ella se dirige a los gobernantes provinciales, y suplica la libertad religiosa para los cristianos.
En materia teológica es posible que la contribución principal de Tertuliano sea en relación con la doctrina de la Trinidad.
Él fue el primero en aplicar el término «Trinitas» a las tres Divinas Personas.

 

 


Crece el amor a los Santos Mártires en Guadalajara

• Arnold Omar Jiménez Ramírez

Han pasado dos años de la canonización de los Santos Mártires Mexicanos y su devoción poco a poco se extiende por los rincones del País y de nuestro Estado, de donde son oriundos en su mayoría. Es una dinámica interesante, que ocurre con la mayoría de los santos de todo el planeta. Paulatinamente, su vida y su obra van arraigando en el corazón de los fieles, hasta convertirse en impulsores de una vida auténticamente cristiana.
Totatiche, la tierra de San Cristóbal Magallanes
«La fe no se propaga ni se defiende por medio de las armas», decía San Cristóbal Magallanes en una de tantas homilías pronunciadas a sus fieles y paisanos de Totatiche, un pequeño pueblo situado en el Norte de Jalisco. Y es que San Cristóbal Magallanes lo experimentó en carne propia. Durante la revolución cristera tuvo que ocultarse en las barrancas y laderas de su pueblo para no ser descubierto por las autoridades, que falsamente lo acusaban de alborotar a la población y promover la lucha armada. Por el contrario, el santo sacerdote en más de una ocasión exhortó a la feligresía a no usar la violencia y detuvo a aquéllos que ya habían optado por esta vía.
La fe sin obras es una fe muerta, dice la Sagrada Escritura, y una fe auténtica se perpetua y germina venciendo las barreras del tiempo y el espacio. Así fue la forma en que San Cristóbal transmitió la fe, con el testimonio de una entrega sencilla y generosa.
“Siervo fiel y prudente”
El pequeño Cristóbal, como todos los niños, fue objeto de burlas entre sus amigos, quienes lo apodaron «El Camisa Dura». Ante la guasa de los amigos, un día respondió: «Pues algún día, este “camisa dura” será su cura», y así fue. Después de ingresar al Seminario a la edad de 18 años y ordenarse sacerdote, fue nombrado maestro de la escuela de Artes y Oficios del Espíritu Santo; un par de años más tarde, se le encomendó la parroquia del pueblo que lo vio nacer, Totatiche, Jalisco.
Su obra ahí es por demás admirable, pues es la de un hombre con profunda visión social, fruto de su conocimiento de la Doctrina Social de la Iglesia y de la entonces reciente encíclica Rerum Novarum («De las cosas nuevas»), del Papa León XIII. Esta visión lo llevó a hacer de su pueblo y de los suyos una comunidad progresista y entusiasta. Construyó presas para el riego de los campos (aún existe la presa de La Candelaria), repartió tierras y víveres entre los pobres.
Pastor humilde, compartía la vida diaria con la feligresía, docenas de testimonios cuentan cómo se «arremangaba» la sotana y se ponía a enseñar a los campesinos cómo sembrar, con el fin de que rindiera mejor la tierra. Construyó un Seminario cuando fue clausurado el de Colotlán, que aún es semillero de vocaciones. Se adelantó a su tiempo y fundó un periódico llamado El Rosario, mediante el cual instruía a sus fieles, daba a conocer las disposiciones del obispo y era un subsidio personal para su amplia labor pastoral. Uno de sus reclamos sentidos era contra el alcoholismo y la flojera, temas reiterados en sus homilías.
Su entereza y su auténtica vida cristiana lo llevaron a entregarlo todo por el Evangelio, hasta la propia vida, sin proferir ningún reclamo. Como manso cordero, ofrendó su vida por los suyos: «Soy y muero inocente, perdono de corazón a mis verdugos y espero que mi sangre sirva para la unión de mis hermanos mexicanos». Sólo las balas pudieron apagar su voz.
El testimonio que perdura
Totatiche, Jalisco, es sin duda alguna uno de los pueblos donde la devoción a los Santos Mártires ha tenido un crecimiento importante después de su canonización. Dos factores han sido determinantes: el primero y más importante, es el mismo testimonio del santo, que se ha prolongado y que cala profundamente en los habitantes del lugar. El segundo, es el trabajo de los párrocos para que su vida sea conocida e imitada, no sólo en los límites territoriales sino por toda la comunidad diocesana.
En el pueblo queda el testimonio de su vida: en el templo parroquial se conservan sus restos, y una de las paredes laterales está adornada con una gran pintura que recuerda el milagro que los mártires realizaron en una mujer.
Un completo museo presenta cientos de objetos que pertenecieron al santo, que van desde objetos personales hasta aquéllos que utilizó para evangelizar a los suyos.
Es la misma entrada principal, la que conduce al rancho donde por primera vez vio la luz el señor Cura Magallanes: el rancho de San Rafael. En el pequeño sitio se ha construido una sencilla capilla, con un altar sobre el lugar donde nació. De un año a la fecha se ha ido remodelando: se le pintó, amplió y acondicionó para recibir a los peregrinos que suben del pueblo para venerarlo.
Totatiche de Magallanes es un pueblo que ha detenido entre sus muros y gentes el testimonio de un hombre que cambió la historia de la región, y que legó uno de los tesoros más preciados a los suyos: la santidad.
Santo Toribio Romo, el patrono de los migrantes

–¿Verdad, Quica, que en la cima de “La Mesa” está el Cielo? –comentaba el pequeño Toribio Romo a su hermana cuando se sentaban juntos al pie de un pequeño cerrito.
–Sí, Toribio, ahí está –respondía ella.
No, el Cielo no estaba en esa pequeña meseta de Santa Ana de Guadalupe, en el Municipio de Jalostotitlán, tierra de otro de los santos mexicanos más venerados en Jalisco y en el País, Toribio Romo. Pero Dios ha provisto un pedazo de Cielo para sus pobladores y para quienes visiten el lugar: en el cerrito se construyó una capilla, donde descansan los restos del mártir y donde seguramente Dios atiende a las necesidades de sus hijos, que le suplican por intercesión del santo.
Una vida, una oblación
«Aceptarás mi sangre, Señor; aceptarás mi sangre que te ofrezco para la salvación de mis hermanos», dijo en una ocasión el Padre Toribio Romo, cuando dio la Primera Comunión a docenas de niños que descendieron a la barranca de Tequila, donde estaba escondido. Dios aceptó su sangre. Pero como la sangre de todos los mártires, no se vertió después de los disparos, sino que se fue derramando en la entrega cotidiana de su vida ministerial, y en este caso, desde que decidió consagrarse al Ministerio. Santo Toribio Romo tuvo que dejar su casa y los suyos junto con su hermana Quica, para estudiar en Jalostotitlán y después en el Seminario, entre carencias y necesidades.
En los destinos que estuvo como vicario parroquial, sufrió con paciencia admirable el maltrato de algunos de sus párrocos. Incluso el mismo Arzobispo Orozco y Jiménez, le pediría disculpas por las veces en que sufrió la incomprensión de sus compañeros sacerdotes.
Fue Orozco y Jiménez quien le encargó la atención pastoral de Tequila, en plena persecución religiosa. El Padre Toribio aceptó con valentía y se lanzó a la empresa. Atendía a sus fieles por las noches, celebrando en las casas; repartía el Viático a escondidas, y administraba los Sacramentos en los cerros y barrancas. Su hermano sacerdotal, Román Romo, y su hermana Quica, lo apoyarían en su Ministerio hasta el último momento de su vida: el santo sacerdote iba a celebrar Misa, pero al sentirse un poco cansado decidió tomar un descanso, para celebrar la Misa con mayor piedad. Mientras descansaba, llegó la soldadesca y lo mató. –Ahí está el Cura –dijo un general.
–Sí, soy yo, pero no me maten –dijo sorprendido el Padre Toribio.
Una tierra que lo recuerda y venera
–¿Deseas pasar el río? –dijo un desconocido a uno de los cientos de migrantes que desean cruzar la frontera norte de México.
–Claro, ¿me puedes ayudar? –contestó el interpelado.
–Sí, puedo pasarte y conseguirte un trabajo.
Y así fue. El extraño pasó del otro lado y rápidamente encontró trabajo. No pudo agradecer en persona al generoso hombre que lo ayudó. En cuanto regresó a México, fue a Santa Ana de Guadalupe a buscar a su bienhechor, quien le había entregado una imagen suya y le había dicho su pueblo de origen. Cuando llegó a Santa Ana, todas las descripciones lo llevaron a la pequeña capilla donde estaban los restos de su benefactor: Santo Toribio Romo.
Los habitantes de Santa Ana de Guadalupe, Jalisco, cuentan éste y muchos milagros; han sabido conservar el testimonio de su hijo predilecto. El pequeño ranchito se ha convertido durante los últimos tres años en uno de los centros más importantes de peregrinación; día con día, cientos de personas de todos los rincones del País acuden al pueblo para visitar las reliquias del mártir y obtener de Dios, por su intercesión, algún milagro. Lo visitan quienes se aventuran por tierras «del Norte»; lo visitan señoras, choferes –sobre todo taxistas–; niños y sacerdotes.
Su fama de santidad y el testimonio de su vida han ido mucho más allá de su pueblo. Tequila, su parroquia, también lo venera. A las afueras del templo parroquial se levanta una estatua en su honor, y en la barranca de El Ojo de Agua, donde ofrendó su vida, se construye una capilla sobre el lugar donde recibió los primeros balazos.
En El Ojo de Agua, fácilmente se pueden reconstruir los hechos; el tiempo parece no haber pasado. Abundan el agua, los árboles, las barrancas, y todo permite imaginar las enormes dificultades que sorteó Santo Toribio para evangelizar.
También en la ciudad se ha extendido su fama. En la Colonia Jardines de Santa María, se construyó un templo en su honor y se le venera con gran devoción. La capellanía perteneciente a Santa María Tequepexpan, está a punto de convertirse en parroquia gracias a la respuesta generosa de los fieles, quienes han contribuido para consolidar su comunidad animados por el testimonio de su Santo Patrono.
Santo Toribio Romo es un sacerdote que ha prolongado su espíritu humilde y cercano al pueblo, aún después de muerto. Su devoción crece día con día; es fácil verlo en los tableros de los taxistas tapatíos o en los bolsillos de quienes buscan mejores oportunidades de trabajo en otras tierras.

Agradecemos a nuestro amigo Abraham Hernández el envió de este texto.

 


 

El martirio, un testimonio que no se olvida en la Iglesia tapatía

Al término del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de mártires. Las persecuciones de creyentes –sacerdotes, religiosos y laicos– han supuesto una gran siembra de mártires en varias partes del mundo... Es un testimonio que no se debe olvidar».
Esta exhortación del Papa Juan Pablo II ha encontrado eco en la Iglesia tapatía. Ejemplo de ello es la creciente comunidad que concurre en el Cerro del Tesoro, donde se construye el Santuario de los Santos Mártires Mexicanos, al igual que las diversas capillas que se construyen en la arquidiócesis, dedicadas a cada uno de ellos.
No puede olvidarse, además, que cada parroquia ha elegido a un Santo Mártir Mexicano como su patrono, ni las biografías impresas cuya publicación continúa, o los materiales en video que el Departamento de Pastoral y Comunicación del Seminario Mayor de Guadalajara produce y difunde, sobre la vida de cada santo.
No obstante, es necesario conocer el significado del martirio, para comprender la profundidad y el compromiso que conlleva el llamado Papal.
San Justino: “Los santos testigos”
La palabra griega martyr significa «testigo». Así concluyen las Actas del Proceso de San Justino, muerto durante el siglo II en Roma, junto con sus compañeros Caritón, Carito, Evelpisto, Leracio, Peón y Liberiano: «Los santos testigos (mártires), glorificando al Señor, subieron al lugar de costumbre, donde fueron decapitados y consumaron así su martirio (testimonio) en la confesión de nuestro Salvador. Algunos fieles llevaron a escondidas sus cuerpos y los depusieron en un lugar adecuado, con la ayuda de Nuestro Señor Jesucristo, al cual sea dada gloria por los siglos de los siglos. Amén».
Como generalmente ocurre, los conceptos superan en mucho a la simple etimología de las palabras con las que les designa, y tal es el caso de la palabra «mártir». Por eso, no se llama mártir a cualquiera que dé testimonio, sino a aquél que, por el testimonio, de su vida derramó su sangre.
Siendo el derramamiento de la propia sangre la primera e insustituible condición del martirio, a ésta debe agregarse la razón o finalidad por la cual se da la vida, y sin la cual no existiría verdadero martirio aunque se derramara la sangre. Esta razón es la fe cristiana. Si no se muere por la fe cristiana, no hay verdadero martirio.
Lo que no es martirio cristiano
No es mártir el kamikaze, el piloto suicida que voluntariamente estrellaba su avión para destruir un barco enemigo, ni el revolucionario que daba su vida para destruir la sociedad mediante la lucha de clases. El odio no es fuente del verdadero martirio, en cuya base siempre está el amor. La filosofía y la ciencia tampoco tienen mártires, pues nadie se deja matar por una especulación o una opinión. Sólo la Verdad y el Amor (con mayúsculas) producen verdaderos mártires.
Santo Tomás de Aquino afirma: «Mártires significa “testigos”, puesto que con sus tormentos dan testimonio de la Verdad hasta morir por ella; no de cualquier verdad, sino sólo de la verdad que se ajusta a la piedad (Tit 1, 1) la cual nos ha sido dada a conocer por Cristo. De ahí les viene también el nombre de “mártires de Cristo”, como testigos suyos».
En el n. 2473 del Catecismo de la Iglesia Católica se explica que «el martirio es el supremo testimonio de la verdad de la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de Cristo, Muerto y Resucitado, al cual está unido por la caridad». En efecto, el martirio está íntimamente relacionado con las grandes virtudes cristianas de la fe, la esperanza, la caridad, la paciencia y la fortaleza.
Dar la vida por no ofender a Dios
Debemos tener muy claro que el martirio no es un «suicidio» por motivos religiosos. El mártir no se quita la vida; le es quitada. Por ello, es imposible el martirio sin que exista un perseguidor de la fe u otra virtud cristiana. El mártir, simplemente no evita su muerte; es decir, da su vida a cambio de no verse obligado a ofender a Dios, y en esa aceptación voluntaria del mal que el perseguidor le inflige, radica el mérito del martirio. Por tanto, en el martirio no se da el suicidio, sino el homicidio.
Tras las huellas del martirio de Jesús
Como salta a la vista, el mártir por antonomasia, el Mártir con mayúscula, es Jesucristo, quien libremente aceptó el derramamiento de su Sangre y su Muerte en la Cruz por la Redención de todos los hombres, incluyendo a quienes lo condenaron y crucificaron: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23, 34).
El discípulo de Cristo que quiere ser semejante a su Maestro, debe tener siempre presente la exigencia de la fe, de dar testimonio en cualquier circunstancia; exigencia que puede llegar hasta el martirio. Pero no muere mártir el que quiere, sino aquél a quien Dios da esa enorme gracia (puesto que lo lleva directamente a gozar eternamente de su Presencia) y, con la gracia del martirio, da también las fuerzas necesarias para soportarlo, el cual generalmente es precedido de grandes torturas.
Desde el martirio de San Esteban y la posterior persecución desatada por Nerón contra los primeros cristianos, empezaron a cumplirse las palabras de Jesucristo sobre la persecución y el testimonio: «Se apoderarán de vosotros y os perseguirán; os entregarán a las sinagogas y meterán en las cárceles; os llevarán por la fuerza ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Lo cual os servirá de ocasión para dar testimonio... De suerte que seréis odiados de todo el mundo por amor a Mí. No obstante, ni un cabello de vuestra cabeza se perderá» (Lc 21, 12-18).
Blas Pascal escribió: «Yo creo en las historias cuyos testigos se dejan matar». Y los innumerables mártires de Cristo en todas las épocas, de toda clase y condición social, hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos; obispos, sacerdotes y laicos, que han dado su vida no por defender opiniones especulativas, sino por atestiguar el amor a Cristo y la verdad de la revelación cristiana, manifiestan a todo el que quiera ver y oír, la asistencia de Dios y la fuerza de la fe.
Por ello, «con el más exquisito cuidado, la Iglesia ha recogido los recuerdos de quienes llegaron hasta el extremo para dar testimonio de su fe. Son las actas de los mártires, que constituyen los archivos de la verdad escritos con letras de sangre» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2474).
Una comunión especial
Es muy cierto que por la «Comunión de los Santos» tenemos una cercanía, misteriosa pero real, con toda la «Iglesia Triunfante», sin importar el tiempo ni el espacio de esta vida temporal. Sin embargo, con los mártires mexicanos tenemos además de esta cercanía sobrenatural, una especial cercanía cultural, histórica y geográfica, pues ellos vivieron bajo nuestro mismo cielo y pisaron nuestro mismo suelo; habitaron en nuestras ciudades y caminaron por las mismas calles que nosotros lo hacemos; hablaban el español con nuestra misma entonación; les gustaban los mismos alimentos que a nosotros; cantaron y bailaron las mismas canciones.
Por estas razones, son para nosotros modelos de congruencia con la fe cristiana, que nos hablan desde la misma realidad y cultura en las que nosotros vivimos y convivimos. El ejemplo y la intercesión de nuestros mártires son una riqueza invaluable para la Iglesia en México.
Aprender de los Mártires
Un cristiano, gracias a su experiencia del Señor Resucitado, está llamado a ser para los demás un punto de referencia. Un creyente que se deja formar y conducir en la fe de la Iglesia debería ser, con todas sus debilidades y dificultades, una ventana para la luz del Dios Viviente. Contra las fuerzas que intentan sofocar la verdad, contra este muro de prejuicios que bloquea en nosotros la vista de Dios, el creyente está llamado a ser una fuerza antagonista. Una fe todavía en sus comienzos tendría que apoyarse sobre Él.
“Testigos del Testigo”
La percepción de la importancia fundamental del testimonio dado a la pertenencia a Cristo en la carne de su Iglesia con la sangre, explica por qué desde los primeros momentos de su historia, la Iglesia haya reconocido en el martirio la primera y original forma de santidad canonizada, y por qué mira a los mártires como a aquellos cristianos que continúan presentes en la vida de la Iglesia intercediendo por ella, animándola y dándole fuerza, y haciendo lo mismo por todo el mundo, como asociados a Cristo en su única y definitiva obra salvífica.
Esta tierra, donde la semilla de la fe sembrada hace casi 500 años, ha dado tantos frutos bajo la protección maternal de Nuestra Señora de Guadalupe. Esta misma tierra, recientemente regada con la sangre de tantos compatriotas, sin la menor duda producirá renovados y maravillosos frutos de santidad. El martirio de aquellos «testigos del Testigo» sin duda será factor fundamental en la Nueva Evangelización convocada por el Sucesor de Pedro, pero también es muy cierto que esa sangre derramada por amor a Cristo, a su Iglesia y a México, representa para nosotros, los católicos tapatíos –al igual que para todos los mexicanos– una enorme responsabilidad, y en la cual «no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio» es sólo el primer paso.

 

Agradecemos el envío de este texto, a nuestro amigo Abraham Hernández, de la ciudad de Monterrey Nuevo Leo, México

 


 

EL MARTIRIO

El martirio puede definirse como “sufrir o tolerar voluntariamente la muerte por la fe  de Cristo o por algún otro acto de virtud relacionado con Dios”. Encontramos cuatro elementos en esta definición.

Elemento personal

Esta constituido necesariamente por dos personas: el  cristiano que muere y el tirano que lo hace morir violentamente.
Decimos el cristiano no se trata de un simple hombre, sino de un hombre bautizado que ha recibido:  1) la Fe, 2) La Gracia. Solo así es capaz de confesar benignamente a Cristo.
“El tirano “ puede ser una persona física o moral, puede obrar directamente o poner solamente las causas necesarias que produzcan la muerte del cristiano, Sin embargo, para ser tirano deberá: 1) Obrar mediante un acto deliberado y 2) Provocar efectivamente la muerte física de su víctima.
No se tiene el martirio cuando falta la causalidad responsable de la muerte.

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Elemento material

Es la muerte real y física de la victima provocada violentamente por causas externas responsables. No basta que la muerte haya sido declarada y no ejecutada.

 

  • Elemento moral.

Lo constituye la voluntariedad de morir de parte de la victima. El martirio implica una determinación de la voluntad de la que depende el carácter moral de todo acto humano. Supone pleno conocimiento del que es martirizado y libertad interior de su espíritu. Sin este conocimiento la muerte sería un accidente, no una confesión de fe. Sin la libertad la muerte es una pena, no un acto meritorio.
En resumen, la causa del martirio en el perseguidor es el odio  a la fe o a la ley cristiana, en el mártir la fidelidad de su amor a Cristo y a su Iglesia.

CANONIZACIÓN  DE  LOS  BEATOS  MEXICANOS

El proceso canónico de beatificación y canonización de los 25 mártires mexicanos, se inicio en el año de 1933 y finalizó el 04 de febrero de 1992, al obtenerse la aprobación de la Congregación de Cardenales de la Santa Iglesia Romana.
Los 25 mártires de la persecución religiosa, que tuvo lugar en México  en lo s años de 1915 a la década de 1930, junto con el Padre  José María de Yermo y Parres y la madre María de Jesús Sacramentado Venegas, fueron proclamados santos. Confirmado por el Papa Juan Pablo II la santidad de estos mexicanos el 10 de marzo del 2000, en el consistorio público que tuvo lugar en el palacio apostólico del Vaticano.
Con la canonización,  el culto de los nuevos santos se extiende a todo el mundo. Este acto solemne implica el carisma de la infabilidad del Papa, algo que no sucede en el caso de la beatificación, con la que se concede solo el culto local.

 

SAN  JENARO  SÁNCHEZ   DELGADILLO  ( 1886 – 1927 )

 

Nació el 19 de septiembre de 1886 en Agualele, parroquia de Zapopan, Jalisco, en una familia de condición humilde y católicos observantes, que en el pueblo gozaban de estima por ser personas muy buenas. Desde pequeño trabajaba la fragua en el taller de artes y oficios, donde ganada algún dinero, con el fin de ayudar en el sostenimiento de su hogar. Terminada la escuela primaria, siempre becado, ingreso al seminario de Guadalajara. Recibió la ordenación sacerdotal el 20 de agosto de 1911.
Como sacerdote inició su ministerio en varias parroquias: Nochistlán Zacatecas, Zacoalco de Torres, San Marcos, Cocula, Tecolotlán y finalmente en la capellania de Tamazulita, todas ellas localizadas en su estado natal. En Cocula fue maestro del seminario menor en la parroquia de ese lugar.
Para alimentar su fe y su celo apostólico, realizada frecuentes visitas al Santísimo Sacramento y era devoto de la Santísima Virgen Maria, a la cual se encomendaba.
San Jenaro tenía la sana costumbre de prepararse devotamente para la celebración de la Eucaristía y al terminarla, daba gracias. La frase del evangelio “el celo por tu casa me consume” lo vivió día a día pues ejerció su ministerio con mucho celo apostólico y con buena organización. Le gustaba predicar y lo hacia con gran elocuencia que conmovía a sus feligreses. Era asiduo en el confesionario. Ejerció su ministerio con mucho celo apostólico. Fue devoto de las animas del purgatorio. Siempre fue dócil y obediente a sus párrocos
San Jenaro atendía especialmente a los enfermos, no importando lo lejos que se encontraran, no importando la hora ni las condiciones climáticas. Movido por su amor a Dios y a las almas que le encomendó, de buena gana se ponía en camino para auxiliarlos. A los familiares de los enfermos los alentaba y ayudaba. Preocupado por la formación católica de los niños, el mismo les enseñaba el catecismo.
En 1923 llegó a Tamazulita, acompañado de sus padres. En ese lugar ejerció su ministerio hasta su martirio en enero de 1927. Ante la persecución que había desatado Calles, especialmente contra los sacerdotes, San Jenaro lloró cuando se le dio la orden de cerrar los templos, sintió una tristeza profunda ante la imposibilidad de desempeñar convenientemente su ministerio.
Ya antes de llegar a Tamazulita había sentido el primer zarpazo de la persecución cuando fue llevado a prisión y procesado por leer, en el templo parroquial de Zacoalco, Jalisco, la carta pastoral de su obispo el Excmo. Sr. Don Francisco Orozco y Jiménez. Esta carta era una dolorosa y valiente protesta del prelado por los artículos persecutorios que contra la iglesia  y sus ministros contenía la Constitución de 1917. San Jenaro aunque estaba triste y molesto por las ordenes persecutorias, nunca incitó a la gente a tomar las armas contra el gobierno.    
Cuando se suspendió el culto público ejerció su ministerio sacerdotal a escondidas, en casas particulares y en las afueras del poblado. Guardaba el Santísimo Sacramento en una casa y él estaba cuidándolo de cerca. Estaba consciente del peligro que corría de morir, pero por atender espiritualmente a sus feligreses, no se decidió a abandonarlos. En varias ocasiones comento con alguno de ellos. “En esta persecución van a morir muchos sacerdotes y tal vez yo sea uno de los primeros”. Y así fue.
El 17 de enero de 1927 San Jerónimo andaba en el campo con un grupo de vecinos, vivía entonces en el rancho “ La Cañada”, en la casa de la familia Castillo, por la tarde, al regresar al rancho, el santo y sus acompañantes se dieron cuenta que los soldados andaban buscándolos. Los compañeros insistían al santo que  escapara, y pudo haberlo hecho, pero no trato de huir. Les dijo “vamos bajando todos, sino me conocen, ya me salve, si me conocen me ahorcaran sin remedio, pero a ustedes nada les pasara, fuera del susto. Yo tengo esa confianza en Dios.” Al llegar al rancho todos fueron tomados presos. Los ataron espalda con espalda. El capitán federal Arnulfo Díaz mando soltar a todos, menos al sacerdote.
San Jenaro fue llevado a las orillas de Tecolotitlán, a un cerrito que se llama La Loma o Cruz Verde, donde había un mezquite. A unos diez metros estaba una casita, donde vivía la señora Jovita García, quien pudo darse cuenta de los hechos ya que se asomo por los hoyos de las paredes al oír mucho alboroto y malas palabras. Vio a muchos soldados que rodeaban al sacerdote y le ponían una soga al cuello y oyó que él dijo “ Bueno paisanos, me van a colgar, yo les perdono y que mi Padre Dios también los perdone, y siempre que viva Cristo Rey” Los soldados jalaron con violencia la soga de manera que la cabeza del santo pego en la rama del mezquite. Ahí lo dejaron colgado y se fueron, regreso un soldado a la casa de Jovita y le dijo a un hombre ahí hospedado que  había sido perseguidor de Carranza (un jefe revolucionario anticlerical) “te encargamos a ese amigo que esta allá colgado, si alguien lo baja, a ti te pasara lo mismo”. La niña de Victoria Santos que había estado dormida, se despertó y vio el cuerpo ahorcado, colgado de la rama del mezquite y oyó que daba ronquidos antes de morir, pues no le habian puesto bien la soga al cuello. No salieron a darle auxilio por miedo a las amenazas que les hizo el soldado.
Así permaneció el cuerpo hasta la madrugada, y antes de que amaneciera volvieron los soldados, le dieron un balazo en el hombro izquierdo, lo bajaron y ya estando en el suelo el cadáver, un soldado le dio un bayonetazo que casi lo traspasó. El cuerpo del sacerdote quedó ahí tirado casi toda la mañana hasta que la maestra Angelita Fernández Lepe reconoció el cadáver. Dieron aviso a la madre del sacerdote, doña Julia llego y abrazo a su hijo muerto. Los habitantes del lugar consiguieron el permiso del jefe militar por medio del presidente municipal, Armando Lepe, para llevarse el cadáver a Tecolotlán a la casa de la maestra Angelita donde se velo al sacerdote. La noticia causó gran dolor en todos los feligreses que acudieron a velarlo, y durante muchos días continuaron rezando. El mismo 18, después de velarlo tan solo unas horas, lo sepultaron como a las cuatro de la tarde en el panteón municipal de Tecolotlán. En el lugar del martirio, los fieles erigieron un monumento para recordar el sacrificio de San Jenaro. Este monumento aun perdura.
En 1934, contando con la autorización de la curia de Guadalajara, con solemnidad pero con cautela por la situación política que aun prevalecía, los restos fueron trasladados de Tecolotlán a la iglesia parroquial de Cocula, Jalisco, y fueron reinhumados en el presbiterio.
Pidamos a Dios que nos envíe sacerdotes celosos por sus almas, que no tengan miedo de entregarse a su ministerio, aun a costa de sus comodidades, a ejemplo de  San Jenaro, que pudiendo escapar de la muerte segura no lo quisieron hacer, para atender espiritualmente a sus feligreses. 

 

SAN  DAVID  GALVÁN  BERMÚDEZ    ( 1881 – 1915 )

 

San David nació el 29 de enero de 1881 en Guadalajara. Cuando la tenia tres años falleció su mamá y quedo bajo el cuidado de su papá, hermanos y de su madrastra Victoriana Medina. En su niñez sirvió en el grupo de infantes en la Catedral de Guadalajara y le gustaba mucho la religión, era inclinada a la piedad.
Tuvo deseos de entrar al seminario por lo que lo manifestó a su papá, quien aceptó llevarlo a matricular en octubre de 1895, a la edad de 14 años. Allí cursó, como alumno aplicado y  con muy buenas calificaciones, los cinco años de latín y humanidades. Terminados dichos cursos se salió del seminario para trabajar.
Tres años vivió en el mundo llevando una conducta algo disipada y con extravíos. Trabajó en un taller de zapatería y como profesor de escuela primaria. Fue puesto en prisión por haber golpeado a su novia, a quien encontró bailando con un francés.
Se embriagaba con frecuencia. Pasada esta experiencia, el joven San David siente de nuevo el llamado de Dios, hay confusión en el camino a elegir. Recurre a una vida intensa de piedad, vida de oración, asistía con fervor a los actos del culto. Visitada con frecuencia al Santísimo y a la virgen de Zapopan, a quien invocaba diciéndole: “ Madre mía, dame acierto para conocer mi vocación”.
Fue sometido durante un año a grandes pruebas, antes de ser admitido en el seminario.Ya de seminarista observo muy buena conducta como alumno ejemplar, piadoso y aplicado, con excelentes calificaciones, ocupando casi siempre el primer lugar en las clases.
El 07 de noviembre de 1903, el Arzobispo José de Jesús Ortiz le confirió la primera Tonsura Clerical y el día 23 de diciembre de 1905 las Ordenes Menores. Los superiores viendo sus cualidades académicas, lo nombraron maestro del segundo curso de Latinidad en el seminario, en este curso y en los seis años que se desempeño como profesor del seminario, tuvo  buen éxito en sus clases y en el aprovechamiento de sus alumnos.
Llego el tiempo para ordenarse. En el año de 1909 en el templo de la Soledad, San David fue ordenado diácono y el 20 de mayo Fiesta  de la Ascensión, recibió la Ordenación Sacerdotal. El joven sacerdote, como director de la revista del seminario publico de diciembre de 1910 a marzo de 1912 diecisiete números.
También de 1909 a 1914 fue Capellán del Orfanato rió de La Luz y del hospital de San José, donde pudo destacarse por la caridad y sus finas atenciones a los enfermos, a las niñas huérfanas y a las hermanas religiosas que atendían dicha obras.
El fervor fue una de sus características. Se preparaba con una hora de oración, y después daba gracias. Pasaba largos ratos en oración frente al Santísimo todos los días, por la mañana y por la noche. Dio ejemplo de muchas virtudes como la humildad, la sencillez, la obediencia a sus superiores, el espíritu de servicio. Siempre profesó gran devoción a la Santísima Virgen María y la honraba diariamente con el rezo del Santo Rosario e inculcaba esta devoción a los niños.
Para evitar las ocasiones de pecado y tener pureza en todos sus actos se esforzó continuamente en mortificar sus sentidos. No le gustaban los chistes obscenos.
Procuro siempre ayudar a los necesitados procurando instrucción a los ignorantes, medicinas a los enfermos y auxilios espirituales a los moribundos, no importando las barreras naturales como la lluvia, el frío, el sol, las barrancas o los mas graves peligros. Su alimentación, era sumamente sencilla, al igual que su manera de vestir. Socorría a los pobres, seguido  regalaba ropa y zapatos a las niñas del horfanatorio de la Luz, sostenía a una huérfana en un internado y a una pobre enferma tuberculosa le daba todo lo necesario. Trabajo en la formación de un sindicato de zapateros para auxiliarlos en su ignorancia y pobreza. Los trataba como a hermanos y compañeros.
En 1914, en plena revolución mexicana, entró a Guadalajara él ejercito de Venustiano Carranza, famoso por su anticlericalismo. Los atropello comenzaron....Conventos, templos y seminarios fueron objeto de agresión y los seminaristas fueron dispersados. San David fue enviado a Amatitlán, Jalisco, quedando como vicario en ese lugar los últimos meses de 1914.
Alguien delato falsamente a san David, argumentando que estaba armando a un grupo anticarrancista. Dos escoltas militares fueron a aprehenderlo. Al detenerlo, pidió a los soldados permiso de consumir el Sagrado Depósito del Sagrario y se lo concedieron. Los soldados se lo llevaron preso a Tequila, Jalisco y permitieron al señor Juan González Mercado acompañarlos. Varias veces tuvieron oportunidad de estoy ligado a nadie, solo temo que nos maten por usted, por su familia, ya que nomás viene acompañándome.
Estuvo preso también en Ameca, Jalisco y después en Guadalajara en la prisión de Escobedo. En el mes de diciembre lo dejaron en libertad  y los superiores de la curia Diocesana  tuvieron el proyecto de destinarlo a El Salvador y Atenamica, Jalisco. Él estuvo dispuesto a irse, pero nunca entregaron el nombramiento.
El 18 de enero de 1915, doce días antes de su muerte, se paso mas de seis horas auxiliando heridos en la línea de fuego en un terrible combate que sostuvieron villistas y carrancistas en Las Juncas,  Jalisco.
En la madrugada del sábado 30 de enero los soldados villistas atacaron a los carrancistas que tenía dominada la Ciudad de Guadalajara, muchos cayeron mortalmente heridos. San David se levantó para ir a auxiliar  a los heridos, aunque le decían que no saliera porque lo matarían, el Santo contesto: “ Que mayor Gloria que morir salvando un alma a quien acabo de absolver” Salió a invitar a otro sacerdote  a confesar heridos, pero este sacerdote no quiso acompañarlos por tanto peligro y le dijo que no lo obligara a ir porque no era párroco ni ministro, a lo cual San David le contesto. “ No por obligación, sino por caridad”.
Fue al templo de la Soledad, cercano a la Catedral, e invito al padre José María Araiza a auxiliar a los que iban a fusilar, no había peligro aparente, ya que tenia permiso del general. Enseguida caminaron los dos hacia el Jardín Botánico y al pasar frente al cuartel, les preguntaron los soldados que si eran frailes y ellos contestaron que sí eran sacerdotes, por lo cual los soldados los detuvieron.
El teniente coronel Enrique Vera, que había sido compañero de San David en la escuela lo aborrecía porque antes le había impedido seducir y raptar a una joven, diciéndole a ella que él era casado y no le convenía para esposo, y ese día ordeno que encerraran a los sacerdotes  en un cuarto del cuartel, por odio a la fe y para vengarse. Estando presos como dos horas, los sacerdotes hicieron su confesión sacramental y se dieron mutuamente la absolución. El padre Araiza  se lamentaba de no haber desayunado, San David le contesto: “ No importa, nos vamos a comer con Dios”.
Con la autorización del general Manuel M. Dieguez , gobernador del Estado, Enrique Vera ordeno al pelotón de soldados que llevaran a los sacerdotes a la pared oriente del Hospital Civil y que allí los fusilaran. Eran las doce del día 30 de enero de 1915, San David entregó a los soldados monedas y otros objetos personales y la ampolleta de los Santos Oleos. Les dijo a sus verdugos, señalándose el pecho: “Peguen aquí”. No permitió que le vendaran los ojos. Los soldados dispararon y el santo cayo fusilado derramando su sangre, victima del odio a la religión católica y del deseo de venganza.
Familiares y amigos pidieron a las autoridades civiles y militares la libertad para los dos sacerdotes, pero cundo llegaron con la orden de indulto ya habían fusilado a San David, y solo pudo aprovechar el indulto el padre Araiza.
“ EL CELO POR TU CASA ME DEVORA” San David muere por su celo apostólico de confesar moribundos y por la venganza personal de un militar. ¡Señor, te damos gracias por enviarnos sacerdotes que por sus consejos nos guían hacia la salvación, aun a costa de su vida y te pedimos que tengamos el corazón abierto para escuchar y poner en practica sus recomendaciones!
Aprendamos de San David a hacer obras de misericordia “NO POR OBLIGACIÓN, SINO POR CARIDAD”, como decía él.

SAN JESÚS MENDEZ MONTOYA
( 1880 – 1928 )      

 

San Jesús nació en Tarìmbaro, Michoacán, el 10 de junio de 1880. Fue bautizado dos días después y el 12 de septiembre de 1881 recibió la confirmación. Su niñez transcurrió en un ambiente pueblerino. Curso la educación primaria en escuela publica.
Sintió el llamado de Dios a los catorce años y se fue al seminario de Michoacán. Recibió el apoyo no solo de su familia que era muy pobre, sino también de algunos vecinos del pueblo  ¡ Qué hermoso que la comunidad se haya unido para sostener económicamente una vocación! ¡Que Dios suscite en los corazones de la comunidad catolica el deseo de apoyar a las vocaciones sacerdotales y religiosas!.Cuanto bien se puede hacer apoyando una vocación. Sino hubiera sido por el apoyo que recibió San Jesús, quizá nunca hubiera sido sacerdote.
El 6 de abril de 1902 recibió la primera tonsura y las ordenes menores, el 30 de agosto de 1903 el subdiaconado, el 23 de julio de 1905 el diaconado y finalmente, la ordenación sacerdotal el 3 de junio de 1906.Cantó su primera misa en su pueblo natal el 22 de junio de 1906 y tuvo la oportunidad de hacer algunos bautismos. Seguro fue un gran acontecimiento para esa comunidad rural, ese joven que a los catorce años dejo familia y porvenir para abrazar el sacerdocio regresaba ya convertido en ministro del Señor a agradecer el apoyo que de tantos recibió.
Ejerció su sacerdocio en la Parroquia de Huetamo, de 1906 a 1907 pero, debido a un colapso nervioso, lo cambiaron a la Parroquia de Pedernales de abril de 1907 a febrero de 1913, mes en que se enfermo nuevamente por lo que el Sr. Arzobispo lo cambio a Valtierrita.
Se distinguió por su devoción a la Santísima Virgen Maria a la que veneraba y honraba de manera especial en las fiestas marianas. Celebraba devotamente el Santo Sacrificio de la Misa, atendía con especial cuidado a los pobres y a los enfermos. Fundo varias asociaciones parroquiales: catecismo, apostolado de la oración, vela perpetua, hijas de Maria, obreros Guadalupanos. Atendió la escuela parroquial, promovió obras sociales y fundó una cooperativa de consumo.
En la persecución religiosa, ante la intransigencia jacobina oficial que obligó a los obispos mexicanos a suspender el culto y a los sacerdotes a esconderse y alejarse de sus parroquias, San Jesús ejerció su ministerio, oculto, celebraba la misa muy tempranito y confesaba. En la noche bautizaba y durante el día atendía a los enfermos.
En algunas zonas de México el pueblo católico decidió levantarse en armas, iniciando así la guerra cristera. Valtierrilla no fue la excepción y algunos feligreses decidieron unirse a los cristeros fijando como fecha para el levantamiento el 5 de febrero de 1928, pero fueron delatados y el ejercito llegó para sofocar el levantamiento. San Jesús nada tuvo que ver con ese levantamiento ya que jamás empuño armas.
A las cinco de la mañana del 5 de febrero de 1928, San Jesús, estaba terminando de celebrar misa, cuando se escucharon los disparos que la tropa hacia. Entonces tomo el copón con las hostias consagradas y los escondió bajo su tilma, buscando una mayor seguridad para el Santísimo, se brinco la ventana de la notaria que daba a la torre del templo. Unos soldados que estaban en el campanario lo vieron y lo tomaron por cristero. Al registrarlo encontraron el copón con las hostias y le preguntaron si era cura, a lo que respondió “sí soy cura “ Esto basto para que lo aprehendieran. Él les dijo, “a ustedes no les sirven las hostias consagradas, dénmelas” Pidió  a los soldados un momento para recogerse en oración, se puso de rodillas y comulgó. Dijeron después los soldados: “ Denle esa joya a las viejas”, refiriéndose a la hermana del sacerdote y a la sirvienta que trataban de defender al Sr. Cura. Les entrego el copon diciéndoles “Cuídenlo y déjenme, es la voluntad de Dios” ¡Qué serenidad le dio el aceptar la cruz, el aceptar ese hecho como voluntad de Dios!
Lo llevaron a media cuadra de la plaza, lo sentaron en un tronco que había ahí, en medio de dos soldados. El capitán Muñiz intento dispararle pero la pistola no funcionó. Ordeno a los soldados que le dispararan con sus rifles (eran seis u ocho soldados) Tres veces lo hizo cada soldado con su rifle, pero ningún disparo hizo blanco, es probable que no hayan querido matarlo. El oficial ordenó al prisionero que se pusiera de pie, le quito un crucifijo y unas medallas que traía, lo coloco junto a unos magueyes y le disparo. San Jesús cayo al suelo, muerto. Eran aproximadamente las siete de la mañana.
A las tres de la tarde se llevaron el cuerpo en una camioneta al pueblo de Cortázar. En ese lugar los soldados lo pusieron junto a la vía del tren, con el objeto de que fuera despedazado cuando pasara. Hicieron desfilar ante el cuerpo a todas las gentes de Valtierrilla que se habían llevado en calidad de detenidos. Las mujeres de los oficiales quitaron el cuerpo de ahí y se lo llevaron a un portalillo. Los oficiales hicieron una fosa en el portal, pero las soldaderas ( esposas de los soldados) se opusieron a que lo enterraran así. Llegó el Sr. Elías Torres quien reclamó el cuerpo y se lo dieron, un carpintero de Sarabia hizo el féretro y posteriormente el cuerpo fue enterrado por el propio Elías Torres. Cinco años después fueron trasladados sus restos a Valtierrilla.
San Jesús fue sacrificado por odio a la fe. El sabia de los riesgos de su ministerio y sin embargo nunca abandono a sus feligreses, viendo en ellas una oportunidad para santificarnos más.

 

SAN  MATEO  CORREA   MAGALLANES
( 1886 – 1927 )

San Mateo nació en el pueblo de Tepechitlan, Zacatecas, el 22 de julio de 1866, dentro del seno de una familia pobre. Recibió su educación primaria en Jerez, Zacatecas y en la ciudad de Guadalajara, en donde vivió en los años de 1879 a 1881.
Fue admitido gratuitamente en el seminario de Zacatecas y allí curso todos sus estudios becado por buena conducta y aplicación. El 20 de agosto de 1893 fue ordenado sacerdote y en la parroquia de Fresnillo, Zacatecas, oficio su primera misa.
Durante los treinta y cuatro años de su vida sacerdotal recorrió muchos lugares en la diócesis, porque siempre estaba dispuesto a trabajar donde le señalara su obispo, ¡Admirable ejemplo de obediencia!. Se gano el apodo del “correlon” porque en verdad recorrió la diócesis de Zacatecas y también en Mezquitic, Jalisco.
Como párroco ejerció su ministerio en Concepción del Oro, Zacatecas, donde administro la  primera comunión al beato Miguel Agustín Pro y bautizó a su hermano Humberto. También atendió a los fieles en Colotlan Jalisco en la Noria de los Ángeles. Volvio a Colotlan Jalisco donde estuvo tres años y en febrero de 1926 fue destinado a Valparaíso, Zacatecas, donde estuvo el ultimo año de su vida y tuvo que soportar la persecución encarnizada y constante de los militares dirigidos por el general Eulogio Ortiz que se distinguió por cruel, sanguinario y por su odio encarnizado a los sacerdotes.
San Mateo se distinguió como un sacerdote cumplido, piadoso y de gran caridad. Enseño el catecismo a chicos y grandes. Predico siempre algo que después a la hora de la muerte practicó: el perdón a los enemigos. En el trato con sus feligreses era amable, modesto y cariñoso.
El 2 de marzo de 1926 llegó a Valparaíso el general Ortiz y supo que en ese lugar los jóvenes de la Acción Católica daban a conocer el manifiesto del comité central  que expresaba el sentir de los católicos ante las leyes antirreligiosas de la Constitución y juntaban firmas para pedir al congreso de la unión derogaran dichas leyes. De inmediato metió a los jóvenes a la cárcel y lleno de ira mando traer a los sacerdotes del lugar a su presencia; el padre Rodolfo Arroyo y el párroco recién llegado San Mateo Correa. A la pregunta de Ortiz ¿ cual es su labor aquí?, le contesto San Mateo labor de paz. El general le mostró el manifiesto y la lista de  firmas y les dijo ¿esta es la labor de paz? El padre Arroyo dijo que no sabia nada del manifiesto, porque acababa de llegar. Entonces les dijo que se los llevaría presos a Zacatecas por sediciosos. Les pregunto si tenían en que ir a lo que contestaron que no. Enojado el general les dijo “Pues iran a pie “, la respuesta de San Mateo fue “ como usted guste mi general “.
Al ver que el pueblo tenia los ánimos exaltados, no obstante que los dos sacerdotes trataban de calmarlos, el general Ortiz y los quince soldados se retiraron el día 03 de marzo, pero antes dejo la orden al presidente municipal de que remitiera a Zacatecas a los dos sacerdotes y a los jóvenes de Acción Católica.
Se envió una comisión de damas del pueblo a hablar con el general Ortiz, con el gobernador interino y con el obispo Ignacio Plascencia y Moreira, el general les  trató bastante mal. El gobernador interino nada pudo hacer y el obispo aconsejó que se presentaran los muchachos con San Mateo. Regresaron las damas. San Mateo y los tres muchachos de la ACJM  fueron a Zacatecas. Primero fueron con el gobernador, quien les dijo que no había delito que perseguir pero que el general Ortiz se había propuesto molestarles. Les propuso que se escondieran unos días pues había el rumor que el militar se iría a Durango.
Se fueron y se hospedaron en el hospital de San José, donde San José tenia una hermana religiosa. Al día siguiente el gobernador les ordeno que se presentaran con el general Ortiz, eso hicieron y el general les pregunto que porque no habían venido, por falta de dinero respondió San Mateo. “Pobre clero mexicano, tan pobre que esta” dijo el militar con ironía. El general ordeno que fueran consignados al Agente del ministerio publico bajo el cargo de sedición.
Del 10 al 13 de marzo estuvieron encerrados en un cuarto inmundo, y el 13 fueron llevados a la cárcel de Santo Domingo donde estuvieron tres días más. En ese lugar se les permitió que tuvieran visitas y todo lo necesario. El día 13 el juez de distrito ordenó la libertad de los detenidos por no haber delito que perseguir, esto hizo enojar mucho al general Ortiz quien se sintió burlado.
San Mateo y sus compañeros regresaron a Valparaíso donde fueron recibidos con gran alegría y cariño, fueron al templo a rezar el Santo Rosario y al terminar San Mateo predico sobre el amor a los enemigos. Los miembros de la ACJM pidieron que se les diera la bendición con el Santísimo. San Mateo se entregó con renovados ánimos a su ministerio, con su predicación hizo que muchos enemigos de la iglesia s e retractaran de sus errores y se convirtieran. Se intensifico la fundación de grupos de la ACJM.
Muchos acejotaemeros de Valparaíso fueron apresados y llevados a la Cd. De México, pero no habiendo delito que perseguir se les puso en libertad, siendo este otro fracaso del general Ortiz, que era la autoridad militar de la zona. Poco a poco se incremento su odio contra San Mateo pues lo culpaba de las actividades de la ACJM.
No quiso abandonar su parroquia cuando podía, buscaba como esconderse de sus perseguidores en casas y ranchos. En los once meses que estuvo en Valparaíso fue encarcelado cuatro veces por ser sacerdote. El general Ortiz lo amenazo de muerte si volvía a la parroquia. San Mateo le comunico al Señor Obispo de Zacatecas, esa amenaza y con su aprobación volvió a Valparaíso y con prudentes cuidados, para atender a sus feligreses.
El Señor José María Miranda dueño de la hacienda San José de Yanetes, invitó al señor cura a pasar unos días en su casa a fines de diciembre de 1926 y desde allí atendía los servicios a los católicos. El 30 de enero de 1927 Eleuterio García del rancho Las Mangas, cercano a la hacienda de Sauceda, pidió al señor cura fuera a dar los auxilios espirituales a su madre enferma, San Mateo fue a atenderla acompañado del Sr. José Miranda.
En el camino se toparon con 80 federales y el agrarista (campesino beneficiado por el gobierno con la reforma agraria que repartió las haciendas a los campesinos)  Encarnación salas reconoció a san Mateo y lo denuncio. Le quitaron el manual de parrocos, la patena y los santos oleos. El mayor José Contreras les ordeno volverse a la hacienda de Yanetes, en ese lugar le entrego a Cuca, la hija del Sr. José Miranda, el relicario con el Santísimo para que lo llevara a la capilla de San José. Se fue a Fresnillo en un carro de Miranda, acompañado de su madre, de su hermana Lupe y dos soldados. A San Mateo y al señor José Miranda los encarcelaron en Fresnillo, a las demás personas las dejaron libres. En la cárcel tuvo oportunidad de recordar la pasión de Cristo ya que fue objeto de burla de los presos, las cuales como Cristo en el Calvario, soportó con paciencia.
Tuvo oportunidad de escribir una carta a sus hermanas para expresarles “ Tiempo es ya de padecer por Cristo Jesús que murió por nosotros”. El 8 de febrero, por ordenes de general Eulogio Ortiz, trasladaron por tren a los dos presos a Durango y los metieron en la cárcel. San Mateo aprovechó para rezar el Santo rosario con los detenidos y los alentaba a vivir con fe y esperanza cristiana.
El día 5 después de la cena, el general Ortiz ordeno que se presentara en su oficina San Mateo y le indico: “Primero va a confesar a esos bandidos rebeldes que ve ahí, y que van a ser fusilados enseguida, después ya veremos que hacemos con Usted”. El Santo cura atendió las confesiones de los sentenciados a morir y los preparo a bien morir. Acto seguido, el general Ortiz le dijo: “ Ahora va Usted a decirme lo que esos bandidos le dijeron en confesión”. San Mateo indignado respondió: “ Jamás lo haré”  ¿ Cómo que jamás?  Replico el ya iracundo general y le grito: ¡voy a mandar que lo fusilen inmediatamente! “Puedo hacerlo, dijo el Sr. Cura pero ¿ no sabe usted, general que un sacerdote debe guardar el secreto de confesión? Estoy dispuesto a morir.
El 6 de febrero de madrugada los soldados lo llevaron a un lugar solitario cercano al panteón oriente de Durango y a balazos le quitaron la vida. Entre la hierba silvestre quedo oculto el cadáver y tres días después fue encontrado por José Maria Martínez, que volvía del trabajo y aviso enseguida a las autoridades civiles. Las autoridades del estado le dijeron que fuera a dar parte a la jefatura militar, y el buen hombre tuvo que presentarse a Ortiz para hacerle saber del cadáver insepulto.
El general Ortiz groseramente dijo a aquel hombre; ¿ y que quiere que yo haga ¿ lárguese y cómaselo “ a lo que el Sr. Martínez dijo: “general yo solo cumplí una orden al venir con usted?” Varios vecinos que acudieron al sitio para enterrarlo encontraron que, los soldados ya lo habían enterrado. Siguieron el rastro dejado y hallaron entre las piedras cabellos ensangrentados y el sombrero del sacerdote.
Actualmente los venerables restos de San Mateo están depositados en la capilla de San Jorge   Mártir de la catedral de Durango.

SAN   PEDRO  DE   JESÚS   MALDONADO
( 1892 – 1937 )

Nació en Sacramento, Chihuahua, el 8 de junio de 1892. Fue bautizado en la parroquia del Sagrario del mismo mes. A los nueve años ingreso en la escuela particular de que dirigían los P.P. Paules. Tenia 17 años cuando sintió el llamado de Dios. Siguiendo el consejo de los maestros, ingreso al seminario de Chihuahua. La pobreza vivida en el seminario y la deficiente alimentación fueron las causas de que se desarrollara débil y enfermizo.
La persecución religiosa que se desato en algunas regiones del país hizo que se cerrara el seminario. Logra ordenarse el 25 de enero de 1918 en la catedral de San Patricio en el paso Texas. Celebro su primera misa en la Parroquia de la Sagrada Familia en Chihuahua, el 11 de febrero, en la festividad de la virgen de Lourdes.
Se dedico con alegría a la catequesis de los niños. Con su espíritu artístico busco a travez de representaciones teatrales, cantos y festividades atraer a todos para Cristo. Reorganizo las asociaciones piadosas que había y fundo nuevos apostolados. La adoración nocturna y la adoración perpetua, fomento el amor a la virgen en sus diversas advocaciones.
En 1931 siendo gobernador de Chihuahua el General Quevedo que quería quedar bien con el presidente de la Republica Mexicana Cuahutemoc Cárdenas, se cerraron los templos, se desterró a sacerdotes, se cerraron escuelas, se obligo a los maestros a dar enseñanza socialista en las escuelas y a firmar declaraciones en contra de la educación religiosa.
De 1929 a 1937 San Pedro de Jesús busco cimentar la fe de sus feligreses, fomentó el amor a Dios, a la Virgen, al Papa y sus prelados así como la devoción al Santísimo Sacramento.
En 1934 el sacerdote fue hecho prisionero, maltratado y desterrado al paso Texas, donde se distinguió por edificar a sus hermanos en el sacerdocio y por su vida de oración, entereza y valor.
Recordando a sus feligreses que estaban sin pastor, decidió regresar a Chihuahua, en todas partes celebraba la Santa Misa, administraba los sacramentos, daba instrucción religiosa y orientaba espiritualmente a sus fieles, esto en una casa convertida en oratorio.
En la Semana Santa de 1936 el Viernes Santo después del sermón del pésame, fue a confesar a unos enfermos y de regreso fueron descubiertos.
Fue especialmente devoto de Santa Teresita del Niño Jesús, combatió la masonería, la educación sexual equivocada, la educación socialista, la embriaguez y demás vicios.
El 10 de febrero de 1937, miércoles de ceniza, se dedico a confesar e imponer ceniza. A las tres de la tarde se presento una gavilla de hombres embriagados y armados que iban a aprehender al sacerdote. Él quería hablarles, pero los habitantes del lugar se lo impidieron y le ayudaron a esconderse en un cuarto de la huerta, los hombres armados lo siguieron y amenazaron con prender fuego al cuarto si no salía. San Pedro de Jesús dijo que lo esperaran a que le llevaran su sombrero ( en realidad quería que le entregaran a los fieles de Boquilla del Río el relicario con las Sagradas Formas.) Le  llevaron el sombrero y el relicario y se puso a los ordenes de aquella chusma.
Ordenaron  a San Pedro de Jesús caminar descalzo, al frente de los caballos. Algunos feligreses le acompañaron rezando el rosario que el santo dirigía. Su calvario había comenzado. Camino así tres kilómetros, al entrar al pueblo le golpearon terriblemente en la presidencia municipal, donde inconsciente y bañado en sangre apretaba el relicario contra su pecho.
El obispo al saber lo sucedido envió a dos sacerdotes para que se enteraran del estado de San Pedro de Jesús y vieran que podían hacer. El padre Sixto lo vio agónico y le administraron la unción de los enfermos.
En la madrugada del 11 de febrero expiró, justo en el XIX aniversario de su cantamisa. Poco antes de morir San Pedro de Jesús el padre Espino separo de su mano derecha, que tenia aferrada sobre su pecho, el relicario vacío, había consumido las hostias consagradas, durante su estancia en la presidencia municipal.
San Pedro de Jesús fue muerto porque se oponía a las practicas de caciques y funcionarios que atacaban la fe católica.
Pidamos a Dios que por intersección de San Pedro de Jesús Maldonado, los funcionarios que ocupen cargos públicos sean dignos, de honradez calificada y que busquen servir a la sociedad,
Veamos que Dios es un amigo que nunca falla, el mayor consuelo que tuvo fue que el Santísimo Sacramento estuvo presente en las hostias del relicario, en esos momentos tan difíciles de su martirio. Recordemos que Dios está presente y nos acompaña en nuestras dificultades,
“Venid a mi todos los que estén tristes y agobiados que Yo os aliviare”... que veamos en la <eucaristía, en los momentos más difíciles de nuestra vida al igual que tú, el consuelo, la compañía y la fortaleza que Dios brinda.
  

 

SAN TORIBIO ROMO GONZALEZ
(1900 – 1928)
Nació en el rancho Santa Ana de Guadalupe, Jalisco en la parroquia de Jalostotitlan el 16 de abril de 1900 en el seno de una familia católica practicante así como en un pueblo sumamente religioso.
A  los trece años ingreso al seminario de San Juan de los Lagos, militante arduo también de Acción Católica  donde en ambos lugares fue muy apreciado por sus virtudes.
Recibió el subdiaconado en Guadalajara el 7 de agosto de 1921 y expreso su compromiso sacerdotal al Divino Corazón de Jesús, a la Virgen de Guadalupe y a San José: “ A ti, Corazón Divino de Jesús, a ti, Azucena del Tepeyac, mi adorada Madre y mi única soberana, a ti, Castísimo San José, consagro de hoy y para siempre el voto de mi perpetua castidad. Emitido hoy  a las siete de la mañana a los pies de mi Prelado, Sr. Arzobispo Orozco y Jiménez. Ayudadme y llevadme de la  mano por ese camino”.
Recibió el diaconado el 3 de septiembre de 1922 y el 23 de diciembre del mismo año fue ordenado sacerdote por su prelado, San Toribio no cabía en sí de gusto y le escribió una carta a un sacerdote amigo suyo diciéndole: “ ¡ AY, HERMANO, ESO ES PARA HACER, NO LATIR- ME PARECE LA EXPRESIÓN ESCASA DE FUEGO- SINO BRINCAR, EXPLOTAR AL CORAZON DEL SACERDOTE MÁS FRIO. YO CREO QUE SI DIOS ME DIERA VIDA UN POCO LARGA, CUANDO LOS AÑOS DE MINISTERIO ME CANSARAN, NO TENDRÍA MEJOR REMEDIO NI ESPUELA MAS AGUDA PARA SEGUIR TRABAJANDO QUE RECORDAR EL DIA DE MI ORDENACIÓN Y DEL CANTA MISA. LLEGAR A LA META, SUBUR AL ALTAR, TOMAR EL PAN POR VEZ PRIMERA Y DECIR: ESTO ES MI CUERPO”.
En Sayula se dedico con energía al catecismo, fundo varios centros de catequistas y organizo una primera comunión colectiva que fue memorable. El catecismo para los niños y la formación para los obreros fueron dos apostolados que le ocuparon mucho de su tiempo y a los que dedicaba toda su energía.
En plena persecución religiosa vivió como nómada obligándolo a paralizar todas sus iniciativas. El reino de los cielos es para los que se hacen violencia, santa violencia que nos hace luchar contra las dificultades, miedos, temores y defectos, en nombre de Dios para hacer su divina voluntad y dar testimonio ante nuestros hermanos.
En Cuquìo la población reaccionó a la persecución religiosa y los que anochecían cristianos, amanecían cristeros. San Toribio escribió en su diario lo que vivió; Pido a Dios verdadero mande que cambie este tiempo de persecución. Mira que ni la Santa Misa podemos celebrar tus pobres Cristos... Sin embargo, que dulce es ser perseguido por la justicia. Tormenta de duras persecuciones a dejado Dios venir sobre mi alma pecadora. Bendito sea Él. A la fecha 24 de junio diez veces he tenido que huir escondiéndome  de los perseguidores, unas salidas han durado quince días, otras ocho,,, unas me han tenido sepultado hasta cuatro largos días en estrecha y hedionda cueva, otras me han hecho pasar en la cumbre de los montes a toda voluntad de la intemperie, a sol, agua y sereno. La tormenta que nos ha mojado ha tenido el gusto de ver otra que viene a no dejarnos secar, y así hasta pasar mojados los diez días. Que penas sufro porque siendo dispensador de los dones de Dios me veo atado, sin poder hacer nada, para después saber que unos mueren pidiendo ansiosos al padre ¡OH dolor! , Hemos querido no abandonar nuestro rebañito”.                                                                                                                                                                                                      
Su vida de piedad fue intensa y lo demostraba en la celebración eucarística, en sus visitas al Santísimo y en propagar la devoción eucarística por medio de la “Cruzada Eucarística”. Su amor por la eucaristía le hacia repetir continuamente la siguiente oración: “ Señor perdóname si soy atrevido, pero te ruego que me concedas este favor: no me dejes ni un día de mi vida sin decir la Misa, sin abrazarte en la comunión... dame mucha hambre de ti, una sed de recibirte que me atormente todo el día hasta que no haya bebido de esa agua que brota hasta la vida eterna, de roca bendita de tu costado herido”.  La devoción que le tuvo a la Santísima virgen le hizo adquirir madurez y superar muchas dificultades. Cumplía ejemplarmente todos los actos piadosos prescritos para los sacerdotes.
San Toribio tuvo que ejercer su ministerio escondido entre barrancas, ya que se suspendieron los cultos y las iglesias estaban ocupadas por el ejercito federal y los agraristas. Estableció como centro de actividades una antigua fabrica de Tequila, en un cuarto improviso un oratorio. Todos los días daba platicas de instrucción religiosa a los habitantes de la zona y catequesis a los niños. Cuando crecía el peligro, celebraba la misa y demás actos religiosos adentrándose en la barranca, entre los árboles. En esa barranca bautizo a centenares de niños, unió en matrimonio a muchísimas parejas y cuando era necesario, se trasladaba por la noche a la población de Tequila para auxiliar a los enfermos.
Para el 12 de diciembre (día de la virgen de Guadalupe, REYNA DE MÉXICO Y EMPERATRIZ DE CRISTIANOAMERICA)  de 1927 preparo a un grupo de 20 niños para su primera comunión, dialogo con los niños para que reiteraran su fe  y su amor a Jesucristo, y pidieran por la paz de la iglesia. Estaba tan emocionado que con las manos temblando de alegría y con lagrimas en los ojos le dijo a Jesús, “¿Aceptarías mi sangre Señor?”. Por un instante los sollozos le enmudecieron y cuando pudo pronunciar palabra repitió la frase, “¿ Y aceptarías mi sangre señor, que te ofrezco por la paz de la iglesia?” Pronto el Señor aceptaría el ofrecimiento.
Inicio la Cuaresma de 1928 con ayuno, y su propósito fue ayunar todos los dias. El jueves 23 de febrero, pidió a su hermano Román, que se fuera a Guadalajara a tratar unos asuntos de la Parroquia. Celebraron misa, al terminar santo Toribio sé confeso con su hermano, le pidió su bendición y le dio una carta con el encargo de que no la abriera hasta que estuviera en la ciudad. Se despidieron los hermanos con un fuerte abrazo y le pidió que no regresara hasta que “sepas algo” y arrodillándose de nuevo le dijo, “Padre Román, dame una bendición grande “.
El 25 de febrero de 1928, a las cinco de la mañana, una hora después que se acostó a dormir, la tropa llego calladamente, brincan las bardas y abrieron la habitación donde estaba Santo Toribio, y un soldado grito, este es el cura, ¡Mátenlo!, en ese momento despertó el cura y lo acribillaron en medio de insultos, su hermana corrió, lo tomo en sus brazos y con voz fuerte le dijo, “valor padre Toribio. !¡Jesús Misericordioso, recíbelo! ¡Viva Cristo Rey! Y con una ultima mirada Santo Toribio se despidió de su hermana.
Es admirable como este joven sacerdote se haya ofrecido como sacrificio para la paz de la iglesia. Hoy en día Dios no presenta ocasiones para el martirio de sangre al cristiano común, pero sí presenta oportunidades como la del Cirineo que le ayudo a cargar la cruz a Jesús, día a día vivimos ciertas contrariedades y dificultades, he aquí el momento de ofrecerlas por la salvación de las almas, en desagravio por los pecados propios y de la humanidad. Dios recibe estos sacrificios con mucho gusto.
Ojala que no pase ningún ofertorio en la Misa en que no tengamos un pequeño sacrificio que ofrecerle a Dios.
Dios misericordioso te pedimos que a ejemplo de San Toribio vivamos con entusiasmo el hacer apostolado, el aceptar la voluntad de nuestros superiores como voluntad de Dios, y el no tener nunca pendientes con la Iglesia, con Dios y con uno mismo.

 

SAN JULIO ALVAREZ MENDOZA
( 1866 – 1927 )

Nació en la ciudad de Guadalajara Jalisco el 20 de diciembre de 1866, al día siguiente fue bautizado. Fue ordenado diacono en 1890 y obtuvo el sacerdocio el 2 de diciembre de 1894. Con gran celo cuidaba del culto divino, celebrando con fervor, infundió a sus feligreses un gran amor a Jesús sacramentado y a la santísima virgen. Fue un hombre de oración, se le recuerda amable, bondadoso, comunicativo y sencillo. Puso sus talentos al servicio de la comunidad, les enseño el oficio de sastre y a hacer dulces, hacía ropa para loe pobres, él nos recuerda que la caridades un signo distintivo del cristiano.
Cuando él tenia que reprender las faltas de sus feligreses, lo hacia con firmeza pero siempre con la mejor manera  evitando herir y disculpándose al final.
La persecución religiosa comenzó en 1915 y fue legalizada en la constituciòn de 1917, cuya paulatina aplicación llevaría al desenlace  violento de la guerra cristera. El episcopado mexicano, en condiciones tan hostiles para la iglesia católica, decidió suspender el culto.
San Julio decidió quedarse oculto para atender a sus feligreses, bautizaba en los arroyos, cerros y celebraba las Misas donde se podía, porque el gobierno tenia tropas y era difícil practicar la vida religiosa.
San Julio acompañado de dos jóvenes fue a confesar, y fueron sorprendidos por los militares, una persona que venia con los militares se acerco al santo y le beso la mano, al momento al darse cuenta de su error, se justifico diciendo que era su padrino. En eso paso un señor a caballo y le preguntaron quien era el arrestado, el señor contesto que era el Señor Cura de Mechoacanejo, le preguntaron a San Julio y dijo que si era sacerdote, en ese momento empezó su calvario.
El 30 de marzo de 1927 a las 5: 15 de la mañana condujeron al padre donde seria ejecutado, y pregunto si lo iban a matar, esa es la orden que tengo contesto el militar. “ Bien, repuso el sacerdote, solo le suplico que me conceda tres palabras: voy a morir inocente, porque no he hecho ningún mal. Mi delito es ser ministro de Dios. Yo los perdono a Ustedes. Solo les ruego que no maten a los muchachos. En ese momento recibió la descarga asesina. Tiraron su cadáver en un basurero cercano al templo parroquial, fue velado en la casa del sacristán.

SAN  SEBAS  REYES  SALAZAR
1883 – 1927

San Sebas nació el 5 de diciembre de 1883 en Cocula Jalisco, en el seno de una familia de pobreza extrema, por lo que aun siendo niño la necesidad lo obligo a trabajar de voceador de periódicos en Guadalajara.
Fue ordenado sacerdote en la Navidad de 1911, fue a ejercer a la diócesis de Tamaulipas, pero en 1914 arreció la persecución religiosa y se traslado a la diócesis de Guadalajara. San Sebas se dedicó a la instrucción de niños y formación de jóvenes catequistas, fomento el canto en las celebraciones eucarísticas, enseño diversos oficios y artes para ayudar a los jóvenes a  enfrentar la vida honradamente con el trabajo de sus propias manos. Visitaba frecuentemente el Santísimo Sacramento.
Cuando se suspendió el culto en los templos de la republica mexicana el párroco de Tototlan dejo el pueblo y encargo a San Sebas la parroquia, el sacerdote tuvo que permanecer oculto debido a los frecuentes combates entre el ejercito y los cristeros, cuando los feligreses le sugerían que se fuera él contestaba “ Tengan fe, a mí me dejaron encargado y no esta bien irme... Dios sabrá.... Me ofrecen ayuda en todas partes pero aquí me dejaron y  aquí esperamos, a ver que dispone Dios”.
El 11 de abril, entró la tropa a Tototlan , San Sebas se refugio en casa de la Sra. Maria Ontiveros, hacia mucha oración y les decía,”es tiempo de tribulación y hay que pedir misericordia.”
Los soldados entraron a la casa, lo amarraron con una soga, atándole los brazos fuertemente a la espalda, todos los vecinos pedían que lo soltaran y que pagaban una multa.
Al caer la tarde los soldados jalaban la soga que amarraba el cuello de San Sebas fuertemente y lo hacían caer sobre el pavimento, levantándolo otra vez para que repitieran el ultraje. Lo torturaron para que dijera donde se encontraba el párroco.
Le quemaron los pies con gasolina, hicieron dos lumbradas con olotes, una frente a su cara y otra en sus pies, entre burlas y blasfemias le metían las manos y los pies al fuego  y le decían tu que dices que baja Dios a tus manos, que baje ahora a librarte de las mías. Durante la noche se oían hasta el atrio los lamentos que San Sebas daba en aquella pieza sin techo.
No se sabe con certeza todo el mar de penas y tormentos que en ese 13 de abril, Miércoles Santo de 1927, sufrió San Sebas.
A las nueve de la noche se oyeron cargas de pistola por el panteón, al poco rato un soldado llego a la casa de asistencia y dijo: “ Hombre, me pudo mucho matar a ese cura, ese murió injustamente. Le habíamos dado tres o cuatro balazos y todavía se levantaba y gritaba ¡VIVA CRISTO REY!
San Sebas pasó  el Jueves Santo ya en el cielo celebrando con Cristo el día del sacerdote.
San Sebas vivió en carne propia la pasión de Cristo.
Cristo puso el ejemplo y él lo siguió con entereza.

 

SAN  DAVID  URIBE   VELASCO
1888 - 1927

Muy cerca de la ciudad minera de Taxco, en el estado de Guerrero se encuentra una población llamada Buenavista, donde nació San David Uribe el 29 de diciembre de 1888. En su niñez se caracterizó por las virtudes de obediencia y alegría, aprendió de sus papas la doctrina cristiana, a leer y escribir, a rezar el rosario y otras devociones. De niño era común que jugara a ser sacerdote.
Cumplidos los catorce le dijo a su papá que quería ser sacerdote pero se opuso debido a que eran pobres y no podía darle estudios y se le hacia injusto que uno de sus hijos estudiara y los otros no, sus hermanos hablaron con su papá para que le permitiera ser sacerdote, pero su papa para asustarlo le dijo: Se acercan tiempos en los que los sacerdotes serán perseguidos, maltratados, ultrajados y a muchos mataran. Y San David contesto: “Eso no me da miedo, ojalá tuviera la dicha de dar mi vida por Jesús”.
Dios tomo en cuenta ese ofrecimiento para después, y ante su firmeza su papa lo llevo al seminario de Chilapa. Fue ordenado sacerdote el 2 de marzo de 1913 y fue enviado a Tabasco.
Por la grave persecución desatada en Tabasco en 1914 el Sr. Obispo y San David vivieron escondidos ya que el gobierno ofrecía fuertes recompensas a quien entregara un sacerdote vivo o muerto, después se embarcaron a Veracruz y pasando hambre llego a Buenavista de Cuellar, tanta penuria demacró a San David que ni su mamá lo reconocía.
Ahí estuvo de 1917 a 1922 sorteando muchos peligros, pues los zapatistas extorsionaban al pueblo llegando al extremo de pedir dinero al juez y pasturas y quince jovencitas para prostituirlas, el juez se negó y cuando lo iban a colgar el pueblo se levanto en armas, hubo muchos muertos y heridos que San David auxilio.
En 1922 partió a Teloloapan y después a México donde les escribió una carta a sus feligreses en la que les dijo: “ Si la situación se prolonga me iré, poco importa que mi sangre corra por las calles de la histórica ciudad de Iturbide ... me siento obligado a defender a mis ovejas del lobo feroz, deseo ardientemente ser compañero de San Felipe de Jesús, de Bartolomé Gutiérrez... si fui ungido con el Óleo Santo que me hizo ministro del Altísimo, ¿ Porque no ser ungido con mi sangre en defensa de las almas redimidas por la sangre de Cristo? Este es mi único deseo. 
Al llegar a Iguala lo detuvieron los federales, los feligreses hicieron gestiones para liberarlo  pero todo fue inútil.
El 11 de abril en la cárcel, San David se encontraba orando cuando le avisaron que ese día lo fusilarían. Tomo papel y escribió: Declaro ante Dios que soy inocente de los delitos de que me acusan. Estoy en las manos de Dios y de la Santísima Virgen Maria de Guadalupe. Decid a mis superiores esto y que pidan a Dios por mi alma. Me despido de mi familia, amigos y feligreses de Iguala y les mando mi bendición....Perdono a todos mis enemigos  y pido perdón a Dios y a quien yo haya ofendido”.
A las tres de la mañana, llego la escolta, lo sacaron de la celda, lo llevaron a la carretera, al llegar se arrodillo y pidió a Dios el perdón de sus pecados y la salvación de México y de su Iglesia. De pie tranquilo, con palabras amables les dijo a los soldados “ Hermanos, arrodíllense, les voy a dar la bendición, de corazón los perdono y les pido que pidan a Dios por mi alma. Yo en cambio, no los olvidare delante de Él”. Levanto en alto su mano derecha y trazo en el aire la señal de la cruz, acto seguido repartió a los presentes su reloj, su rosario, su crucifijo y otros pequeños objetos. Una bala perforó la cabeza, murió al instante cerca de la estación de San José Vidal, Morelos.

 

SAN  ROMAN  ADAME  ROSALES
1859 - 1927

El 27 de febrero de 1859 nació San Román Adame Rosales en Teocaltiche, Jalisco. Fue ordenado sacerdote el 30 de noviembre de 1890. Empezó su ministerio en Guadalajara como sacerdote penitenciario.
Fue un sacerdote piadoso dedicado a la oración personal y comunitaria de todos los días, muy devoto de la Santísima Virgen. Fue un sacerdote celoso de su deber que trabajo con entusiasmo y empeño en la formación cristiana de sus feligreses.
Cuando se desato la persecución religiosa, como consecuencia de las leyes anticatólicas San Romas se hospedo en una casa donde le dieron asilo cerca de su parroquia para seguir atendiendo a sus feligreses, fue delatado y las tropas lo arrestaron pero dijeron que tenían ordenes de matar a todos los sacerdotes, pero que si se juntaban 6,000  le perdonarían la vida, la población junto el dinero, pero el coronel Jesús Jaime Quiñónez, se quedo con el dinero y mando matar al sacerdote.
Lo llevaron al panteón, el jefe dio la orden “preparen armas”, todos obedecieron, menos, Antonio Carrillo Torres, quien se negó a obedecer, le quitaron el uniforme militar y lo colocaron frente al señor cura quien le hizo señas que obedeciera. En seguida dispararon contra ambos, matándolos.
“ Las palabras convencen pero el testimonio arrastra”.

 

SAN  AGUSTÍN  S.  CALOCA   CORTES
1898 – 1927

San Agustín nacio el 5 de mayo de 1898 en Zacatecas, a los cinco años le dio viruela dejándole secuela, los brazos encogidos y cortos.
A los catorce años ingreso al seminario pero la revolución carrancista cerro el seminario y disperso a los alumnos.
Practicaba los deportes , era alegre y sociable con todos sus compañeros. El 5 de agosto de 1923 fue ordenado sacerdote en la catedral de Guadalajara. Alimentaba la esperanza de la salvación y la pedía frecuentemente en la oración. Cuando su hermana le decía “tu te vas a ir derechito al cielo, nada mas  en eso  piensas” él se reía con agrado.
Soportaba valerosamente las enfermedades, era notable su adhesión a la voluntad de Dios. Su actitud serena y amable comunicaba una sensación de paz y tranquilidad. Fue un buen director espiritual, con un claro conocimiento del corazón humano y habilidad para dirigirlo a Dios, sin cortar alas ni exigir mas de lo que pide la gracia.
En marzo de 1927 en unos ejercicios literarios, escribío para ejercitar a sus alumnos el siguiente poema donde se presiente el deseado martirio.

 

“ Adelante cristiano caballero,
ya de tu huestes los clarines oye;
mártir de cristo, la fatiga emprende,
lucha sin tregua.

Baja al Averno y tu destino mira,
Augusto emperador, victoria canta,
Al rodar tu cabeza ensangrentada,
yerta, sin vida,

Ruge la fiera corajuda...
Mirando en derredor la muchedumbre
A devorar su presa se adelanta
Y ávida corre

.
Mártir cristiano, ya la palma bate,
Desprecia al mundo y sus riquezas deja,
Porque esto es polvo, es vanidad, es nada,
Corre hacia Cristo
.
                                               Ofrece el holocausto suspirando,
El cáliz del dolor gustoso liba
Y abraza al leño que le lleva al cielo.
Mira a Jesús
.
Ángel del cielo, mi plegaria escucha,
Tu que repartes lauros de victoria
Rápido baja, el sacrificio acepta.
                                                             Llévalo al cielo”.

Aconteció que el día 21 de mayo, estando todos en clase, llegaron los soldados federales a la entrada del pueblo, lo que provoco gran alarma, San Agustín ordenó que los alumnos abandonaran rápidamente el plantel y se desparramaran en domicilios de amigos y conocidos. Al ultimo salió San Agustín acompañado con el seminarista Rafael Haro Llamas, en el camino le dijo el santo, “ Jesús, victima inocente, quiere victimas voluntarias para que se dé gloria a Dios y se pague por tantos sacrilegios y tanta maldad ”.

“Ojalá nos aceptara a nosotros expreso el santo”, pero al ver el temor que tenia el muchacho, agrego: “Es natural que se sienta miedo, pero si Jesús sufrió angustias, tristeza y pavor en el huerto, Él sabe infundir ciertamente alegría y valor para morir por Él”. Enseguida animo al joven Rafael con estas palabras: “No te preocupes, a ti no te pasara nada. Baja, busca una piedra grande para que escondas los libros, pues no nos conviene que nos encuentren con ellos” al irlos a esconder, oyó los gritos y el ruido de los soldados que alcanzaron al santo y se lo llevaron preso a la cárcel de Totatiche. Ese mismo día dos horas mas tarde apresaron también al párroco del lugar San Cristóbal Magallanes.
San Agustín dijó “ Nosotros por Dios vivimos y por él morimos” San Cristóbal le dijo también al padre San Agustín “ un momento padre, y estaremos en el cielo”. Vino la ejecución, el tiro de gracia. Sus cadáveres todavía palpitantes fueron arrastrados fueron arrastrados por los militares hasta el zaguán. La gente espantada y llorando acudió con algodones y paños a recoger su sangre, un oficial grito a la multitud aglomerada “ ¡ Ahí están, tráguenselos! Los soldados los enterraron sin permitir acompañamiento.
El 23 de agosto de 1933, con motivo del traslado de los restos de los mártires a Totatiche, se encontró incorrupto el corazón de San Agustín, en un cadáver que tenia seis años de sepultado, que no fue embalsamado y estaba en un sepulcro lleno de agua, del cual solamente quedaban los huesos. El corazón apareció integro e incorrupto, y con una bala adentro.
Recordemos siempre que antes de la Resurrección de Jesús, hubo un calvario. San Agustín, intercede por nosotros, para que recordemos siempre que ¡Nosotros por Dios vivimos y por él morimos” Al final para eso estamos en esta vida para elegir ir con Dios eternamente.

 

SAN   CRISTÓBAL   MAGALLANES   JARA
( 1869 – 1927 )

San Cristóbal nació en Totatiche, Jalisco, huérfano de padre cuando era pequeño. El párroco Cornelio de la Cruz se constituyo como protector del pequeño e influyo en su formación espiritual.
Fue calificado por el obispo como un sacerdote conforme al corazón de Dios. El presbítero Cornelio de la Cruz ante el tribunal eclesiástico en el proceso de Beatificación afirmo, desde niño hasta su muerte tuvo devoción acentuada al Santísimo Sacramento, a la Santísima Virgen, a San José, rezaba diariamente el rosario y practicó en grado heroico las virtudes de la obediencia, la humildad, la justicia, la prudencia, la mansedumbre y la conformidad con la voluntad de Dios.
Su caridad para con los pobres era notable, les ayudaba con consejos y dinero. Trabajo con ahínco en el beneficio de sus feligreses, dio misiones a los indios huicholes de Azqueltan, anduvo por todo el extenso territorio de su parroquia para atender a sus fieles, fundo centros de catecismo, edifico templos, fomento la agricultura y el mejoramiento de las semillas, y el cultivo de árboles frutales y hortalizas. Atento a la doctrina social de la Iglesia, expuesta en la encíclica Rerum Novarum, difundió sus enseñanzas y aplico sus orientaciones.
Fundo un  asilo para huérfanos y se preocupo porque los desvalidos tuvieran algún patrimonio, haciendo pequeños fraccionamientos en la orilla del pueblo  y repartiéndolo entre los trabajadores más pobres.
 En 1914, el gobierno mexicano clausuró los seminarios y conventos religiosos, los alumnos se dispersaron y el fundo en 1915 el  Seminario Auxiliar de Santa Maria de Guadalupe para alojar a algunos estudiantes. Durante doce años, hasta el día de su muerte, personalmente cuido y protegió este seminario, llamado “ El silvestre”.
En los años de 1923 a 1926 recibieron la ordenación sacerdotal cinco de los primeros estudiantes, en una ocasión dijo: “Madre Santísima, tu me has concedido ya muchas satisfacciones, acuérdate que soy pecador y no tengo meritos para el cielo, mándame ya el sufrimiento, amarguras, tribulaciones y aun el martirio”.
 En julio de 1926 se desato la persecución religiosa contra la Iglesia Católica, el pueblo de Totatiche se levanto en armas contra la tiranía antirreligiosa, del presidente Calles.
San Cristóbal siempre reprobó, en particular y públicamente de viva voz y por escrito, el recurso de las armas. Afirmó “ Ni Jesucristo, ni los apóstoles, ni la Iglesia han empleado la violencia con este fin, sino el convencimiento y la predicación por medio de la palabra y el ejemplo. La religión no se propago, ni se ha de conservar por medio de las armas”.
Cabe señalar que entre otras cosas se prohibía llevar una medalla, un crucifijo, un sacerdote un alzacuello, un escapulario, estampa, oración, imagen o cualquier distintivo religioso o bien tenerlo en su casa, las cuales eran cateadas y las personas en el mejor de las casos arrestadas y multadas. El pueblo mexicano antes de decidirse por las armas( que no las tenia y era difícil hacerse de ellas y una vez con ellas no las sabían usar ni conseguir parque) enviaron al congreso de la unión consideraran que era necesario reformar la constitución de 1917, adjuntando un millón setecientas mil firmas, al no ser atendida la solicitud el pueblo organizo un boicot sin precedentes en la historia de México.
En abril de 1927 escribió  San Cristóbal una carta a un seminarista  Margarito Ortega: “ Mi vida, desde hace cuatro meses, ha sido andar por cerros y barrancas, huyendo de la persecución gratuita de nuestros enemigos y de los rebeldes entre quienes juzga el gobierno que andamos, nomás porque nos ha tocado vivir en la región de los alzados, sin embargo, miles y miles de habitantes que nos conocen desde hace muchos años, saben que somos inocentes y que se nos calumnia infamemente. Se esta cumpliendo en nosotros la palabra del Divino Maestro, Jesucristo “ No es el discípulo mas que el maestro, si a mi me persiguen, también los perseguirán a vosotros”. Dios les perdone tanta infamia  y nos vuelva la deseada paz, para que todos los mexicanos nos veamos como hermanos.
San Cristóbal le pidió la absolución a san Agustín y en seguida dijo sus ultimas palabras “ Soy y muero inocente, perdono de corazón a los autores de mi muerte, pido  a Dios que mi sangre sirva para la paz de los corazones desunidos.
Vale la pena dar a conocer ocho consejos que dio a sus feligreses:
“Vengo a llamar a la puerta de vuestra casa por medio del papel – porque las circunstancias no lo permiten de otro modo -, con el alma entristecida  por los males que nos afligen, sin poderlos evitar, vengo por medio de esta atenta suplica que os hago en nombre del Sacratísimo Corazón de Jesús, ausente de nuestros templos, en nombre de nuestra Augusta Patrona, la Virgen del Rosario, cuyo novenario de oraciones y penitencias comenzaremos en breve, vengo a pedir, repito, tengáis presentes, en estos días de persecución y desgracias para la afligida Iglesia  Mexicana, las siguientes recomendaciones:

1.- Guardad integra e inmaculada la fe católica, apostólica y romana evitando con cuidado toda ocasión o peligro de perderla, ya sea que venga de las personas o de la prensa. “ Sin la fe es imposible agradar a Dios”, dice San Pablo.

2- Hacer que vuestras costumbres sean netamente cristianas, informadas en las enseñanzas de la fe católica. “ El justo viene de la fe”, dice la Sagrada Escritura.

3.- Perdonar a vuestros enemigos y a todos los que os quieran mal,  y que no fomentéis odios ni rencores en el pueblo. Evitad a todo trance la embriaguez, que es un semillero de discordia, escándalos y riñas, con grave perjuicio de nuestro honor y de la paz y tranquilidad y que tiene plenísimo derecho la sociedad. “ En esto conocerá el mundo que son mis discípulos... en que os améis los unos a los otros”, dice la Verdad Eterna.

4.- Rezad con fervor y constancia, todos los días, el Rosario en comunidad, si os es posible, o en familia o individualmente, en caso contrario “ Donde dos o mas se reúnan en mi nombre, allí estaré yo en medio de ellos”, nos dice Jesucristo.

5.- Dedicaos diariamente al trabajo y no os juntéis con ociosos y libertinos, “El que ama el peligro, en el perece”, dice el adagio sagrado.

6.- Si sois comerciantes no trafiquéis, por amor a Dios, con los vicios, vendiendo bebidas embriagantes en perjuicio de la moralidad de las familias, que justamente desean tranquilidad y reposo. Dios os pagara de otro modo las perdidas que creía sufrir por este motivo. No os faltara ni que comer, ni que vestir, si de veras ayudáis al duelo justísimo que esta sufriendo el catolicismo en nuestra desventurada patria. “ Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y las demás cosas se os darán por añadidura” dice San Mateo.

7.- Respetad a las autoridades publicas, ayudándoles a guardar el orden a que están estrictamente obligadas por el bien común y no permitas que sean la burla de los libertinos y escandalosos. “ No hay autoridad que no venga de Dios”, dice el Apóstol.

8.- La mujer, sobre todo la que tuvo valor para acompañar a Jesucristo hasta el Calvario, la mujer que por su naturaleza es tan piadosa y compasiva, trabaje sin cesar por la conservación de la fe y de las buenas costumbres, intensifique su acción bienhechora  en la oración, el sacrificio y la abnegación, edifique con su virtud y no se degrade ni deshonre con trajes deshonestos, y si sabe guardar luto por sus dolientes, durante años, con mayor razón guárdelos , y muy riguroso, por la desgracia mas grande que esta sufriendo nuestra madre la Iglesia, en nuestra patria, de donde los enemigos tratan de hacerla desaparecer. ¡ No lo conseguirá la mujer piadosa y sufrida!

SAN  ISABEL  FLORES  VARELA
(1866 –1927)

San José Isabel nació en San Juan Bautista del Tul de Gonzalo Ortega, Zacatecas. Realizo sus estudios en el seminario de Guadalajara. Recibió el diaconado en 1896 el 26 de julio. Se caracterizo por su bondad, responsabilidad y entrega. Su rectitud de vida le gano el respeto y aprecio de la gente. Promovió el desarrollo material y social de la comunidad y se preocupo por la instrucción religiosa y sacramental de la feligresía de la cual fue un verdadero padre, destacándose por su humildad, abnegación y sabiduría.
La promulgación de las leyes anticatólicas y luego la persecución abierta a todo lo que sonara católico hizo que el pueblo mexicano viviera situaciones muy difíciles e injustas. Se sufrió abnegada, pacientemente  y con heroísmo toda clase de penalidades, dolores y vejaciones , por defender la causa de Dios y de su Iglesia. Fue frecuente que losa cristeros ( guerrilleros católicos que se levantaron en armas contra el gobierno para obligarlo a retractarse de las leyes anticatólicas) amanecieran ajusticiados, colgados de árboles y postes. Los sacerdotes eran especialmente perseguidos porque algunos desobedeciendo a sus superiores se lanzaron en armas y esto abrió la suspicacia de las autoridades civiles y militares hacia todo los religiosos. La iglesia católica se vio obligada cerrar el culto publico. Los sacerdotes, que así los desearon celebraron la Eucaristía y administraron los sacramentos en la clandestinidad. En cuanto era denunciado un sacerdote, venían la aprehensión y la ejecución.

 

En la madrugada del 13 de julio de 1927  salió San José Isabel a celebrar misa al rancho. Fue aprehendido por soldados. Le propusieron en libertad a cambio de que firmara la aceptación de las leyes de Calles, pero se negó. En la madrugada del 21 de julio de 1927 fue conducido al panteón de Zapotlanejo, por tres o cuatro soldados enviados por Rosario Orozco. Echaron una soga a la rama de un árbol, se la pusieron al cuello y comenzaron a martirizarlo subiéndolo y bajándolo. Después de tres o cuatro intentos viendo que al Padre no le pasaba nada, sacaron la pistola, San José Isabel muy sereno les dijo a sus verdugos, “así no me van a matar rugió, yo les voy a decir como, pero antes quiero decirles que si alguno recibió de mi algún sacramento, no se manche las manos”. Uno de los que estaban ahí, el que había sido señalado para matarlo, dijo: “Yo no meto las manos. El padre es mi padrino, el me bautizo “. El jefe muy indignado dijo “ te matamos también a ti”, a lo cual contesto que no le importaba  morir junto con su padrino. Y de un balazo lo mataron. Al Sacerdote también quisieron matar a balazos, pero las armas no dispararon. Uno de los soldados para quedar bien con su superiores lo degolló con un machete.
Algunos años después exhumaron los restos para trasladarlos al templo. Actualmente se conserva un monumento de mármol en el templo antiguo de ese lugar , que fue el campo de su ministerio y cuidados. La fama del martirio se extendió rápidamente después de su muerte, y su recuerdo sigue vivo en numerosa personas que se encomiendan a su intercesión.

 

 

SAN  JOSE   MARIA   ROBLES   HURTADO
( 1888 – 1827 )

 

Nació En mascota, Jalisco el 3 de mayo de 1888. La mayor influencia de su educación la recibió de su madre, profundamente católica. Cultivo una intensa devoción al Sagrado Corazón de Jesús y un especial amor ala Virgen Maria y empezó a hacerse notar por su celo y por su gran dedicación. Fue ordenado sacerdote el 22 de marzo de 1913.
El 27 de diciembre fundo la congregación de “ Victimas del Corazón Eucarístico de Jesús”.
Su amor a la Virgen le llevo, en cierta ocasión a  escribir, “ Madre mía, tu  `pequeñito se abandona totalmente en tu regazo gritándote con el alma, mi corazón, mi sangre, mi vida, mi muerte, todo te pertenece. Mi madre, mi señora, mi dueña, tuyo, eternamente tuyo”.
Su virtud relevante era el amor al Corazón de Jesús y su deseo vehemente de salvar a los hombres. En el seminario le apodaron “ El loco del Sagrado Corazón”. Lleno de caridad para todos se prodigaba en el confesionario y en la atención a los enfermos. Por medio de la prensa propago la doctrina católica y el apostolado del Sagrado Corazón de Jesús.
A partir del 2 de enero de 1927 tuvo que ocultarse, pues fue perseguido por poner una Cruz en “La Loma”. En la casa donde vivía oculto rezaba y vigilaba por sus feligreses , escribía las normas que habrían de regir a su congregación. El 26 de febrero de 1927, al conocer la orden de encarcelas a todos los sacerdotes  dada por la Secretaria de Gobernación exclamo lleno de fe:  “Estamos en las manos de Dios”. Y poco después, cuando le rogaron que huyera para evitar que lo mataran contesto sonriendo: “ ¡ Ah si el Corazón Eucarístico me llevara!”.
El 25 de junio de 1927 se disponía San José a oficiar la Santa Misa, cuando llegaron unos soldados que sitiaron la casa y la catearon. El coronel Calderón había recibido la orden “ Procesase con todo rigor contra el cura rebelde”. El sacerdote fue llevado al cuartel de los agraristas, se formo un grupo de feligreses y vecinos del lugar para obtener la liberación del sacerdote la noche un grupo de jovencitas logro acercarse a la prisión, recibiendo por conducto de los vigilantes el breviario de San José en donde encontraron algunos  versos en honor del Sagrado Corazón y de la Santísima Virgen. Era la última manifestación de su gran amor al Corazón de Jesús y la aceptación gustosa del martirio.

“Quiero amar tu corazón,
Jesús mío, con delirio,
Quiero amarte con pasión,
Quiero amarte hasta el martirio.

Con el alma te bendigo,
Mi Sagrado Corazón,
Dime ¿Se llega el instante
De feliz y eterna unión?

Tiéndeme, Jesús, los brazos,
pues tu “pequeñito” soy,
de ellos, al seguro amparo,
a donde lo ordenes, voy.

Al amparo de mi Madre
Y de su cuenta corriendo
Yo, su “pequeño” del alma,
Vuelo a sus brazos sonriendo.
Un padre que espera  a sus hijos
Todos allá en el cielo”.

 

A media noche, sujeto con cuerdas, lo llevaron rumbo a la sierra de Quila. San José comprendiendo que lo iban a horcar, perdono a sus verdugos, especialmente a su compadre Enrique Vázquez a quien le dijo: “Compadre no te manches” y tomándole la soga de las manos se la coloco él mismo en el cuello. Los soldados lo ahorcaron y avisaron a la gente de Quila que dejaban ahí un ajusticiado. Era el 26 de junio de 1927.
Fue enterrado superficialmente por gente de una carbonera cercana. Al día siguiente fue exhumado por gente de Quila y llevado a la población, lo velaron y le dieron cristiana sepultura. El 26 de junio de 1932 sus restos fueron trasladados al templo Expiatorio de Guadalajara, Jalisco.
Actualmente sus restos reposan en el noviciado de sus hijas religiosas, las Hermanas de Corazón de Jesús Sacramentado, nuevo nombre de la Congregación fundada por el santo.

 

SAN   ANTILANO   CRUZ    ALVARADO
( 1901 – 1928 )

Nació el 5 de octubre de 1901 en  Teocaltiche Jalisco. Fue hijo de un matrimonio cristiano y pobre. Era mortificado extremadamente observante del reglamento aun estando enfermo. Nunca se le escuchó queja y si en cambio siempre se le vio alegre. Recibió la tonsura el 23 de diciembre el ostiariado y lectorado, el 04 de mayo de 1924 y después el exorcistado y el acolitado. En diciembre de 1924 por orden del gobernador de Jalisco José Guadalupe Suno, los seminaristas fueros desalojados del seminario en junio de 1925 fueron nuevamente atacados por lo que tuvieron que continuar sus estudios primero en templos y luego en casas particulares cuando la persecución religiosa arrecio. Durante las vacaciones escolares visitaba su tierra y se convertía en catequista para niños a los que les enseñaba a cantar: “De Jesús soy soldadito, es mi estandarte la cruz”.
El 24 de julio fue ordenado sacerdote, en una barranca y bajo la bóveda del cielo, había llegado a la meta: SER SACERDOTE DE CRISTO.
Ejerció rectamente su ministerio a base de sacrificios, privaciones y esfuerzos, en medio de gran peligro. Cuando le notificaron que llegarían soldados federales el contesto “ Yo tengo mas bien miedo a la justicia de Dios que a los federales”.

Confió siempre en la providencia y vivía siempre abandonado en las manos de Dios haciendo su voluntad.  Fue en extremo obediente, sumiso y dócil. Su obediencia fue siempre ejemplar. San Antilano escribió en una carta a su hermana Maria el 19 de noviembre de 1925  una reflexión sobre el dolor y el sufrimiento. “ Cuando alguno padece algo debe gozar pensando que Dios quiere que padezcamos y porque nuestro Señor Jesucristo nos invita a que lo acompañemos en su pasión... purifica tu conciencia y veras como los dolores se cambian en gozo”.
En la madrugada del 1 de julio de 1928 llego un grupo de 40 soldados del capitán Vega y José Ayala, rodearon la casa del matrimonio Jiménez donde se hospedaban los sacerdotes. San Antilano al oír los golpes con las culatas de los rifles y los gritos de los soldados, se arrodillo a los pies de la cama, los verdugos se precipitaron en la habitación y dispararon sobre San Antilano.
Sacaron su cuerpo agonizante, una de la balas le había destrozado la boca, fue arrojado al patio de la casa. Luego lo llevaron a Cuquio donde fue arrojado a la plaza principal. Tenia la cara destrozada por la balas, estaba casi sin ropa, pero con su crucifijo, su rosario y los cilicios adheridos a su cuerpo. Fue sepultado el mismo día en el panteón municipal, después de ser vestido con veneración.
Los feligreses de la región recogieron en lienzos la sangre del joven sacerdote que tan solo ejerció once meses. Y la tarde que estuvo expuesto el cadáver recortaban partes de sus ropas y sus cabellos, pues todo el pueblo creyó que eran verdaderos mártires. El prelado del Excelentísimo  Sr. Don Francisco Orozco y Jiménez pocos meses después del doloroso y glorioso suceso, al encontrar sobre su escritorio una foto de San Antilano, exclamo entre lagrimas “ Me mataron un ángel”.

 

 

SAN  JUSTINO  ORONA  MADRIGAL
( 1877 – 1928 )

 

Nació el 14 de abril de 1877 en Atoyac, Jalisco. El 7 de agosto de 1904 fue ordenado sacerdote por el arzobispo de Guadalajara. Su primer destino fue la parroquia de Lagos de Moreno Jalisco. Ayudo a la formación de una pequeña comunidad de religiosas que mas tarde se llamarían  “Clarisas del Sagrado Corazón de Jesús”.
Era de su especial cuidado el sacramento de la reconciliación, sobre todo con los varones, que por las circunstancias estaban mas alejados de la practica religiosa. Puso especial empeño en la instrucción religiosa, en la catequesis de niños y en elevar el nivel educativo de las escuelas cristianas.
Amo entrañablemente a sus feligreses. Al arreciar la persecución, uno de sus compañeros sacerdotes le insito a huir de su parroquia porque era seguro que si lo tomaban preso lo matarían, pero el contesto “ Yo entre los míos vivo o muerto”. Siempre tuvo actos de fortaleza. Ejerció su ministerio en ranchos y campos, entre mil penalidades, frecuentemente asediado por el enemigo. Como buen pastor nunca abandono a su rebaño. Así lleno de cristiana fortaleza con voz sonora y enérgica grito frente al verdugo VIVA CRISTO REY.  El 12 de octubre de 1919 recibió el permiso de dar el habito a seis de las primeras religiosas y cinco años mas tarde la primera profesión temporal de ellas, en donde se le escucho decir: “ Ahora Señor, recoge a tu siervo porque mis ojos han visto lo que tanto he deseado”. Esas religiosa fueron un gran apoyo para la atención de niñas huérfanas y pobres.
La persecución religiosa arrecio en 1926. En Cuquio el presidente municipal, José Vázquez Mora metió a la cárcel a padres de familia que habían inscrito a sus hijos en las escuelas parroquiales, en 1928 llegaron a Cuquio las tropas gubernamentales de José Ayala quien se enemisto con San Justino porque habiéndose separado de su legitima esposa Sra. Celina Padilla, se junto maritalmente con su propia sobrina carnal y con ella procreo dos hijos y no permitió que fueran bautizados aunque ya tenían doce y diez años. La madre de los hijos aprovechando que su tío no estaba en el pueblo fue con San Justino y los bautizo, al enterarse, juro venganza contra San Justino pues tenia que pagar muy caro lo que había hecho con sus hijos sin su voluntad. Pronto se presento la ocasión para la venganza.
El 23 de julio de 1928 San Justino caminaba acompañando de Toribio Ayala, un abnegado cristiano que por el delito de ayudar y proteger al párroco seria colgado unas horas después de la muerte del santo cura. Fue delatado por un señor Gómez  ante las autoridades y un pelotón de soldados llegaron en la madrugada, se despertaron sus moradores y al mismo tiempo se abrieron dos puertas: la de la dueña de la casa, Doña Serapia y la de San Justino, quien al abrir y reconocer a José Ayala grito con voz enérgica y serena “VIVA CRISTO REY”
La respuesta de los militares, soldados, políticos no se hizo esperar, inmediatamente dispararon. San Justino cayo muerto en el umbral de la puerta. Luego dispararon sobre San Antilano y el hermano se San Antilano, don José Maria Orrona. Sacaron a los cadáveres y todavía les dieron puntapiés. Saquearon la casa y tomaron tres asnos para llevarse atravesados los cadáveres. El burro donde pusieron los restos de San Justino era de poca alzada, por lo que las manos y los pies del sacerdote le fueron arrastrando. Aquellas manos consagradas que solo se ocuparon de bendecir llegaron destrozadas a Cuquio, por el camino quedo la nueva bendición de su sangre sacerdotal. Los soldados sacrílegos se burlaron de los cadáveres diciendo: “Traigan las tortillas, aquí  va la carne de cerdo “.

Loa habitantes del poblado estaban aterrados, desconcertados, tristes. Una vez que los soldados dejaron los cadáveres en la plaza del pueblo, los feligreses se acercaron y empezaron a cortar trozos de la ropa ensangrentada y cabello, para conservarlos como reliquia. La gente rodeo los cadáveres y empezaron a rezar el rosario. Los vistieron, les proporcionaron ataúdes y contra la prohibición, y a pesar de las amenazas del presidente municipal, iniciaron el sepelio en medio de oraciones y vivas a Cristo Rey y a Santa Maria de Guadalupe. San Justino fue enterrado en el camposanto de Cuquio. Muchos de los feligreses que cumplieron con el deber de caridad y gratitud al darle sepultura, fueron encarcelados.

 

SAN   MIGUEL  DE   LA  MORA  Y   DE  LA  MORA
(  1874 – 1927 )

Nació en Rincón del Tigre Jalisco, el 19 de octubre de 1874. Su niñez transcurrió en su pueblo natal donde gusto de la tierra, sus frutos, ganado y crías. Ayudaba, como todos los niños de su edad a sus padres y hermanos  en las labores del campo.
Creció y con los años se convirtió en un buen jinete. No se tiene información del tiempo de su formación en el seminario ni de su ordenación sacerdotal, porque los revolucionarios extrajeron el archivo diocesano de la oficina del obispado y lo tiraron. Sin embargo por datos de sus familiares sabemos, que fue ordenado sacerdote en el año de 1906.
Su ministerio sacerdotal lo desarrollo en diversas portes del estado de Colima. Legaron tiempos difíciles para la iglesia católica mexicana, la actitud negativa y persecutoria del gobernador de la entidad Francisco Solórzano Béjar, provocó una viva reacción en el clero diocesano que paso desde la protesta formal hasta la suspensión de culto. El clero diocesano en una histórica y solemne hora santa después de la libre manifestación de la opinión de cada uno de los sacerdotes, unánimemente y por escrito rechazaron las disposiciones arbitrarias de gobierno diciendo: “ No somos rebeldes, sino simplemente sacerdotes reprimidos que no quieren ser apostatas”...  Como reacción, el gobernador aplico las leyes persecutorias y sus sanciones correspondientes a quienes no las cumplieran. El clero ya había tomado la decisión de aceptar las consecuencias así fuesen dolorosas y amargas. Todos los sacerdotes debían de presentarse ante la autoridad civil para obtener los registros necesarios para ejercer su ministerio para ser movidos y ubicados según le convenía al gobierno.
Muchos fueron desterrados, otros permanecieron ocultos en la ciudad con el afán de prestar auxilios espirituales a su feligresía  y se las ingeniaban para celebrar la misa y sus sacramentos en casas particulares con confiable asistencia de fieles.
 Un día después de celebrar la Santa Misa fue tomado preso. Salió de la prisión bajo fianza y con la obligación de presentarse diariamente en la jefatura, fue advertido que terminado el tiempo de su fianza iría a prisión definitiva, salvo que abriera el culto en la catedral de la que era capellán. Querían obligarlo a que abriera el culto bajo la vigilancia de la autoridad.
Después de un tiempo lo volvieron a encarcelar, dentro del cuartel ordenaron a San Miguel que caminara hacia la caballeriza sobre el estiércol de los animales y sin miramientos fue asesinado mientras rezaba el rosario iniciado cuando le dijeron que los fusilarían.
El capitán encargado de la escolta le dio en tiro de gracia ante la mirada atónita de su hermano Regino, a quien no fusilaron porque expuso en su defensa que no tenia ningún delito ni era sacerdote.
San Miguel de la Mora murió por no abrir el culto en la Catedral de Colima. El abrir el culto significaba desobedecer a la Iglesia. La fidelidad a la Iglesia Católica le costo la vida. 

 

SAN  DAVID   ROLDAN   LARA
( 1907  -  1926 )

 

Nació en Chalchihuites Zacatecas el 2 de marzo de 1907. Fue un hijo modelo, quería a su madre, era respetuoso, obediente atento y procuraba no causarle disgustos y molestias.
Sus amigos aseguraban que era la alegría de su casa, era un joven limpio y jovial, ordenado y responsable. Ayudaba mucho a su párroco, el padre San Luis Batis. A los diecisiete años trabajo en la mina el Conjuro donde por su carácter, preparación y responsabilidad se hizo acreedor  de la confianza de su patrón Gustavo Windel alemán. Quien lo nombro su secretario, su trabajo consistía en llevar la contabilidad. Ahí conoció a la hija del señor Windel, la hizo su novia y, poco antes de que se iniciara la persecución, la había pedido ya en matrimonio.
Católico comprometido perteneció desde muy joven a la acción católica y en 1925 fue nombrado presidente de la misma. Cuando se iniciaron los problemas por las leyes Callistas que obligaron a la iglesia católica a la suspensión del culto, fue nombrado vicepresidente de la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa, organización que de manera pacifica defendía  a la Iglesia reuniendo firmas para suplicar al gobierno la derogación de leyes que coartaba la libertad religiosa.
El presidente municipal y su secretario acusaron falsamente al padre San Luis Batis y a sus jóvenes colaboradores de incitar a levantarse en armas. Todo el pueblo protesto pues conocían perfectamente que los jóvenes si se reunían era únicamente para estudiar su religión y defender por medios pacíficos y sencillos a la Iglesia perseguida.
El 15 de agosto de 1926 cuando ya se encontraba prisionero el cura del pueblo San Luis Batis, San David estaba en su casa cuando fue aprehendido, fue llevado a donde se encontraba el cura del pueblo y otros jóvenes, entre los que estaban San Manuel Morales y San Salvador Lara, quien era su primo hermano. Una comisión hizo gestiones para lograr su libertad, pero fue en vano. Se presento también el Sr. G. Windel, patrón de San David, e intercedió por los prisioneros, ofreció una cantidad de dinero para salvar la vida del cura y de los jóvenes. Solo recibió esta respuesta “ No hay necesidad de dinero, solo van a Zacatecas, con el fin de que den unas declaraciones”.
San David recibió de su párroco la absolución y el ejemplo de su entrega ante las armas asesinas, vio morir al sacerdote y a su amigo San Manuel Morales, luego junto con San Salvador fue conducido a unos 160 pasos del lugar de la ejecución caminaba con valor y tranquilidad, sereno y rezando. Se dirigió al lugar que le señalaban para completar con un acto heroico de amor a su vida juvenil, alimentada y sobrenaturalizada con la fe, y con el mismo grito que acababa de escuchar del Señor cura y su amigo Manuel. ¡ VIVA CRISTO REY Y LA VIRGEN DE GUADALUPE!
San David murió por defender pacíficamente a la Iglesia Católica, dejo a la novia, el futuro prometedor de la mina, dejo a su madre quien ya era viuda, dejo a un lado el egoísmo de no tengo tiempo para trabajar por la Iglesia, donde no recibiría ni dinero ni comodidades, pero Dios le dio la oportunidad de dar la vida por El. 
Heroica juventud mexicana, que ahora los poderes del infierno están empeñados en corromper para así manipularlos y alejarlos de la verdad.

 

SAN  MANUEL   MORALES
( 1898 – 1926 )

San Manuel nació en Mesillas, parroquia de sombrerete, Zacatecas el 8 de febrero de 1898. Trabajaba en su panadería y se caso con la maestra del pueblo Consuelo Loera quienes tuvieron tres hijos.
Ante los tiempos anticlericales que vivía México, la promulgación de las llamadas leyes anticlericales o de Calles y la suspensión del culto, los católicos fundaron la Liga Nacional defensora de la Libertad Religiosa. Manuel, no ajeno a las cosas de Dios, se desempeño como secretario del circulo de obreros católicos “ León XIII” y fue miembro de la asociación católica de jóvenes mexicanos.
 La liga no tuvo actividades hasta  el 29 de junio de 1926, en que celebro una sesión en la plaza de toros del pueblo y a la que concurrieron 600 personas, como presidente tomo la palabra y dijo: “Dios y mi derecho es nuestro lema” la Liga será pacifica, sin mezcla alguna en asuntos políticos. Nuestro proyecto es suplicar al gobierno se digne ordenar la derogación de los artículos constitucionales  que oprimen la libertad religiosa. Termino su discurso con estas bellísimas palabras: “ A los cuatro vientos y con el corazón henchido de jubilo gritemos: “ ¡ VIVA CRISTO REY  Y LA MORENITA DEL TEPEYAC!”.
La actitud y la palabras de San Manuel eran resultado de su vida cristiana nutrida en la oración y frecuencia de la divina eucaristía, manifestación de su fe profunda y de su entrega a Dios, actuada en su vida de trabajo MODESTO,  pero honrado y asiduo, de la armonía conyugal y familiar, de sus relaciones amistosas con los demás.
A pesar de la vigilancia de los soldados cuando lo apresaron entro a ver a su padre y fue a dar a sus brazos. En medio de gran dolor, los esposos se despidieron, aunque ella todavía abrigaba la esperanza de que nada le pasaría a San Manuel.
San Luis trato de salvarle la vida diciéndoles a los soldados que San Manuel tenia familia, este como siempre, respondió lleno de fe y de valentía “ deje que me fusilen, Sr, Cura, yo muero pero Dios no muere, El velara por mi esposa y mis hijos”. Y levantándose el sombrero para que le dispararan en la frente grito: “VIVA CRISTO REY Y LA VIRGEN DE GUADALUPE”.
Las balas cegaron la vida de tan ejemplar católico. Era el día de la Asunción de la Santísima Virgen.
San Manuel murió, Dios no, su ejemplo de seglar comprometido ha dejado huella. Hoy la Iglesia requiere que a ejemplo de San Manuel, los seglares  nos involucremos mas en las actividades religiosas, en la propagación del Evangelio y en las enseñanzas de la Iglesia.

 

SAN   LUIS    BATIS   SÁINZ
( 1870 – 1926 )

Nació en San Miguel del Mezquital, hoy Miguel Auza, Zacatecas, el 13 de septiembre de 1870. El día primero de enero de 1894 recibió la ordenación sacerdotal en la ciudad de Durango.
Para abatir tanto la ignorancia religiosa como la intelectual, fundo diversos colegios parroquiales, centros de catecismo, asociaciones piadosas de hombres y de mujeres, abrió un hospital para pobres y alentó obras de reparación y decoro los templos.
Varias veces pidió a Jesucristo públicamente ser martirizado: “ Señor, aunque indigno ministro tuyo, quiero derramar mi sangre gota a gota por causa de tu nombre”. En otra ocasión en una reunión de obreros del dijo: “ Yo tengo muchos deseos de ser mártir, de morir por Cristo. En una reunión de la asociación Mexicana de Jóvenes Católicos les dijo: “ Quiero morir por Cristo”.
El 30 de julio de 1926, ultimo día de culto publico antes de cerrarse los templos, les dijo a sus feligreses que el autor de las desdichas al clausurarse el culto no era el gobierno, ni el presidente Calles, sino los pecados de todos, y por lo mismo no debían los católicos levantarse en armas, ya que eso no era conducta cristiana.
El gobierno de aquel entonces recrudeció  los ataques contra la libertad de conciencia  y la practica de la religión; se formo en México una organización cívico-nacional con el nombre de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa que busco coordinar el trabajo de muchos católicos para lograr una reforma a las leyes tan anticatólicas. En este contexto nacional, San Luis fomento en jóvenes y señores el vivir conforme a los principios de la religión católica, formando grupos  y asociaciones piadosas que fueran fermento en la comunidad, asistiendo a sus juntas periódicamente.
El pelotón encabezado por los delatores, allanaron la morada donde se encontraba San Luis y golpearon a sus dueños diciendo: “ Así deben tratarse, como perros, estos fanáticos”.
Al Sr. Cura lo apresaron. San Luis se despidió del pueblo con gran serenidad : “ Voy a darles la bendición, y por favor no me sigan, no pasara nada”. Los soldados subieron a los presos en los autos y se los llevaron. A medio camino los bajaron, y les dijeron : “ Si ustedes reconocen las leyes de Calles , nada les pasara”. Contestaron los cuatro “ Primero morir”, porque ellos bien sabían que acatar dichas leyes era infidelidad a la Iglesia.
San Luis, pidió a los soldados que dejaran con vida a San Manuel Morales. “ Lo único que les ruego es que perdonen la vida a Manuel Morales en atención a los tres niños pequeños que tiene de familia. Yo ofrezco mi vida por el. Seré una victima, estoy dispuesto a serlo”. Vio que no lo concedían y se despidió de el, diciéndole: “ HASTA EL CIELO”. Manuel respondió “ DIOS VELARA POR MIS HIJOS” acto seguido los mataron.
 

SAN   SALVADOR   LARA   PUENTE
( 1905 -  1926 )

San Salvador nació en la parroquia de El Súchel, Durango, el 13 de agosto de 1905. Su padre murió y su madre, modelo de católica y mujer de caridad extraordinaria formo el corazón de su hijo en el abandono filial hacia Dios y en el espíritu de fortaleza.
Trabajo como empleado de confianza en la mina  El Conjuro. Ayudaba mucho al Padre Batis, cura del pueblo en su labor pastoral. Su amor a la Iglesia lo llevo a ser secretario de la Liga Nacional De la Defensa de la libertad religiosa y presidente de La Acción Católica. ( Esta liga fue creada para defender de manera pacifica a la Iglesia Católica, en contra de las leyes Calles que no respetaban el derecho a la libertad de profesar la religión que se escogiese libremente).
En una velada en su pueblo, San Salvador declamo la poesía “ Marciano” que describe la inocencia del cristiano acusado de incendiar Roma. San Salvador con mucho sentimiento, como posesionado con el contenido, parecía decir nuevamente: “Si mi delito es ser cristiano, haces bien en matarme porque es cierto “.
También a San Salvador y a su madre Doña Soledad, los engaño el teniente Maldonado, diciéndoles que solamente iba a conducir a los reos a Zacatecas para que rindieran declaraciones.  Doña Soledad estaba tranquila porque sabia que su hijo era inocente; cuando le comunicaron que se lo llevarían a Zacatecas no manifestó inquietud sino que confió en Dios y en la palabra del militar, por lo que infundió animo a su hijo, lo bendijo y le recordó cuan Santa era  la causa que se defendía.
San Salvador con su primo hermano San David Roldan contemplaron la muerte de su párroco y de su amigo San Manuel, después de recibir del sacerdote la absolución. Luego los condujeron a unos 160 pasos, hacia la falda de los cerros, por el camino de Canutillo. Los jóvenes iban rezando. San Salvador, en la plenitud de su vida, veintiún años se coloco frente al pelotón y con la frente en alto grito al unísono de David: “ VIVA CRISTO REY Y LA VIRGEN DE GUADALUPE” . Una descarga de fusilaría acabo con su vida. Luego el “ tiro de gracia” casi destrozo sus rostros.
La juventud y el heroísmo de San Salvador impresionaron a sus verdugos quienes exclamaron: “ ¡ Que lastima haber matado a este hombre tan grande y tan fuerte!” 

El ofrecimiento que hizo un día de acompañar al Padre Batis al martirio, no fue vano, pues lo cumplió realmente con valor y alegría.

SAN   TRANQUILINO  UBIARCO  ROBLES
( 1899 – 1928   )

Nació en Cd. Guzmán Jalisco. Su niñez estuvo marcada por privaciones y trabajos. Su madre viuda tuvo que trabajar, en un pequeño comercio para sostener a sus cuatro hijos. La primera educación que recibió San Tranquilino, fue en el asilo del Salvador fundado por el Sr. Cura Arias y atendido por religiosas.
El 15 de agosto de 1923 recibió la ordenación sacerdotal en la catedral de Guadalajara.
Promovió un circulo de obreros, fundo una escuela dominical para señoritas, una caja se ahorros para señoras y trabajó infatigablemente para realizar una semana de estudios sociales en mayo de 1925, se dedico a la formación cristiana de los niños al que acudían muchedumbre de pequeños. Fundó la misa dominical para ellos.
Debido a la persecución religiosa ejercía su ministerio sacerdotal con gran dificultad teniendo que celebrar la Santa Misa en casas particulares y en los ranchos. Confesaba hasta las altas horas de la noche.
Por orden de la autoridad eclesial debía trasladarse a Tepatitlán a sustituir un sacerdote, sus feligreses le aconsejaban que no fuera por tan grandes peligros que ahí tendría, pero el les contesto: “ Desde el día que me ordené sacerdote, le pedí a Dios nuestro Señor, la gracia del martirio”...Además les decía: “APRESÚRENSE A GANAR EL CIELO, PORQUE AHORA ESTA MÁS BARATO, CASI REGALADO SÓLO CON BUENA VOLUNTAD PARA MORIR POR CRISTO,CON ESO BASTA PARA GANARLO ”.
Los Altos de Jalisco y en especial Tepatlitlán donde más cristeros se levantaron en armas, Él jamás incitó al levantamiento. San Tranquilino ayudo a la gente que llego de las rancherías y barrancas por disposición gubernamental toda la gente de la zona tenia que concentrarse en los poblados al fundar un comedor público donde se proveía  de alimentos, en algunas ocasiones hasta 100 personas.
Dos días antes de morir, estuvo de visita en el hospital de la Santísima Trinidad en Guadalajara, presentía su muerte y deseba sufrirla por Cristo. Subió al oratorio que tenían oculto las religiosas.  Celebraba en ese momento la Santa Misa el párroco Pilar Flores. Espero que la terminara y se confesó. Luego comentó a las religiosas el martirio de un muchacho de doce años que murió martirizado por los soldados. Por confesar a Cristo, y añadió: “Que vergüenza que hasta los niños están prontos a sacrificar su vida por Dios, y uno lejos del deber. Ya me voy a mi parroquia a ver que puedo hacer, y si me toca morir por Dios, bendito sea ”. Dicho esto regreso a Tepatitlán.
Una turba de soldados lo aprehendieron y en la cárcel con gran serenidad invito a los presos a rezar el rosario y a confesarse. El Coronel regreso y ordeno llevarse al sacerdote a la entrada del pueblo  donde había varios árboles grandes.
Antes de llegar al lugar donde moriría por Cristo, pregunto quien era el comisionado para darle muerte. Como todos guardaron silencio, les dijo: “ Todo esta dispuesto por Dios, y el que es mandado no es culpable”. Uno de los saldados dijo entonces que El era, pero no lo haría. San Tranquilino pregunto con que arma le darían muerte, le enseñaron una soga, El con tranquilidad les bendijo haciéndole honor a su nombre. Los verdugos le dijeron: “Ahora vas a morir aquí muy colgadito “ Y el Santo les contesto : “ Yo muero, si, pero Cristo Rey de quien soy ministro, no muere. Él sigue viviendo, y Ustedes mismos lo verán algún día”. Le preguntaron si era jefede los cristeros, pues algunos sacerdotes se levantaron en armas, a los que el Santo respondió “Yo soy el ministro de Jesucristo, el encargado de esta parroquia”. Saco su reloj y se lo entregó a un soldado.
Los verdugos le pusieron la soga en el cuello y le ordenaron al soldado Vargas que la estirara pero no quiso obedecer y el Santo, mirándolo fijamente, le dijo:” Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Otros jalaron de la cuerda y lo colgaron de la rama de un eucalipto; una hora mas tarde el joven soldado Vargas murió fusilado por no cumplir la orden militar.
Consternándose todos los habitantes del poblado, la Señora Raquel Navarro ofreció su casa para velarlo; se consiguió el permiso de las autoridades. La casa fue insuficiente para dar cabida a la multitud que llego. Los soldados recibieron ordenes de preparar las ametralladoras y con ellas dispersar a la multitud. Para evitar que sucedieran mas desgracias, se saco antes de la hora prevista el cadáver para llevarlo al cementerio.
Se sepultó en un sepulcro prestado donde estuvo algunos años. Después sus restos fueron trasladados al hospital del Sagrado Corazón en Tepatitlán, al cumplirse cincuenta años de su martirio, sus restos fueron trasladados al templo parroquial.
La rama del árbol donde fue colgado se corto, junto con pedazos de la soga y de su ropa, siendo guardados como reliquias.

 

SAN  RODRIGO AGUILAR  ALEMAN
1875 - 1927

 

Nació el 13 de mayo de 1875, en Sayula Jalisco, sus escritos fueron publicados en los periódicos de Cd. Guzmán, los temas principales eran El Santísimo Sacramento, La Santísima Virgen, la cultura cristiana, el sacerdocio y los acontecimientos sociales de la parroquia.
Fue muy piadoso ya que cada ocho días se confesaba y hacia ejercicios espirituales. Esta actitud debería ser imitada por todos ya que en el mundo de hoy presentan muchas mas tentaciones de las que hubiera tenido San Rodrigo en el seminario. Que el Espíritu Santo nos conceda al igual que a San Rodrigo esa delicadeza de conciencia que nos permita acrecentar nuestra amistad con Dios.
El 4 de enero de 1905 se ordena sacerdote. Su gran amor a la Eucaristía le hacia visitar el santuario varias veces al día, su meditación diaria la realizada frente al sagrario y diariamente aun en la persecución religiosa rezaba la hora Santa de 10 a 11 de la noche, además rezaba el Breviario y el Santísimo Rosario. Practicaba continuamente con gran delicadeza la paciencia y la caridad con sus prójimos. Se preocupo por instruir y catequizar a sus fieles, se distinguió por ser un predicador fervoroso lleno de fe y caridad así como por su humildad y aceptación de la voluntad de Dios.
El 27 de octubre de 1927 seiscientos soldados federales al frente del  general Brigadier Juan B. Izaguirre ocuparon el poblado de Ejutla. Los habitantes del poblado huyeron a las montañas, dejando casa, posesiones para refugiarse en las barrancas y cuevas ya que el pueblo ayudaba a los cristeros y esto les podía traer represalias.
En un momento la casa donde estaba San Rodrigo se lleno de soldados, el seminarista Garibay se quedo a esperarlo, en vista de que los soldados comenzaban a tirotear a los que huían le pidió que se apresurase. Un Señor Ramos que se encontraba por ahí quiso ayudar a San Rodrigo tomándole de un brazo, pues este se encontraba enfermo de los pies, sin embargo fue intuir, los soldados los cercaron. El le dijo a su ayudante, se me llego la hora, Usted  váyase.
Donato Arechiga jefe de los agraristas intervino ante Izagurre para que no lo dejara en libertad y loa ajusticiara, al parecer Arechiga odiaba a San Rodrigo desde que este se negara a casarlo en segundas nupcias en vida de su esposa legitima. ¡ Mártir por defender su ministerio y las enseñanzas de la Iglesia en relación al Sacramento Matrimonial!
Paso la noche en oración, que ejemplo ante las dificultades de la vida, ante los acontecimientos malamente adversos acudamos a la oración que nos fortalece. ¿ Que no lo hizo así nuestro Señor Jesucristo en el huerto de los olivos?
 A la una de la madrugada del día 28 de octubre de 1928 el sacerdote fue llevado a la plaza central de Ejutla para ser ahorcado. Los soldados amarraron una soga sobre una de las ramas mas gruesas de un alto árbol de mango, San Rodrigo tomo en sus manos la soga, la bendijo y perdono a todos, a uno de los soldados le regalo un rosario. Le pusieron la soga al cuello y tentándole le preguntaron altaneramente ¿ Quien vive? ( le habían dicho que no lo colgarían si gritaba viva el supremo gobierno ) “ CRISTO REY Y SANTA MARIA DE GUADALUPE” contesto firmemente. La soga fue tirada con fuerza y quedo suspendido en el aire. Se le bajo y se le pregunto nuevamente quien vive y el contesto “ CRISTO REY Y SANTA MARIA DE GUADALUPE “ contesto por segunda vez sin titubear, se le subió y se le bajo una vez mas, ¿Quién vive? Nuevamente se escucho la pregunta y se escucho la misma respuesta, contesto ya agonizante “ CRISTO REY Y SANTA MARIA DE GUADALUPE ”
   En el panteón municipal lo enterraron superficialmente y sin caja, solamente pusieron encima del cuerpo la tabla con la que lo habían cargado y sobre la tumba colocaron algunas piedras. El pueblo había quedado casi vació ya que Izaguirre había amenazado con incendiar el pueblo por haber sido refugio de cristeros. Los soldados saquearon el pueblo y quemaron imágenes sagradas y quemaron bancas del convento. Cinco años después sus restos fueron exhumados y traslados al templo parroquial de unión de Tula.

SAN   MARGARITO   FLORES   GARCIA
( 1899  -  1927  )

Nació en Taxco Guerrero, el 22 de febrero de 1899, dentro de una familia muy humilde. Visitaba diariamente al Santísimo. A los catorce años  manifestó sus deseos de ser sacerdote e ingresar al seminario de Chilapa. Sus padres se opusieron, pues perderían los ingresos que generaba su hijo, tan necesarios para la familia. Sin embarco, recibió el apoyo de algunos conocidos. Entro al seminario donde ejerció el oficio de peluquero, con el cual se sostenía. Por obediencia tenia a su cargo  el  alumbrado de quinqués de petróleo, hasta que en 1919 se instalo la red de servicio eléctrico.
Se ordeno sacerdote el 5 de abril de 1924. Fundo en Chichihualco el colegio católico  “Nicolás Bravo”, para la instrucción de la niñez. Contó con el apoyo de muchos profesores que habían sido sus discípulos. Intuyo la necesidad de crear colegios católicos  ya que, tristemente, después se prohibió la  educación católica fomentando la educación laica, ajena a la formación espiritual de los estudiantes, situación que ha cambiado hoy en día al permitirse impartir clases de moral en las escuelos privadas.
Ponía especial énfasis las vísperas del viernes primero de cada mes, pues quería que todos pudieran aprovechar  la gracia de confesarse. Tenia un carácter mas bien serio y siempre estuvo dispuesto a servir con humildad y sacrificio. Su cama consistía en tres tablas y su almohada era un pedazo de cartón.
En junio fue aprehendido y llevado a la inspección de policía junto con otros compañeros que formaban la Liga de la Defensa Nacional Religiosa. Estuvieron presos hasta el mes de julio. Dándose cuenta de que con frecuencia sacaban  algunos presos para fusilarlos en los paredones y que muchos compañeros se lamentaban por no disponer de un sacerdote para que los absolviera antes de morir, él manifestó sin temor: “Gracias a Dios soy sacerdote y puedo confesarlos”.
Presintiendo el martirio, en octubre de 1927 un día antes de regresar a Chilapa, lo dedicó a ofrecer su vida y su sangre en una misa celebrada por la salvación de México, finalizando con una Hora Santa de meditación y desagravio. Decidió regresar a Chilapa a pie y caminando siempre de noche. La vía del ferrocarril fue su sendero hasta la ciudad de Iguala; de ahí se dirigió a Zumpango del Río, de donde escribió a su familia.
San Margarito al ver al comisario que le había ayudado, le dijo: “Usted va a morir dentro de unas horas: lo espero ante la presencia de Dios”.
Cerca del sitio de la ejecución, el teniente le dijo que eligiera el lugar preciso para morir, con toda serenidad camino hacia la esquina posterior del templo, solicitando le permitieran unos instantes para elevar sus ultimas plegarias al Todo Poderoso.
Le fueron concedidos, y después acercándose a él uno de los soldados, le dijo que si lo perdonaba, a lo que el santo contesto profundamente conmovido, que no solo lo perdonaba, sino que también lo bendecía. Las ordenes fueron cumplidas. Tres horas quedo el cadáver tirado; al salir la tropa del pueblo dos soldados arrastraron el cuerpo al panteón donde lo tiraron a una fosa cavada por otros dos soldados. Le tiraron encima la sotana, cubrieron la fosa , y se fueron. Meses después, dos buenas personas, con mucha discreción hicieron una caja para colocar en ella los restos de San  Margarito y trasladarlo al interior del templo. Al exhumar sus restos, a pesar del tiempo que ya había transcurrido, encontraron que su sangre manaba con frescura. Dieciocho años después, sus restos fueron trasladados a la ciudad de Taxco y por disposición de sus familiares quedaron depositados en un lugar especial de la capilla de “ Nuestro Seños de Ojeda”, en el barrio natal del mártir.

   

SAN PEDRO ESQUEDA  RAMIREZ
1887   1927

 

Nació el 26 de abril de 1887 en San Juan de Los Lagos Jalisco, dentro de una familia pobre, pero llena de piedad. Educaron al pequeño Pedro en el Santo temor de Dios. San pedro conservo toda su vida la inocencia y sencillez y simplicidad de costumbres. Rezaba diariamente un Rosario el solo y otro con su familia.
Su diversión era levantar altares pequeños, con todo lo necesario para el culto; junto con su amiguito Mardonio imitaban la celebración de la santa misa.
Su ordenación  fue el 9 de noviembre de 1916. Canto su primera misa en el Santuario de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos el primero de diciembre del mismo año. En 1926 se recrudeció la persecución contra la Iglesia Católica en toda la Republica Mexicana. Se escondió en casa de la familia Macías, tenia planeado ir a San Juan el 18 de noviembre día en que lo aprehendieron. Los soldados entraron violentamente a la casa y lo sacaron a golpes. Diariamente era azotado, un soldado lo arrojo por las escalares de la abadía que se había convertido en cárcel, fracturándole el brezo derecho.
Lo subieron a un caballo, atándole con una soga los brazos; llegaron al pueblo de Teocaltitan donde lo bajaron del caballo y cruzo el poblado hasta los afueras del mismo. Ya en el campo, llegaron a un lugar donde estaba un mezquite con un tapanco.
El coronel Santoyo ordeno al prisionero que subiera al mesquite hasta donde estaba el tapando. San Pedro intento cumplir la orden, con infinita humildad, sin decir palabra, pero no pudo hacerlo aunque lo intento varias veces, porque tenia roto en brazo derecho y no podía hacer fuerza. Al parecer en Coronel Santoyo tenia la intención de quemar vivo al sacerdote. El militar lo injurio por no subir al tapanco, saco la pistola y descargo tres balazos sobre su humanidad. Uno le entro por la mandíbula y salió en el cráneo, y dos penetraron en el costado izquierdo. Era el 22 de noviembre de 1927.
Los habitantes del pueblo velaron el cadáver y le dieron sepultura en el panteón del lugar. Los fieles de la región limpiaron con algodones la sangre y se la llevaron como reliquia. En el lugar del martirio los fieles acuden para pedir su intersección.
Sus restos se enterraron en el muro del templo de San Juan de los Lagos para después ser trasladados al presbiterio de la misma iglesia donde se puso una placa que dice : “ PRESBITERO PEDRO ESQUEDA, SACRIFICADO EL 22 DE NOVIEMBRE DE 1927”.

SANTA   MARIA   DE   JESÚS   SACRAMENTO   VENEGAS
Primera santa mexicana.  Fundadora de la Congregación de las “Hijas del Sagrado Corazón de Jesús”

Santa Maria de Jesús Sacramentado nació en un caserío muy cercano a Zapotlanejo, Jalisco, el 8 de septiembre de 1864.
Santa Maria de Jesús Sacramentado siempre sintió inclinación POR LA FE Y POR LOS NIÑOS . Decide dar clases a los pequeños, también toca las puertas del hospital del sagrado corazón, e ingresa como colaboradora el día de Hábeas en junio de 1910 hace votos privados de castidad, pobreza y obediencia.
En 1912 es nombrada vicaria hasta que en 1921 es nombrada superiora y escribe: “Jesús mío, grabad en mi corazón  los tormentos de vuestra pasión”.
Dios la bendice con visionesque ella no revela por humildad hasta que se le pregunto al respecto, a efecto de conseguir la aprobación pontificia del instituto. Valoraba mucho el don del sacerdocio y trataba a los sacerdotes con cariño. No busco la gratitud humana sino cumplir la voluntad de Dios. A los enfermos los quiso siempre y los atendía a toda hora. Dio ejemplo de limpieza orden y santidad. Una frase que decía a menudo era “ TODA DEVOCIÓN QUE IMPIDE LA OBLIGACIÓN, ES OCIOSA OCUPACIÓN”. La oración era la clave para ella, decía: orad siempre y refrendaba a Dios su compromiso: Señor en ti, por ti y para ti, delante de ti, por ti, por tu amor, para ti, para tu gloria.
El 30 de julio, en San Luis Potosí, entrega su alma a Dios a la edad de 94 años. Al día siguiente, fiesta de San Ignacio de Loyola, de quien era devota, se celebra el funeral. Sucede algo inesperado e increíble: su rostro se rejuvenece revelando una gran paz.
Maria de Jesús Sacramentado no fue mártir pero fue canonizada junto con los mártires mexicanos. El milagro reconocido para su canonización pertenece al Sr. Anastasio Ledezma Mora, que fue llevado al hospital del Sagrado Corazón para someterlo a una operación quirúrgica. Después de la anestesia, se manifestó un a lentitud cardiaca, que aumento gradualmente hasta finalizar en un paro total del corazón y de las arterias. En seguida se intentaron terapias de reanimación aunque en vano, por lo que el enfermo cayo en un coma profundo. Los médicos, enfermeros que estaban en el quirófano, así como la esposa del enfermo, y las hermanas ( Hijas del Sagrado Corazón) , invocaron  la intersección de la beata, Maria de Jesús Sacramentado, después de diez o doce minutos, las palpitaciones se restablecieron y mas allá de lo que los médicos se esperaban, el enfermo no sufrió ningún daño en el cerebro; a los pocos días fue sometido a una hemicolectomia con colostomia definitiva sin complicación alguna. Se tuvo como admirable la reanudación de los latidos del corazón gravemente interrumpidos.

SAN   JOSE   MARIA    YERMO   Y   PARRES
Fundador de la congregación de “ Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los pobres ”.

El 10 de noviembre de 1851 nació en la hacienda azucarera de Jalmolonga, distrito de Tenancingo, Edo. De México, día de su bautizo también, cincuenta días después su mama muere de una mordedura de víbora.
San José Maria termino su noviciado y sus estudios filosóficos y en consideración a sus dotes intelectuales lo enviaron a Paris para su formación teológica. En 1872 volvió a México y fue destinado por un tiempo a colaborar en las misiones populares en el Edo. De México. Fue llamado por el obispo Dr. Dn. Pelagio Antonio Labastida y Dávalos a colaborar con el, lo cual sirvió mucho para la misión que la Divina Providencia le tendría destinada.
A causa de su mala salud regresa a reponerse a la casa paterna, sin que significara tener vacaciones apostólicas, pues allí funda la asociación juvenil “ El Ángel de la Pureza” formulo un reglamento e impartía conferencias con el fin de formar  a los jóvenes en la autentica piedad y moral cristiana.
San José Maria se restablece y vuelve a la congregación de la Misión y se desempeña como prefecto de disciplina en el colegio de la Valenciana, en la Ciudad de Guanajuato, donde a la vez prosiguió sus estudios y en 1876 recibe las ordenes menores de manos de su tio el Obispo José de Jesús Diez de Sollano y Dávalos, primer obispo de Leon.
El 24 de agosto de 1879 se ordena sacerdote. Al día siguiente celebra su primera misa en la catedral de Leon. En esos días, San José Maria escribe:” El me hizo sacerdote para que mejor le ame y le sirva como a mi bondadoso Padre, para que mas fácilmente me santifique y sirva a mis hermanos mas desamparados.
Tu me has hecho sacerdote, Señor; por tu grande misericordia me has consagrado y constituido mediador entre ti y los hombres, con gracias y poderes inauditos; me has hecho ministro y ejecutor de tu voluntad que quiere que todos los hombres se salven. Yo, por tu amor y tu servicio lo he dejado todo, no permitas que mis infidelidades me separen de Ti. El Sacerdote no es del mundo ni debe pertenecerle haciéndose mundano. Debe ser un ejemplo luminoso para el mundo...”
 
El mismo San José Maria nos describe sus pensamientos : “A que nombramiento para puesto tan humilde hirió mi amor propio que mas se exaltaba con lo que me decían los amigos. Llegué a pensar en renunciar y así lo habría hecho si Dios nuestro Señor no me lo hubiera impedido por medio de un impulso secreto que me contuvo. ¡Que miserables somos los hombres y como no sabemos acatar las disposiciones divinas...!
A partir de este hecho, de este “ SI ” crusificante, comienza para José Maria una nueva aventura que constituye una emocionante etapa de su vida. Lo primero que hizo fue presentarse a sus feligreses y terminar la construcción del templo del calvario.
Un día del mes de agosto de 1885, el camino al templo de El Calvario, Dios le preparó a San José María una escena en la que su alma quedaría marcada de por vida. Vio a unos cerdos devorando a dos bebes recién nacidos que habían sido abandonados en las márgenes del río de los Gómez que atraviesa la ciudad de León. Su alma no quedo ajena y se sintió interpelado por Dios para salir al encuentro de las graves necesidades de los pobres. Inmediatamente se puso a trabajar y pensó en fundar un asilo y dejarlo bajo la responsabilidad de una comunidad religiosa. Escribió  a Francia para pedir a las Hermanitas de los pobres su colaboración, proyecto que no pudo fructificar con esa congregación, por lo que con ayuda del Dr. Rosendo Gutiérrez Velasco. Instalo en el cerro de El Calvario un asilo para mendigos ayudado por cuatro jóvenes aspirantes a la vida religiosa que fueron las primeras “ Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres”.
Los primeros en llegar fueron un numero de sesenta y constituían el sustrato de las capas inferiores de la sociedad leonesa: vagabundos, limosneros callejeros, enfermos y ancianos menesterosos. El año de 1885 llovió con fuerza y la ciudad se inundo; hubo muchos damnificados. Unos catres de campaña, que por inútiles fueron desechados por los soldados, fueron las primeras camas de los asilados. El comedor fue el mismo patio, hecho un lodazal. Junto al edificio viejo, se edifico uno nuevo, mas moderno, con todas las reglas de higiene y estética, con establecimientos educativos, talleres, patios, salones de recreo y jardines. El gobernador, al enterarse de la labor heroica de San José Maria exclamo: ¡ Es un gigante de la caridad¡ Y le nombro miembro de la junta de Socorros y de la comisión que se envió a México. Esto fue algo asombroso, pues el mismo gobernador había desatado una persecución religiosa unos meses antes. Las vocaciones llegaron a montones.
Poco a poco se fueron transformando esas almas en personas humanas dignas de respeto y de cariño pero ¿ a qué precio? Los gastos de la construcción de la obra y el mantenimiento de la gente fueron altísimos. San José Maria se echó a cuestas el compromiso de las deudas confiando plenamente en la Providencia de Dios e imitando el ejemplo de los santos. Él comenta: “ Yo quiero y busco dinero, es verdad, pero no lo quiero para mi, sino para los pobres a quienes me he consagrado... Yo quiero con toda mi voluntad seguir a Cristo pobre, mi amigo y mi señor, por donde Él quiera, sin limitación alguna. Si alguna vez llegare a no querer seguirte en pobreza, oprobio y sufrimiento, corrígeme Señor. Con todo mi corazón deseo ser fiel e inseparable amigo”.
Conoció a la directora de un colegio particular, la Señorita Amanda Andrade y Crivelli quien lo invita a celebrar en el colegio y lo recomienda con Don Joaquín Valdez  Caraveo que ofrece casa, alimentos y gastos para un asilo en la ciudad de Puebla. Este encuentro seria providencial. San José Maria reza, medita y hace rezar a las hermanas. Viendo que la divina providencia ha actuado decide enviar a algunas hermanas a Puebla. El Obispo de esta ayuda; en poco tiempo atiende a ciento veintidós personas. Mas adelante establece el noviciado en puebla y se nombra a una superiora general.
Por todas las dificultades que tuvo, dejo la diócesis de Leon y se encamino en la diócesis de Puebla en 1891, en donde es bien recibido y estimado. Continua con su misión. Funda nuevos asilos, hospitales, escuelas, horfanatorios. La congregación se extiende rápidamente en Puebla, Toluca y en otros lugares de México, pero san José Maria sufre porque la casa cuna del calvario se desprende de la congregación formando gobierno aparte e independizándose, sabe llevar con prudencia esta prueba de Dios y es hasta 1903 que vio unirse al tronco aquella rama desprendida.
En Puebla se dedica a la predicación, llegando en algunas ocasiones a dar siete sermones diarios en las diferentes iglesias de la cuidad. El fruto económico de sus sermones lo guarda para terminar de pagar las deudas que dejo pendientes en la ciudad de Leon.
En 1892 el obispo de Oaxaca presente a la Santa Cede la candidatura de San José María para obispo de Tehuantepec. Le encarga a San José Maria dos ponencias para el concilio provincial de Oaxaca. El renuncia al episcopado, envía las ponencias escritas, pero no acude.
En 1893 forma una sociedad anónima llamada “La Misericordia Cristiana” cuya finalidad principal era la regeneración de las prostitutas y su reintegración digna en la sociedad.
San José Maria tenia predilección por salvar a los pecadores mas empedernidos; convirtió a varios, inclusive a masones enemigos de la iglesia. Su método fue el siguiente: Primero les trataba con profundo respeto y cariño, luego les hablaba con franqueza, cuando se trataba de advertir sus errores. A un amigo suyo le escribió: “ Estimado amigo... perdóneme usted si en algo le molesto; atienda al que es el amigo y el sacerdote, que con este doble carácter le habla con libertad, porque se juzga con derecho a hacerlo. Los que se llaman amigos de Ud. Seguramente lo negarán; yo no debo hacerlo, pues obraría en contra de lo que me dicta mi conciencia, y en este caso me juzgo mas amigo de usted que ellos... Ahora es tiempo de remediar los males. Dios le espera y le habla a Usted al corazón por mi conducto. ¿ Se hará usted sordo? Estoy dispuesto a ayudarlo y hasta hacer cualquier sacrificio en este sentido...
San José Maria convierte a un gran maestro masón, para ello los guardias fueron narcotizados por los médicos y por una ventana entra y reconcilia al moribundo.
Unos días después llega uno de los guardias, San José Maria se asusta pero contesta la pregunta “ ¿Estuvo Usted el martes pasado...? Con un sí rotundo. El guardia quería confesarse y resulto ser el tristemente celebre perseguidor general España. Convierte a la familia Blumenkron de raza y religión judía. Cuando un pecador se negaba a reconciliarse, San José Maria rezaba y hacia rezar a sus religiosas; la reconciliación tenia lugar tarde o temprano.
Su celo apostólico también abarco al clero mexicano, quizá porque sabia lo que significaba ser parte de el. Fundo una revista llamada “El reproductor eclesiástico mexicano” allí se transcribían los documentos pontificios y las noticias eclesiales de América Latina y de la Republica       Mexicana.
Nuevamente en su ultimo año de vida sufrió una gravísima calumnia: Una de las mujeres de moral distraída  dijo haber tenido relaciones sexuales con el, y que como producto de esas relaciones ella tenia un hijo suyo. Le ordenan no confesar mas a las religiosas.
 El licenciado Pérez Marín miembro del tribunal consigue el acta de bautismo donde aparece el nombre del verdadero padre ( Gonzalo Lucuona) que una década antes se parto a Petra Lomelin y tuvo con ella al hijo. Años después el propio niño confeso que se había cambiado el apellido por gratitud a José Maria. San José Maria escribe al respecto: “ La buena fama y el honor me son necesarios para servir a Dios en estado sacerdotal, es indudable y Dios lo sabe mucho mejor que yo; por lo tanto, no pierdo la paz, estoy y quiero estar indiferente. Si El me quita, sin mi culpa, así será su voluntad y ese será el modo como El quiere que lo sirva”
Una ulcera estomacal, llevo a San José Maria a la muerte a la edad de 52 años. Sus ultimas palabras fueron : “ Me voy al cielo” y después del canto del “ Ave Maris Estella” dejo esta tierra de dolor el 20 de septiembre de 1904 en la ciudad de puebla. En la procesión del entierro Ana Maria Tamariz se encomienda a San José María – era paralítica desde hacia mucho tiempo y la ciencia nada había podido hacer por ella- al pasar la procesión se sintió repentinamente curada y en gratitud mando dinero a la misión de la cierra Taraumara.
Los restos de San José Maria descansan en la capilla de la casa central de las siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres en la Ciudad de Puebla de los Ángeles, 3 poniente 1512.
La espiritualidad de San José Maria es esencialmente cristo céntrica y apostólica.
El servicio apostólico vivido con total disponibilidad a la voluntad de Dios son puntos básicos de su entrega. La caridad fue siempre su rasgo distintivo como lo expreso en alguna ocasión: Caridad, caridad siempre y con todos, especialmente con los que me buscan algún mal, cueste lo que costare, aunque fuese la misma vida. Siempre busco hacer la voluntad de Dios siendo fiel hasta la muerte; fue humilde, de oración constante, y de pobreza evangélica vivida con gran sencillez. ¡ San José Maria de Yermo y Parres, ruega por nosotros ante Dios para que, al igual que tú, seamos capaces de hacer apostolado por las almas mas necesitadas, seamos la caridad vivida al extremo, sepamos hacer la voluntad divina, aun en medio de mil dificultades, persecuciones y calumnias, y que nos abandonemos en la Divina Providencia para que con su ayuda sigamos haciendo apostolado.
¡Ruega también por las prostitutas para que se regeneren y por los pobres mas pobres, especialmente aquellos en cuya alma no reina Cristo!
Dios Padre todo poderoso, rico en misericordia, que encendiste en el corazón de José Maria de Yermo y Parres, presbítero y fundador, una amor ardiente a favor de los pobres y desamparados, concédenos que, a ejemplo suyo, descubramos en cada hermano el rostro de Cristo tu hijo, y, lleno de caridad evangélica, no pongamos al servicio de nuestros hermanos. Por Nuestro Señor Jesucristo, Amen.

El Papa Juan Pablo II lo beatifico durante su segunda visita a México. En aquella ocasión se refería a Él con estas palabras: “ La gracia del Espíritu Santo resplandece también hoy en otra figura que reproduce los rasgos del Buen Pastor: El  padre José Maria de Yermo y Parres. En Él están delineados con claridad los trazos del autentico sacerdote de Cristo, porque el sacerdocio fue el centro de su vida y la santidad sacerdotal su meta. Su intensa dedicación a la oración y al servicio pastoral de las almas así como su dedicación especifica al apostolado entre los sacerdotes con retiros espirituales, acrecentó el interés por su figura.
Apóstol de la caridad, como le llamaron sus contemporáneos, el padre José María unió al amor a Dios el amor al prójimo, síntesis de la perfección evangélica, con una gran devoción al Corazón de Jesús y con un amor particular hacia los pobres. Su celo ardiente por la gloria de Dios lo llevaba también a desear que todos fueran auténticos misioneros.
Su lema ¡Dios proveerá¡ Representa una feliz síntesis del programa de vida querido y actuado por el siervo de Dios en plena rectitud de intención y profundo espíritu sobrenatural. En este contexto no se ha dejado de poner en justo relieve la actualidad de la presente Causa.
José María de Yermo y Parres es una figura excepcional de sacerdote y de apóstol. Su apertura hacia las necesidades humanas hace de él un precursor del apostolado de nuestros tiempos, no sólo dentro de la iglesia mexicana y latinoamericana, de la cual el Siervo de Dios es una de las figuras más representativas del inicio del siglo XX, sino de todo el moderno ambiente de evangelización. 

 


ELLAS EN LA HISTORIA


LA MUJER EN LA CRISTIADA
Por Samuel Pro
La participación de las mujeres en la historia de México no ha sido suficientemente estudiada. En el número anterior de ITEM presentamos a las Hermanas de la Caridad, mujeres valerosas que les tocó vivir y sufrir los estragos de la Guerra de Reforma; hoy hablaremos de las que figuraron en el conflicto cristero de 1926.
Lejos de estar motivadas por una actitud revanchista hacia los hombres, o por demostrar que se estaba en igualdad de condiciones en relación al sexo masculino, fue una participación que afectó lo más profundo del sentir femenino: su religión y su fe. El grado de acción que las marcó fue el grado en que sentían afectada su catolicidad.


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HERMANAS QUEZADA

Otro aspecto digno de ser rescatado es aquél que nos muestra cómo la lucha de las mujeres en el conflicto cristero distaba mucho de ser una lucha vindicativa de los derechos femeninos. No, las mujeres que tomaron parte en el conflicto no se limitaron a un estrato social determinado, conjuntó a mujeres de todos los niveles sociales, desde las clases populares hasta las señoritas más distinguidas de la sociedad tapatía. Todas y cada una fueron actoras principales en un sinfín de acciones diversas.
Agustín Vaca en su obra “Los silencios de la historia: las Cristeras”, cita la declaración de Virginio García Cisneros, “jefe civil cristero de Colima, quien no vaciló al decir que no es mucho insistir en el hecho de que todo lo bueno que se pudo hacer, para ayudar al Ejército Cristero, se debió exclusivamente a las Brigadas Femeninas”1.
Testimonios como éste encontramos muchos en la literatura historiográfica y novelada sobre el tema cristero.
En la misma obra se hace un reconocimiento a las féminas: ...“Lo que no puede callarse es el denuedo y heroicidad de las señoritas de la mejor sociedad (que llevaban) grandes cantidades de parque a los libertadores”2.
La valiosa participación femenina en la guerra cristera fue determinante para que el ejército de Cristo Rey lograra importantes triunfos que estuvieron a un paso de lograr una victoria contundente y definitiva en contra del gobierno callista.
Pero, ¿quiénes eran estas mujeres?
Si hablamos de números Agustín Vaca en su obra ya citada nos habla de que “las tropas cristeras estaban conformadas aproximadamente de 24,650 a casi cincuenta mil efectivos”3 y nos señala una cifras de 25 mil mujeres que participaron en el movimiento. Él mismo (Vaca) aclara que la cifra de 50 mil se reparte en “más de 20,000 hombres armados y otros tantos sin armas”4, luego entonces las 25 mil mujeres participantes forman parte del contingente no armado.
Pero trataremos de personalizar, no obstante las cifras anteriores, cuando buscamos nombres o referencias concretas las cantidades disminuyen. Esto tiene su explicación en que la participación femenina en el conflicto está impregnada de un gran fervor por defender la fe y religiosidad del pueblo mexicano, no buscaban por tanto, destacar como heroínas y mucho menos alardear de grandes victorias. Solamente las movía el celo por la gloria de Dios, por tanto la actividad de la mujer en la guerra cristera fue una acción oculta, una acción humilde, pero grandiosa.

ACTIVIDADES:
Proveían de parque, armas, alimentos y alojo a los perseguidos. Además preparaban servicios de información, correo, mediación y claro no dejaban de sufrir en carne propia muchas de ellas, el martirio, la vejación y la muerte en grado oculto, pero heroico.
Habrá que tomar en cuenta también que no se encuentra mayor información escrita sobre hechos concretos acerca de la participación de la mujer en la cristiada, debido fundamentalmente al ocultamiento y destrucción de los testimoniales y documentales que dieron cuenta de los hechos.
Bástenos finalmente, reconocer en esta ocasión a todas y digo a todas las heroínas de la Guerra Cristera, mencionando algunos nombres y relatando algunos sucesos de su gloriosa participación en acciones donde peligraba su vida, y lo más preciado para ellas, su honor.


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Doña Petra Carbajal

Nombres como Petra Cabral, María Carmen Robles, María Natividad García González, María Margarita Robles, María de los Santos Gutiérrez, Clara Durón de Quezada y sus hijas Alberta, Felícitas y Felipa.
Militantes de las Bri adas Femeninas de Santa Juana de Arco (BB) como: María Dolores Bernal, María Inés Vázquez, María Guadalupe Martínez, Dolores Vizcarra, Mercedes Ayala, quien por sólo pertenecer a las B.B. fue enviada a las Islas Marías. ¡Y muchas más, pero muchas más!
Para muestra basta un botón.
El 4 de agosto de 1926, a las dos de la tarde, se presentaron en la sacristía de la iglesia parroquial de Cocula, las autoridades civiles y judiciales: Señor Francisco Ixtláhuac, Presidente municipal, el Sr. Lic. Roberto Cedano (joven recién titulado) Juez de la 1a.Instancia; Sr. Eduardo Cárdenas, Agente del Ministerio Público; y el Secretario, señor Salvador Rodríguez. Los recibió el señor Pbro. D. Francisco Aréchiga Brambila en representación del señor cura D. Manuel M. González, por quien preguntaron. El Juez, señor Lic. Cedano, manifestó al padre Aréchiga su cometido. En cumplimiento de la “Ley Reglamentaria de Cultos”, serían inventariadas todas las imágenes y todos los objetos de la iglesia, y de ésta (de la iglesia) se encargaría una junta de vecinos, etcétera.
No acababa el juez de manifestarle al padre Aréchiga lo anterior, cuando súbitamente, por la puerta lateral del claustro, irrumpió un grupo de mujeres, más de cincuenta, que estaban en la iglesia rezando sus ejercicios piadosos, pues se dieron cuenta de la presencia de las autoridades, y en actitud resuelta y amenazante los increparon a todos ellos:
“¿Qué quieren con el Padre? Creían que apresarían al Padre.
Primero nos matan “si pueden” a todo el pueblo antes de apresar al Padre ni a ninguno de nuestros sacerdotes...”.
El Juez, sorprendido por la actitud amenazante de las mujeres, pretendió explicar su comisión, pero no lo dejaron hablar; mas el Padre logró calmarlas un poco y les explicó el cometido del juez, y más y más indignadas protestaron amenazantes por la intrusión del gobierno en los asuntos religiosos.
La ilustrada y valiente profesora, señora Benita Tortoledo de García, jefe del sector femenino de la U.P. (Unión Popular) impuso silencio a la multitud, increpó enérgicamente al Juez, y dijo:
“El odioso tirano Calles no tiene ningún derecho legal en nuestros templos, en nuestras imágenes, ni en nuestros cultos. No respetamos ni obedeceremos esa farsa de leyes tiránicas a nuestra religión... Lárguense ustedes de aquí, si no les pesará...”5
El caso de María Guadalupe Martínez, “brigadista que actuaba bajo el nombre de Teresa”, describe “un cuadro completo de los tormentos corporales que se le infligieron al ser aprehendida”.6


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María Natividad González (La Generalita)

“Cayó sobre su cuerpo como una lluvia de granizo, ya a palos, ya con el puño y aun con el sable, aquellos desalmados que se cebaron sobre su víctima... uno de ellos le clavó sus famélicos dientes junto al cuello de la joven que al sentirse mordida por aquel perro rabioso, sacó de sus trenzas una horquilla y la hundió en el ojo del sicario. Luego otro de ellos la azotó con la caja del parque ocasionando que Teresa cayera casi exánime, pues ya tenía la cara completamente lacerada, sus ojos enrojecidos, su nariz y sus labios arrojaban sangre a borbotones y no tuvo más tiempo que para lanzar un grito desgarrador y lleno de sublime fe, diciendo. “Virgen de Guadalupe, sálvame”.7
Otro relato impresionante, sin duda, es el de Zenaida Llerenas que fue hecha prisionera en noviembre de 1920.
“Fue amenazada con la muerte; más aún, con la infamia”.
“Tu orgullo, dice el General (Charis) lleno de cólera al ver que la jovencita cerraba sus labios y nada declaraba, está en que eres virgen; pero si insistes en tu silencio, te entregaré a estos soldados en este mismo momento.
Y mientras ellos con diabólicas risotadas, aplaudían la proposición, General, dice ella, ¿esa es la honra de un militar? Bella honra deberá tener, si así sabe castigar tiene usted sus armas, prefiero la muerte.
Y el Señor salvó a su virgen; los soldados no la tocaron y el General salió de la prisión”.8
Y así se pueden contar quizás miles de relatos que los más se guardaron en la memoria de los que ahora ya no existen y que por lo tanto es difícil recobrar.
Basta con saber que fue la mujer factor clave, importantísimo en este glorioso episodio de nuestra historia patria; tanto más admirable y valiosa porque no está plasmada en placas con suntuosas frases, o en soberbios monumentos, sino en el sentir del pueblo, quien finalmente recibió las influencias benéficas de estas luchadoras de Cristo Rey.

Texto enviado por nuestro amigo Abraham Hernández, de Monterrey  Nuevo León, México

 


Expulsar la fe de la vida, raíz de las persecuciones contemporáneas

Pbro. Fidel González, autor del libro México, tierra de mártires

Un historiador no puede dejar de preguntarse cuál es la raíz de las persecuciones contra la Iglesia, sobre todo a partir de la época ilustrada en el siglo XVIII. A nuestro parecer, la respuesta que podría ser documentada con hechos acaecidos en sitios particulares, debería ser ésta: la tentativa de expulsar la fe de la vida, en la edad moderna y contemporánea, va al paso con la pretensión del Estado de dirigirse como criterio de moralidad total, bajo diversas formas y como medida única de la libertad concedida al hombre.
Más concretamente, a partir de la Paz de Westfalia de 1648, la necesidad de una convivencia pacífica entre los Estados europeos de confesiones cristianas diversas, ha llevado a eliminar de hecho la fe cristiana confesada de la vida internacional.
A continuación, el Estado mismo se autoproclamará única forma global y totalizadora de la vida humana, de las relaciones y de la sociedad, eliminando cualquier otro punto de referencia.
En los últimos milenios, sobre todo en la historia del mundo occidental, se han visto sucederse tres sistemas estatales: El Estado patrimonial, o sea el feudalismo; el Estado absolutista, concentrado en las manos del soberano; y el Estado constitucional, fundado sobre la división de poderes y sobre la participación teórica de los ciudadanos primero y del pueblo después.
Al final, emerge una nueva concepción totalitaria e inmanentista del Estado en sus diversas formas, característica tanto de los regímenes de tipo comunista, como de los de tipo nazista.
El concepto de Estado
Según la concepción absolutista, el Estado no es la expresión de la sociedad, sino propiedad de quien está en el poder, para quien la «razón de Estado», el proyecto que se tiene sobre el hombre, sobre la sociedad que está al servicio del mismo, es la razón última de todo tipo de moral y de intervención en la vida social y en la vida humana.
Podría parecer que el absolutismo antiguo fue superado definitivamente con la Revolución Francesa, pero no es así: el Estado más bien ha asumido nuevas formas estatalistas: «La razón de Estado es la norma de la acción política, la ley motriz del Estado. Ella dice al hombre de gobierno lo que debe hacer para conservar el Estado vigoroso y fuerte».
Para el hombre de Estado, la norma de «actuar según una responsabilidad moral» cede frente a la norma de «actuar según el instinto de potencia». Y el instinto de potencia lleva al imperialismo estatal. Es fácil captar la derivación maquiavélica de la «razón de Estado», pero también es fácil prever a qué consecuencias habría llevado este terrible juego de los imperialismos estatales europeos, desde el momento en que la política descuida los reclamos de los principios cristianos y de la ley moral.
También en este campo la Iglesia ha demostrado una vez más, ser la única realidad que ha defendido a la persona, a la libertad del hombre y a la libertad de la sociedad frente a todo sistema totalitario.
Por esto, estas formas o ideologías de Estado tienden a eliminar radicalmente la experiencia cristiana de la vida individual y social, en cuanto que no meramente quieren doblegar a la Iglesia al propio sistema o insertarla en esta concepción del Estado –como algunos pudieron pensar en 1500 o en 1600–, sino que proyectan su desaparición de la faz de la Tierra, como el único elemento que contradice radicalmente esta concepción del Estado.
México no fue la excepción
Esta ideología persecutoria se puede comprobar en los casos de las persecuciones inauguradas por la Revolución Francesa, como en el caso de México y de numerosos países de América Latina; las graves hostilidades en Portugal desde principios del siglo XX o en la España de los años 30. Son más conocidas las persecuciones instigadas por los nazis y los diversos regímenes comunistas en la Unión Soviética o en otros países de esta ideología, y durante la Segunda República española.
Por tanto, de aquí en adelante se proyecta la desaparición de la Iglesia, se quiere construir un nuevo orden, y para esto hay que desarraigar el “hecho cristiano” de la historia. Es verdad que la primera tentativa de este Estado es la Revolución Francesa, con sus medidas explícitamente anticristianas (como la creación de un nuevo calendario en el que se cancelaba totalmente la memoria cristiana; la creación de una nueva religión racionalista y deísta obligatoria, y enseguida, de un nuevo carácter naturalista con un sistema de culto y de prácticas religiosas propias; los diversos juramentos introducidos de rechazo a la religión católica; la apostasía exigida a los eclesiásticos...).
La revolución, por consiguiente, produjo numerosos mártires cristianos, sobre todo sacerdotes y religiosos. A partir de este evento histórico, encontraremos continuamente tentativas similares, hasta nuestros días.
Los Mártires Mexicanos
En México, durante aquellos años de odio perseguidor (1926-1929) dieron su vida por la fe católica numerosos fieles y sacerdotes, religiosos y religiosas. Fueron todos asesinados por las autoridades del Estado, sin juicio alguno. Casi todos fueron torturados y ejecutados en el mismo lugar de su detención, alevosamente, durante la noche, por miedo a la reacción popular. En algunos casos la ejecución fue pública y bárbara, para amedrentar y escarmentar a los fieles. Los sacerdotes murieron exclusivamente por ejercer su Ministerio. Eran conscientes de que el ejercicio del Ministerio Sacerdotal los condenaba a una muerte segura. Pudieron huir, como algunos hicieron, pero muchos prefirieron permanecer en sus parroquias o volver a ellas si habían sido expulsados, para alimentar la fe de los cristianos y sostenerlos en su adhesión al Papa y a la Iglesia.
Estos sacerdotes exponían a diario su vida para impartir los Sacramentos de la Santa Iglesia, sobre todo celebrando la Eucaristía y visitando en sus domicilios a los enfermos o los perseguidos.
Celebraban la Eucaristía en las casas particulares, conocían uno a uno a sus feligreses, quienes los acogían poniendo en peligro sus vidas al reconocer en estos sacerdotes la presencia confortadora de Jesucristo.
Eran sacerdotes y cristianos normales. Lo que llama la atención en su vida es la conciencia que tenían de su pertenencia a Cristo y a su Iglesia, vivida en la dura cotidianidad, como se vive perteneciendo a un acontecimiento siempre presente.
Alimentaban esta conciencia con una vida de entrañable comunión eclesial. Todos mostraban un amor profundo a Jesucristo, bajo los varios aspectos en los que su Ministerio se manifiesta: la Santa Misa, la Presencia Eucarística; el Corazón de Jesús; a Cristo Rey.
Como en la Iglesia primitiva
Fueron hombres y mujeres del pueblo, y el pueblo cristiano los reconoció inmediatamente como suyos; los proclamó mártires en el mismo momento de su ejecución y sin temor a manifestar su fe ante los tiranos, como lo demuestran sus sepulturas y la recogida de sus reliquias y de su sangre misma, hechos que recuerdan los martirologios de la Iglesia primitiva.
En los días aciagos de la persecución en México, muchos católicos se levantaron en armas para defender los derechos humanos, no sólo el de la libertad religiosa. Pero estos mártires, sin ignorar el heroísmo de sus hermanos, no tomaron el camino de las armas, no hablaron mal y en contra de nadie. Se dedicaron por completo a sostener en la fe a sus hermanos, imitando al Buen Pastor.

 


INIQUIS AFFLICTISQUE


ENCÍCLICA DE S.S. PÍO PAPA XI
Sobre la persecución religiosa en México
A LOS VENERABLES HERMANOS, PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, OBISPOS Y DEMÁS ORDINARIOS, EN PAZ Y COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA.
DE LAS TRISTISIMAS CONDICIONES DEL CATOLICISMO EN LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS
LOS VENERABLES HERMANOS, PATRIARCAS, PRIMADOS, ARZOBISPOS, Y OBISPOS Y DEMÁS ORDINARIOS, EN PAZ Y COMUNIÓN CON LA SEDE APOSTÓLICA. PÍO-PAPA- XI
VENERABLES HERMANOS, SALUD Y BENDICIÓN APOSTÓLICA:


A fines del año pasado, hablando en el Consistorio al Sacro Colegio de Cardenales, hicimos notar que no podía esperarse fundamente, alivio alguno a las tristes e injustas condiciones en que se hallaba la Religión Católica en México, sino de “un auxilio especial de la Misericordia Divina”; y vosotros no tardasteis en secundar Nuestro pensamiento y Nuestros Deseos, muchas veces manifestados, exhortando a los fieles confiados a vuestros cuidados Pastorales a mover con fervorosas oraciones al Divino Fundador de la Iglesia para que pudiese remedio a tan grandes y acerbos males. A tan grandes y acerbos males, hemos dicho, pues, contra nuestros carísimos hijos mexicanos otros hijos desertores de la milicia de Cristo y hostiles al Padre común de todos, han movido hasta ahora y mueven todavía una despistada persecución. Es cierto que en los primeros siglos de la Iglesia y en tiempos posteriores, se ha tratado atrozmente a los cristianos; pero, quizá no ha acaecido en lugar ni tiempo alguno, que un pequeño número de hombres, conculcando y violando los derechos de Dios y de la Iglesia, sin algún miramiento a las glorias pasadas, sin ningún sentimiento de piedad para con sus conciudadanos, encadenarán totalmente la libertad de la mayoría con tan premeditadas astucias, enmascaradas con apariencia de leyes. No queremos pues, que a vosotros y a todos los fieles, falte un solemne testimonio de Nuestra gratitud por las preces privadas o por las solemnidades públicas hechas con este fin. Pero, importa mucho que estás súplicas, empezadas con tanto provecho, no sólo no disminuyan, sino antes bien, continúen con fervor aún más intenso: pues el regular las vicisitudes de las cosas y de los tiempos y el cambiar los juicios y las voluntades de los hombres, encaminándolos al bien de la sociedad civil, no está en poder del hombre, sino de Dios, único que puede asignar un término cierto a semejantes persecuciones. No os parezca, empero, Venerables Hermanos, haber ordenado en vano tales plegarias, viendo que el Gobierno de México en su odio implacable contra la Religión ha continuado aplicando con dureza y violencia aún mayores sus inicuos decretos; porque en realidad, el Clero y la multitud de los fieles, socorridos con más abundantes efusiones de la gracia Divina en su paciente resistencia, han dado tan ejemplar espectáculo, que merecieron con todo derecho, que Nos, en un Documento solemne de nuestra Autoridad Apostólica, los propusiéramos como ejemplo ante los ojos del mundo católico. El mes pasado con ocasión de la beatificación de numerosos mártires de la Revolución Francesa, Nuestro pensamiento volaba espontáneamente a los católicos mexicanos, que como aquellos se mantienen firmes en el propósito de resistir pacientemente a la arbitrariedad y al poderío extraño, antes que separase de la unidad de la Iglesia y de la obediencia a la Sede Apostólica. ¡OH gloria verdaderamente ilustre de la Divina Esposa de Cristo, que siempre en el curso de los siglos, puede contar con hijos tan nobles y generosos, prontos por la santa libertad de la fe, a la lucha, a los padecimientos y a la muerte!
Al narrar las dolorosas calamidades de la Iglesia Mexicana, Venerables Hermanos, no empezaremos desde muy atrás. Basta recordar que las frecuentes revoluciones de estos últimos tiempos, dieron lugar generalmente a trastornos y persecuciones contra la religión; como en 1914 y 1915, cuando hombres que parecían tener aún algo de la antigua barbarie, se enfurecieron contra el clero secular y regular, contra las vírgenes sagradas, y contra los lugares y objetos destinados al culto, de modo tan despiadado, que no perdonaron injuria, ignominia ni violencia alguna. Más tratándose de hechos notorios, contra los cuales públicamente levantamos Nuestra protesta, y de los cuales habló largamente la prensa diaria, no es ésta la ocasión de alargarnos en deplorar que estos últimos años sin miramiento a razones de justicia, de lealtad y de humanidad, los Delegados Apostólicos enviados a México, hayan sido, uno arrojado del territorio mexicano, otro impedido de volver a la nación de donde había salido por breve tiempo por motivos de salud, y un tercero, no menos hostilmente tratado y obligado a retirarse. Tal modo de obrar -aun sin tener en cuenta que ninguno como aquellos ilustres personajes, hubiera sido tan apto negociador y mediador de la paz,- a nadie se oculta cuán deshonroso haya sido, así para su dignidad Arquiepiscopal y su honorífico cargo, como especialmente para Nuestra autoridad por ellos representada.
Hechos son éstos, dolorosos y graves, pero los que vemos a añadir, venerables hermanos, son tan contrarios a los derechos de la Iglesia, como el que más, y mucho más dañoso a los católicos de aquella nación. Examinemos ante todo las leyes dadas en 1917, que llaman Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Por lo que se refiere a nuestro asunto, proclamada la separación del Estado y de la iglesia, a esta como a persona despojada de todo honor civil, no se le reconoce ya derecho alguno y le esta prohibido adquirirlo en adelante; mientras se da facultad a las autoridades civiles de entrometerse en el culto y en la disciplina externa de la Iglesia. Los sacerdotes son considerados como profesionistas u obreros, pero con esta diferencia: que sólo deben ser mexicanos por nacimiento, y no exceder el número establecido por los legisladores de cada uno de los Estados políticos y civiles igualándolos en esto a los malhechores y a los dementes. Se prescribe además, que en unión de una comisión de diez vecinos, los sacerdotes deben informar al Presidente Municipal de su toma de posesión de un templo, o de su translación a otra parte. Los votos religiosos, las órdenes y congregaciones religiosas no están permitidos excepto en el interior de los templos y bajo la vigilancia del Gobierno; se decreta que los templos son propiedad de la Nación; los Palacios Episcopales, las casas curales, los seminarios, las casas religiosas, los hospitales y todos los institutos de beneficencia, quedan arrebatados al dominio de la Iglesia. Esta no retiene dominio sobre cosa alguna; cuanto poseía al tiempo de ser aprobada la ley, pasa a ser propiedad de la Nación, concediéndose a todos acción para denunciar los bienes que se consideran poseídos por la Iglesia, mediante otra persona, y bastado según la Ley, para dar fundamento a la acción, la simple presunción. Los sacerdotes quedan incapacitados para adquirir por testamento, excepto en los casos de estricto parentesco. Ningún poder se reconoce a la Iglesia en cuanto al matrimonio de los fieles, y este sólo se juzga válido según el derecho civil. La enseñanza, es verdad, se proclama libre, pero, con estas restricciones: se prohíbe a los sacerdotes y a los religiosos, abrir o dirigir escuelas primarias y se destierra absolutamente la religión de la enseñanza, aún privada, que se dé igualmente no se reconoce efecto legal alguno a los diplomas de estudios obtenidos en las escuelas y colegios dirigidos por la Iglesia.
Verdaderamente, venerables hermanos, que aquellos que aprobaron, y dieron su sanción a dichas leyes, -o ignoraban que compete por derecho divino a la Iglesia, como Sociedad perfecta, fundada por Jesucristo, Redentor y Rey para la salvación común de los hombres, la plena libertad de cumplir su misión, (aunque parece increíble tal ignorancia después de veinte siglos de cristianismo en una Nación católica y entre hombres bautizados), -o más bien, en su soberbia y demencia, creyeron que podían disgregar y echar por tierra “La casa del Señor, sólidamente construida y firmemente apoyada sobre la roca viva”, -o por último, estaban poseídos de un ciego furor de dañar de todas las maneras posibles a la Iglesia.
Ahora bien, después de la promulgación de leyes tan perjudiciales y odiosas, ¿cómo habrían podido callar los Arzobispos y Obispos de México? Por esto, prontamente protestaron en una carta serena, pero enérgica; protesta ratificada después por nuestro inmediato predecesor, apoyada colectivamente por el Episcopado de algunas naciones e individualmente por la mayor parte de los Obispos de otras regiones: protesta confirmada por Nos mismo el dos de febrero de este año, es una carta de aliento dirigida a los Obispos Mexicanos. Esperaban éstos que los hombres del Gobierno, calmados poco a poco los ánimos, comprenderían a la casi totalidad del pueblo, a causa de aquellos artículos de la ley que restringían la libertad religiosa, y que, no aplicarían ninguno o casi ninguno de dichos artículos, y se llagaría entre tanto a un “modus vivendi” tolerable. Pero no obstante que, obedeciendo a sus Pastores, que los exhortaban a la moderación, se ha llegado a perder toda esperanza de volver a la calma ya la paz, el Clero y el pueblo han dado muestras de inagotable paciencia.
En efecto, a causa de la ley promulgada por el Presidente de la República el dos de julio de este año, va casi no ha quedado libertas ninguna a la Iglesia en aquellas regiones; y el ejercicio del ministerio sagrado se ve de tal manera impedido que se castiga, como si fuese un delito capital con penas severísimas. Es increíble, Venerables Hermanos, cuánto Nos entristece esta grande perversión del ejercicio de la autoridad pública. Cualquiera que venere, como es su obligación, a Dios, Creador y Redentor nuestro amantísimo, cualquiera que desee obedecer a los preceptos de la Santa Iglesia, ¿deberá ser por esto, por esto sólo decimos, considerado como culpable y malhechor? ¿Merecerá ser por esto privado de los derechos civiles? ¿Deberá ser encarcelado en las prisiones públicas con los criminales? ¡Oh! Cuán justamente se aplican a los autores de tales enormidades, las palabras de Nuestro Señor Jesucristo a los príncipes de los Judíos: “ésta es vuestra hora y el poder de las tinieblas”. (Luc. 22-53). Verdaderamente esta última ley, más bien que interpretar como se pretende, a la antigua, la hace pero y mucho más intolerable, y el Presidente de la República y sus Ministros aplican una y otra con tal encarnizamiento, que no toleran que algún magistrado o comandante militar, modere la persecución contra los católicos.
Y a la persecución se ha añadido el insulto. Se suele poner en ridículo a la Iglesia, ante los ojos del pueblo, ya en el Congreso, con imprudentes mentiras, mientras se impide a los nuestros con silbidos y con injurias, hablar en contra de los calumniadores; ya por medio de periódicos, enemigos declarados de la verdad y de la acción católica. Pues si al principio podían los católicos intentar en los periódicos alguna defensa de la Iglesia, exponiendo la verdad o refutando los errores, ahora no se permite ya a éstos ciudadanos tan sinceramente amantes de la Patria, levantar la voz ni siquiera para lamentarse estérilmente, en favor de la libertad de la fe de sus padres y del culto divino. Pero, Nos movidos por la conciencia de nuestro deber apostólico, clamaremos muy alto, para que todo el mundo católico sepa del Padre común, cuál ha sido por una parte la desenfrenada tiranía de los adversarios, y cuál por otra la heroica virtud y constancia de los Obispos, de los sacerdotes, de las familias religiosas y de los seglares.
Los sacerdotes y religiosos extranjeros han sido expulsados; los colegios destinados a la instrucción cristiana de los niños y de las niñas, han sido clausurados por llevar algún nombre religioso, o porque poseían alguna estatua o imagen sagrada; han sido clausurados igualmente muchos seminarios, escuelas, conventos y casas anexas a las Iglesias. Casi en todos los Estados ha sido restringido y fijado en su minimum el número de sacerdotes dedicados a ejercer el ministerio sagrado. Y aun éstos, no lo pueden ejercitar, si no se inscriben ante las autoridades u obtienen de ellos el permiso. En algunas partes se han puesto tales condiciones al ejercicio del ministerio, que si no se tratase de cosa tan lamentable, moverían a risa; como por ejemplo, que los sacerdotes deben tener determinada edad, estar unidos por el llamado matrimonio civil, y no bautizar sino con agua corriente. En uno de los Estados de la federación, se decreto que no hubiese más que un Obispo dentro de los confines de ese Estado, por lo cual sabemos que dos Obispos tuvieron que salir desterrados de sus propias Diócesis. Obligados por las circunstancias, otros Obispos tuvieron también que alejarse de su propia Sede; algunos fueron llevados a los tribunales: varios fueron arrestados y los demás están a punto de serlo.
A todos los mexicanos que atendían a la educación de la infancia o de la juventud, o que ocupaban otros puestos públicos, se les obligó a que respondiesen si estaban conformes con el Presidente de la República y si aprobaban la guerra hecha a la Religión Católica; y fueron obligados, para no ser cesados en su empleo, a tomar parte juntamente con los soldados y los obreros, en una manifestación organizada por la Unión socialista llamada Confederación Regional Obrera Mexicana. Esta manifestación que desfilo por la Ciudad de México, y otras ciudades el mismo día, y que terminó con impíos discursos al pueblo, tenía por objeto el dar su aprobación con los gritos y aplausos de los asistentes, a las contumelias y afrentas hechas a la Iglesia, por el mismo Presidente.
Y no se detuvo aquí la saña cruel de los enemigos. Hombres y mujeres que defendían la causa de la Religión y de la Iglesia, de viva voz o distribuyendo hojas y periódicos, han sido llevados a los tribunales, y puestos en prisión. Han sido puestos en la cárcel cabildos enteros de canónigos, transportando en camilla a los ancianos; han sido impíamente asesinados sacerdotes y seglares en las calles y en las plazas y delante de las Iglesias. ¡Quiera dios que los que tienen la responsabilidad de tantos y tan graves delitos, entren por fin dentro del, y recurran con arrepentimiento y con llanto, a la misericordia de Dios ¡estamos persuadidos que ésta es la venganza nobilísima que nuestros hijos únicamente asesinados piden ante Dios para los que les dieron la muerte!
Creemos ahora conveniente, venerables hermanos, exponernos con brevedad de que modo han resistido Los Obispos, sacerdotes y fieles de México, oponiendo una muralla en defensa de la Casa de Israel, y permaneciendo firmes en la lucha (Ezeq. 13-5). No podíamos dudar que los Obispos intentarían unanimente los medios a su alcance para defender la libertad y la dignidad de la Iglesia. En efecto, divulgaron una a Carta Pastoral Colectiva al pueblo, en la que después de demostrar hasta la evidencia que el Clero se había mostrado siempre amante de la paz, prudente y paciente con los Gobernantes de la República, y harto tolerantes de las leyes poco justas; amonestaron a los fieles, -explicándoles y exponiéndoles la doctrina de la Constitución Divina de la Iglesia, -que debían perseverar en la Religión Católica, “obedeciendo a Dios antes que a los hombres”, (Act. 5-29) siempre que se impusieran leyes no menos contrarias al concepto mismo y nombre de Ley, que repugnantes a la Constitución y a la vida misma de la Iglesia. Promulgada después por el Presidente de la República la nefasta Ley ante dicha, declararon con otra carta Colectiva de propuesta, que el aceptar semejante Ley, era lo mismo que entregar a la Iglesia esclavizada en manos de los Gobernantes del Estado, los cuales por lo demás, evidentemente no habrían desistido con esto, de su intento: que preferían más bien abstenerse del ejercito público del ministerio sagrado y que por lo tanto el culto divino que no pudiera celebrarse sin intervención del sacerdote, debería suspenderse por completo en todos los templos de sus Diócesis, desde el último día de julio, en el cual entraba en vigor dicha Ley. Habiendo mandado después los Gobernantes que los templos fueran entregados a los seglares designados por el Presidente Municipal, y de ningún modo a aquellos que fuesen nombrados por los Obispos o Sacerdotes, se transfirió así la posesión de los templos de la autoridad Eclesiástica a la Civil; y por tanto los Obispos, casi en todas partes, prohibieron a los fieles aceptar la elección que de ellos hiciese la Autoridad Civil, y entrar en aquellos templos que habían dejado de estar en manos de la Iglesia. En algunas partes, según las circunstancias, se proyectó de otro modo.
Con todo esto, no creáis Venerables Hermanos, que los Obispos Mexicanos hayan descuidado oportunidad u ocasión alguna que se les ofreciese, para apaciguar los ánimos y conducirlos a la concordia, por más que desconfiasen, o más bien desesperasen de obtener una resultado favorable. Consta en efecto que los Obispos que en la Ciudad de México fungen como representantes de sus colegas, dirigieron una carta sumamente cortés y respetuosa al Presidente de la República, en favor del Sr. Obispo de Huejuntla, que había sido conducido preso de modo indigno y con gran aparato de fuerza a la ciudad de Pachuca; y no es menos notorio que al Presidente les respondió en forma iracunda y odiosa. Habiéndose ofrecido después algunas personas de representación, amantes de la paz, a interponer su medición para que el Presidente mismo entrase en platicas con el Arzobispo de Morelia y el Obispo de Tabasco, se discutió mucho y largo tiempo por ambas partes, pero sin fruto. Enseguida los Obispos deliberaron si propondrían a las Cámaras Legislativas la abrogación de las Leyes que se oponían a los derechos de la Iglesia, o si continuarían simplemente como hasta entonces, en la resistencia pasiva. Por muchas razones les parecía que no daría resultado alguno el presentar una solicitud semejante. Presentaron sin embargo dicha petición muy bien redactada, por los católicos más competentes en el conocimiento del derecho y ponderada diligentemente por los mismos Prelados; petición que fue suscrita, por diligencia de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, de que después hablaremos, por muchísimos ciudadanos de ambos sexos. Más los Obispos, habían previsto bien lo que iba a suceder, ya que el Congreso Nacional rechazó por el sufragio de todos los diputados menos uno, la petición propuesta, alegando que los Obispos estaban privados de personalidad jurídica por haber acudido al Sumo Pontífice en busca de consejo y no querer acatar las leyes de la nación. ¿Qué cosa quedaba ya por hacer a los Obispos, sino declarar que no se mudaría nada en su actitud y en la del pueblo mientras no se quitasen tan injustas leyes? Los Gobernantes de la República abusando de su poder y de la admirable paciencia del pueblo, podrán amenazar el clero y pueblo mexicano con peores males; pero, ¿Cómo podrán vencer a hombres dispuestos a sufrirlo todo antes que consentir en cualquier arreglo que pudiera ser dañoso a la causa de la libertad católica?
Esta admirable constancia de los Obispos, la imitaron y copiaron en sí maravillosamente los sacerdotes en las variadas y difíciles, circunstancias en que se hallaban, por lo cual Nos presentamos ante el mundo católico entero y proclamamos estos ejemplos de extraordinaria virtud que Nos han servido de sumo consuelo, y los alabamos, “porque son dignos de ello”. (Apoc. 34).
Y al pensar en esto, -considerando que en México los adversarios han usado toda clase de engaños y han echado mano de todos los ardides y vejaciones posibles con el fin apartar el Clero y al pueblo de la Jerarquía Eclesiástica de esta Sede Apostólica y que sin embargo, de entre los sacerdotes, que se elevan al número de cuatro mil, solamente uno o dos han faltado miserablemente a su deber -parece que no hay cosa que Nos podamos esperar del Clero mexicano! “Vemos a los ministros sagrados estrechamente unidos entre sí y obedeciendo reverentemente y de buena gana los mandatos de sus Prelados, aún cuando por lo general no puedan hacerlo sin grave peligro. Vemos que teniendo necesidad de vivir del ministerio sagrado, siendo pobres y no teniendo la Iglesia con qué sustentarlos, sin embargo sufren sin quejarse su pobreza y necesidad, celebrando privadamente el Santo Sacrificio; atendiendo según sus fuerzas a las necesidades espirituales de los fieles y alimentando y despertando en todos, a su alrededor, el fuego santo de la piedad. Los vemos además levantar con su ejemplo, con sus consejos y exhortaciones el ánimo de sus ciudadanos confirmándolos en sus propósitos de perseverar pacientemente. Quién se admirará pues de que la ira rabia de los enemigos se haya vuelto primaria y principalmente contra los sacerdotes?
Ellos en cambio, cuando se ha ofrecido ocasión, no han dudado en ofrecerse con rostro sereno y ánimo esforzado a la cárcel y a la misma muerte! Pero lo que se nos ha anunciado en estos últimos días, sobrepasa las inicuas leyes de que antes hicimos mención, y raya en el colmo de la impiedad; pues se ataca de improviso a los sacerdotes que celebran en casa propia o ajena se viola torpemente la Sagrada Eucaristía, y se conduce a los ministros sagrados a las cárceles.
Nunca alabaremos bastante a los animosos fieles de México, que han comprendido bien cuánto les interesa que su católica Nación en las cosas más santas y de mayor importancia -como son el culto de Dios y la libertad de la Iglesia y el cuidado de la eterna salud de las almas- no esté pendiente del capricho y audacia de unos pocos, sino se vea finalmente por la benignidad de Dios, gobernada por leyes conformes al derecho natural, divino y eclesiástico.
Debemos tributar muy singulares alabanzas a las Asociaciones Católicas que en estas circunstancias están al lado del Clero como cuerpos militares de defensa: ya que los miembros de ellas, en cuanto es de su parte no sólo proveen al sustentamiento y al socorro de los sacerdotes, sino también cuidan los edificios sagrados, enseñan la doctrina cristiana a los niños, y como centinelas están de guardia para dar aviso a los sacerdotes a fin de que ninguno quede privado de auxilios espirituales. Y esto se refiere a todos en general; pero queremos decir algo en particular de las principales asociaciones para que cada una sepa que es grandemente aprobada y del Vicario de Jesucristo.
La Asociación de los Caballos de Colón, que se extiende por toda la República, se compone afortunadamente de hombres activos y trabajadores que se distinguen mucho por la experiencia, por la franca profesión de la fe y por el celo en ayudar a la Iglesia. Esta sociedad especialmente ha cooperado a dos obras que son de grandísima oportunidad en estos tiempos, a saber: -la Unión Nacional de Padres de Familia, cuyo programa es educar católicamente a sus propios hijos, revindicar el derecho propio de los padres cristianos de instruir libremente a su prole y cuando ésta frecuenta las escuelas públicas, de darle una sana y completa instrucción religiosa; -y la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, instituida precisamente cuando era más claro que la luz que un cúmulo inmenso de males amenazaba a la vida católica. Los miembros de esta Liga que se ha propagado por toda la República, trabajan concorde y asiduamente para que los católicos todos bien ordenados e instruidos presenten un frente único irresistible a sus adversarios. Del mismo modo que los caballeros de Colón, han merecido y merecen bien de la Iglesia y de su Patria, otras dos asociaciones que dedican especial atención, según sus estatutos, a la acción social católica, a saber: -la Asociación Católica de la Juventud Mexicana y la Unión de Damas Católicas Mexicanas. Una y otra, además de lo que es propio de cada una de ellas, en particular cuidado de secundar y hacer que sean secundadas en todas partes las iniciativas de la mencionada Liga Defensora de la Libertad Religiosa. Y en este punto Nos es imposible descender a hechos singulares: pero Nos place daros a conocer, Venerables Hermanos, una sola cosa, y es, que todos los socios y socias de estas asociaciones, están tan ajenos a todo miedo, que lejos de huir buscan los peligros y aún se gozan cuando les toca sufrir malos tratamientos de los adversarios. ¡Oh espectáculo hermosísimo dado al mundo, a los ángeles y a los hombres! ¡Hechos dignos de eterna alabanza! Pues, como arriba insinuamos, no son pocos los Caballeros de Colón, los Jefes de la Liga, las damas y los jóvenes que han sido aprehendidos, conducidos por las calles entre soldados encerrados en inmundas prisiones, ásperamente tratados y castigados con penas y con multas.
Más aún. Venerables Hermanos, algunos de estos jóvenes y adolescentes -y al decirlo no podemos contener las lágrimas-, con el rosario en la mano y la invocación a Cristo Rey en los labios, han encontrado voluntariamente la muerte. A nuestras vírgenes, encerradas en la cárcel, se les han hecho los más indignos ultrajes, y estos se han divulgado de propósito para intimidar a las demás y hacerlas faltar a su deber.
Cuándo el benignísimo Dios se dignará , Venerables Hermanos, poner término a tantas calamidades, ninguna previsión humana puede conjeturarlo. Sabemos, sin embrago, que vendrá finalmente un día en que la Iglesia Mexicana descansará de la tempestad de odios, porque “no hay sabiduría, no hay prudencia, no hay consejo contra el Señor” (Prov. 21-30), “las puertas del infierno no prevalecerán” contra la Inmaculada Esposa de Cristo. (Mat. 16-18).
En verdad, la Iglesia destinada a la inmortalidad, desde el día de Pentecostés en que por primera vez salió rica de dones y de luces del Espíritu Santo del recinto del Cenáculo a la faz de todos los hombres, ¿qué otra cosa ha hecho en los veinte siglos transcurridos y entre todas las naciones sino “esparcir el bien por todas partes” (Act. 10-38), a ejemplo de su Fundador? Ahora bien, estos beneficios de todo género deberían haber conciliado a la Iglesia el amor de todos, pero la tocó lo contrario, según lo había ya anunciado ciertamente el Divino Maestro (Mat. 10-17-25). Por esto, la navecilla de Pedro unas veces navega feliz y gloriosamente a favor de los vientos, y otras parece dominada por las olas y casi sumergida; pero ¿no está acaso gobernada por el Divino Piloto que a su tiempo calmará las iras de los vientos y de las olas? Por otra parte, Cristo que todo lo puede, hace que las persecuciones con que es vejado el nombre cristiano, sirvan para utilidad de la Iglesia, pues según S. Hilario, “propio es de la Iglesia vencer cuando es perseguida, brillar en las inteligencias cuando se la impugna, conquistar cuando es abandonada”. (S. Hil. Pictav. “De Trinit 1-VII-4).
Si todos aquellos que en la que vasta extensión de la República Mexicana se enfurecen contra sus mismos hermanos y conciudadanos, reos únicamente de observar la Ley de Dios, trajesen a la memoria y considerasen desapasionadamente la historia de su Patria; no podrían menos de reconocer y confesar que todo cuanto hay en su misma Patria de progreso y de civilización, todo cuando hay de bueno y de bello, tiene indudablemente su origen en la Iglesia. Nadie ignora en efecto, que fundado ahí el cristianismo, los sacerdotes, y los religiosos particularmente, que ahora son tratados con tanta ingratitud y perseguidos con tanta crueldad se entregaron con inmensas fatigas, no obstante las graves dificultades que les oponían, por una parte los colonos devorados por la fiebre de oro y por la otra los mismos indígenas aún bárbaros, a promover con grandes trabajos, tanto el esplendor del culto divino, y los beneficios de la fe católica como las obras o instituciones de caridad, y hacer que abundaran en aquellas extensas regiones las escuelas y los colegios para la instrucción y educación del pueblo en las letras y ciencias sagradas y profanas, en las artes y en las industrias.
Sólo Nos resta, Venerables Hermanos, implorara y suplicar a Nuestra Señora María de Guadalupe, celestial Patrona de la nación mexicana, que, perdonadas las injurias contra ella misma cometidas, alcance con su intercesión a su pueblo las bendiciones de la paz y la concordia; y, si por secretos designios de Dios, aun está lejano este deseado día, que llene de toda clase de consuelos los pechos de los fieles mexicanos y los conforte para seguir luchando por la libertad de profesar su religión.
Entre tanto, como auspicio de las gracias divinas, y testimonio de Nuestra paternal benevolencia, a vosotros, Venerables Hermanos, a aquellos que especialmente que gobiernan las Diócesis Mexicanas, a todo el Clero y pueblo vuestro, impartimos de corazón la bendición apostólica.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 18 de Noviembre de 1926, en el año quinto de nuestro Pontificado. -PIO- PAPA XI.

 


Quería ser Mártir, pero llevó a los altares a quienes lo fueron
Mons. Adolfo Hernández Hurtado, el hombre que «desempolvó» las Causas de Canonización de los Mártires Mexicanos.

• Jesús Carlos Chavira Cárdenas

Eran los años de la Persecución Religiosa, en Arandas, Jalisco. Aquellos disparos que resonaban en las tejas de los techos, resuenan en el recuerdo de Don Elías, hermano de don Adolfo Hernández Hurtado.
«Las tejas chillaban como “saltapericos”. Mi papá, mi mamá y mi abuelita rezaban y rezaban; Adolfo y yo reíamos de gusto al oír los gritos de los cristeros y los balazos. Adolfo estaba chiquillo –tendría entre seis y siete años de edad–, y se le ocurrió salir al patio. Se hincó, puso los brazos en cruz, y comenzó a gritar “¡Yo quiero ser mártir! ¡Yo quiero ser mártir!”».
Pero Dios tenía otro proyecto para él. Quería ser Mártir, pero fue obispo; salió de Jalisco para misionar en otras tierras. Evangelizó, mas debía regresar.
Volver a la tierra regada con la sangre de quienes sí alcanzaron la palma del martirio, significaría, sin saberlo, descubrir el verdadero sentido de aquel inconcebible deseo de la infancia.
Defendería la fe, pero no con su sangre. En 1986, el Cardenal José Salazar López le encomendó rescatar y coordinar la Instrucción de las Causas de Canonización de los Mártires Mexicanos de la Persecución Religiosa.
Con gran entusiasmo
Nunca expresó su sentir sobre la aparente coincidencia entre la anécdota de la niñez y aquella comisión. No obstante, sus familiares, amigos y colaboradores coinciden en resaltar que fue una «designación providente».
Quien llegó a estar cerca de él subraya que, para entender lo que su corazón guardaba, basta recordar «la manera en que se le vio trabajar» en este proyecto. «Gran entusiasmo, responsabilidad, mucho esfuerzo y tenacidad admirable», son los testimonios que dejó Mons. Hernández Hurtado a cada miembro del Equipo Diocesano de Causas de Canonización.
Entre éstos estaba la Hermana Luz Margarita, quien ya había participado con él en la Comisión de Educación y Cultura. Pero la experiencia que la religiosa tenía en el proceso de canonización del padre fundador de su congregación, don Silviano Carrillo Cárdenas, la llevó nuevamente al lado de Mons. Hernández.
La Sierva de Jesús Sacramentado apunta: «El señor obispo inmediatamente pidió en Catedral una oficina para las Causas de Canonización. La arregló dignamente; ¡hasta alfombra le mandó poner! Era la única oficina, aparte de la de cada obispo, que tenía alfombra... Consiguió la máquina de escribir y todo lo necesario; cuando se necesitó la computadora, no dudó en adquirirla».
Siempre estuvo al pendiente de todos los detalles, por más elementales que éstos fueran.
Desempolvar las Causas
Fue en 1933, mientras Mons. Hernández daba los primeros pasos de vida seminarística, cuando el entonces Arzobispo de Guadalajara, don Francisco Orozco y Jiménez, iniciaba el proceso de las Causas de Canonización de los Mártires mexicanos. «Pero se adormecieron un tiempo, por falta de seguimiento. Pasaron muchos años. Ya en tiempo de don Adolfo Hernández Hurtado, a mediados de los años 80, los primeros tres procesos que se retomaron estaban casi “en pañales”: los de José Isabel Flores, Julio Álvarez y Genaro Sánchez». Así lo indicó, con su característica precisión histórica, Mons. Ramiro Valdés, hoy canónigo y uno de los primeros invitados por Mons. Hernández Hurtado a colaborar en la Comisión Diocesana de Causas de Canonización.
En aquel tiempo, Mons. Valdés era párroco de Nuestra Señora del Rosario, en Guadalajara, templo también conocido como «del Padre Galván», debido a que ahí se guardan los restos de este Mártir; además, conocía a los fieles devotos de los Mártires Cristóbal Magallanes, Agustín Caloca y Julio Álvarez.
La Hermana Luz Margarita, por su parte, también abundó sobre el estado en que encontraron las Causas, en 1986: «Todo estaba completamente olvidado. Muchas Causas estaban empolvadas en el archivo, en cajas completamente llenas de tierra».
El proceso, entonces, debía ser literalmente «desempolvado».
“¡Pronto, pronto!”
Don Adolfo Hernández no quería que las Causas se «atoraran», como había ocurrido con anterioridad. Dar adecuado acompañamiento a los procesos, sin embargo, no era el único reto; los gastos que éstos originaran eran un factor más a considerar. «El señor Hernández luchó contra muchas necesidades económicas –señala la Hermana Luz Margarita–. Con toda valentía, iba con sus amigos, solicitaba ayuda y conseguía bienhechores».
El tiempo tampoco sería obstáculo. A pesar de sus múltiples ocupaciones como obispo, era difícil que dejara de ir a la Comisión entre semana, cuando menos quince minutos. Pero, cuando era necesario, dedicaba toda la mañana a dar seguimiento a los procesos. Designaba comisiones, promovía, motivaba e insistía: «¡Pronto, pronto!».
Las horas de oficina no eran suficientes. El entusiasmo que Mons. Hernández imprimió en sus colaboradores, los llevó a continuar con las Causas en sus casas y trabajar hasta la medianoche.
La sencillez del obispo
Este obispo auxiliar era un hombre que, para tomar decisiones, primero escuchaba. Su sencillez era algo de lo que más impactaba a la Hermana Luz Margarita: «Si en Roma ponían algún obstáculo o pedían que algo se aclarara, le informábamos a él. Nos preguntaba: “¿Y qué haremos?”, con mucha humildad. Daba mucha importancia a lo que el equipo opinara. Dejaba que los padres aconsejaran y vieran lo que se haría. Hasta a mí me preguntaba. Tan honrada me sentía, que aunque el señor Hernández era mi jefe, me ponía “como el sacristán que le quiere enseñar el Credo al obispo”».
Su capacidad para trabajar en el caso, llevó al Episcopado Mexicano a consultarlo acerca de la necesidad de una Comisión Episcopal Nacional para tratar lo relativo a Causas de Canonización, a lo cual, Mons. Hernández contestó por escrito:
«Pienso que es muy útil, y aun necesaria esta Postulación General, pues viene a resolver la escasez de personal en muchas diócesis para tratar lo relativo a las Causas de Canonización en Roma, de manera que estoy de acuerdo en que se proponga esta postulación. Esto no significa que yo me esté proponiendo; más aún, no soy la persona indicada para esta Comisión».
No obstante, fue nombrado Presidente de tal Consejo. Se pidió, entonces, «que los demás obispos manifestaran su voluntad, si querían que prosiguiera con los procesos de sacerdotes o laicos sacrificados en otras diócesis», apunta Mons. Ramiro Valdés.
Fue así como a los quince sacerdotes de Jalisco se unieron diez mártires más, tres de ellos laicos, cuyo proceso se impulsó desde Guadalajara, porque «nadie tenía conocimiento especial de cómo se hacía la instrucción de una causa», añade la Hermana Luz Margarita.
El corazón humilde de don Adolfo conjugó profundo respeto y contemplación, al presidir casi todos los ritos de exhumación de los Mártires. Nunca hizo un comentario personal sobre aquella experiencia.

Desde Roma
La encomienda del Episcopado llevó a Mons. Hernández hasta Roma en distintas ocasiones. Uno de sus acompañantes en la Ciudad Eterna, fue su amigo el Padre José Luis Esqueda:

–Pero yo no sé nada de Causas –le dijo el presbítero.
–Yo tampoco, no te preocupes...
«Recuerdo que parecía niño –dice el Padre Esqueda–; habló durante todo el viaje. No me dejó ni siquiera dormir. Todo el viaje fue hablar de la salida y puesta del sol. Él iba feliz, “como un niño chiquito”».
Desde Roma, don Adolfo realizó «trabajos anónimos»: diversas llamadas de larga distancia a Guadalajara, Totatiche o donde se necesitara, para solicitar que fuera enviado rápidamente el material que requería la Congregación para la Causa de los Santos; además, con mucha delicadeza, motivó en las Causas mexicanas al Prefecto de dicha Congregación Vaticana, el Emmo. señor Palazini, y después a su sucesor, el Emmo. señor Ángelo Felici.
Con tal dinamismo y entrega, la Causa de los 25 Mártires fue concluida en un periodo aproximado de seis años. Sólo faltaba esperar la fecha para la beatificación.
La entrevista con Juan Pablo II
«La Sagrada Congregación de los Santos tenía muchos procesos terminados antes de la Causa mexicana. En teoría, nuestra Causa tenía que esperar a que “salieran” las demás», precisa el Padre Esqueda.
Por tal motivo, Mons. Hernández presentó personalmente una petición al Papa Juan Pablo II: adelantar la beatificación, con motivo de los 500 años del descubrimiento de América. Testigo de aquella entrevista, el Padre Esqueda reseña lo ocurrido: «El Papa tenía muchas actividades en aquellos días y no era posible concertar una audiencia oficial. Pero gracias a los contactos que Mons. Hernández consiguió, nos indicaron que fuéramos a la Misa del Santo Padre y nos colocáramos al último, para poder hablar calmadamente con él. Así fue como don Adolfo le hizo la petición, tanto verbal como por escrito».
–Lo que usted me pide, excelencia –contestó Juan Pablo II– es correcto. Pero debe ser avalado también por el Episcopado Mexicano».
Y así ocurrió: «Un comité de obispos de México escribió a Roma reiterando la petición, la cual fue aprobada por el Santo Padre».
De la beatificación a la santidad
1992 fue el año del V Centenario de la Evangelización de América Latina, la que fue posible gracias al testimonio de infatigables misioneros y apóstoles. Era el contexto idóneo para elevar a la gloria de la beatificación a 25 mexicanos que demostraron su fidelidad al Evangelio con el martirio.
Así, el 22 de noviembre de 1992 fue el día: el señor Cura Cristóbal Magallanes y sus 24 compañeros Mártires fueron beatificados por Su Santidad Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro, en El Vaticano.
Los amigos y conocidos de Mons. Adolfo Hernández coinciden en subrayar que ésta fue «la más grande obra y regalo que dejó a Guadalajara».
Años más tarde, el 21 de mayo de 2000, ya como obispo emérito, sería testigo por televisión de la canonización de los 25 Mártires mexicanos.
A este hombre, hoy de 81 años, que cuando niño quería ser mártir, lo describen como un pastor que quiso dar a Cristo una prueba más de amor, dando a conocer a sus testigos... Aún más; quien conoció su vocación misionera y su amor por la educación, como la Hermana Luz Margarita, puntualiza: «Dar a conocer el testimonio de sacerdotes santos es una obra de evangelización muy grande, porque la cumbre de la Evangelización, es la santidad».
Nuestros Santos Mártires
1.- San Cristóbal Magallanes Jara
2.- San Román Adame Rosales
3.- San Rodrigo Aguilar Alemán
4.- San Julio Álvarez Mendoza
5.- San Luis Batis Sáinz
6.- San Agustín Caloca Cortés
7.- San Mateo Correa Magallanes
8.- San Atilano Cruz Alvarado
9.- San Miguel de la Mora de la Mora
10.- San Pedro Esqueda Ramírez
11.- San Margarito Flores García
12.- San José Isabel Flores Varela
13.- San David Galván Bermúdez
14.- San Salvador Lara Puente
15.- San Pedro de Jesús Maldonado
16.- San Jesús Méndez Montoya
17.- San Manuel Morales
18.- San Justino Orona Madrigal
19.- San Sabás Reyes Salazar
20.- San José María Robles Hurtado
21.- San David Roldán Lara
22.- San Toribio Romo González
23.- San Jenaro Sánchez Delgadillo
24.- San David Uribe Velasco
25.- San Tranquilino Ubiarco Robles.

 

 


  

CARTA ENCÍCLICA

QUAS PRIMAS

DEL SUMO PONTÍFICE PÍO XI SOBRE LA FIESTA DE CRISTO REY

En la primera encíclica, que al comenzar nuestro Pontificado enviamos a todos los obispos del orbe católico, analizábamos las causas supremas de las calamidades que veíamos abrumar y afligir al género humano.
Y en ella proclamamos Nos claramente no sólo que este cúmulo de males había invadido la tierra, porque la mayoría de los hombres se habían alejado de Jesucristo y de su ley santísima, así en su vida y costumbres como en la familia y en la gobernación del Estado, sino también que nunca resplandecería una esperanza cierta de paz verdadera entre los pueblos mientras los individuos y las naciones negasen y rechazasen el imperio de nuestro Salvador.

La «paz de Cristo en el reino de Cristo»

 

1. Por lo cual, no sólo exhortamos entonces a buscar la paz de Cristo en el reino de Cristo, sino que, además, prometimos que para dicho fin haríamos todo cuanto posible nos fuese. En el reino de Cristo, dijimos: pues estábamos persuadidos de que no hay medio más eficaz para restablecer y vigorizar la paz que procurar la restauración del reinado de Jesucristo.
2. Entre tanto, no dejó de infundirnos sólida, esperanza de tiempos mejores la favorable actitud de los pueblos hacia Cristo y su Iglesia, única que puede salvarlos; actitud nueva en unos, reavivada en otros, de donde podía colegirse que muchos que hasta entonces habían estado como desterrados del reino del Redentor, por haber despreciado su soberanía, se preparaban felizmente y hasta se daban prisa en volver a sus deberes de obediencia.
Y todo cuanto ha acontecido en el transcurso del Año Santo, digno todo de perpetua memoria y recordación, ¿acaso no ha redundado en indecible honra y gloria del Fundador de la Iglesia, Señor y Rey Supremo?

«Año Santo»

3. Porque maravilla es cuánto ha conmovido a las almas la Exposición Misional, que ofreció a todos el conocer bien ora el infatigable esfuerzo de la Iglesia en dilatar cada vez más el reino de su Esposo por todos los continentes e islas —aun, de éstas, las de mares los más remotos—, ora el crecido número de regiones conquistadas para la fe católica por la sangre y los sudores de esforzadísimos e invictos misioneros, ora también las vastas regiones que todavía quedan por someter a la suave y salvadora soberanía de nuestro Rey.
Además, cuantos —en tan grandes multitudes— durante el Año Santo han venido de todas partes a Roma guiados por sus obispos y sacerdotes, ¿qué otro propósito han traído sino postrarse, con sus almas purificadas, ante el sepulcro de los apóstoles y visitarnos a Nos para proclamar que viven y vivirán sujetos a la soberanía de Jesucristo?
4. Como una nueva luz ha parecido también resplandecer este reinado de nuestro Salvador cuando Nos mismo, después de comprobar los extraordinarios méritos y virtudes de seis vírgenes y confesores, los hemos elevado al honor de los altares, ¡Oh, cuánto gozo y cuánto consuelo embargó nuestra alma cuando, después de promulgados por Nos los decretos de canonización, una inmensa muchedumbre de fieles, henchida de gratitud, cantó el Tu, Rex gloriae Christe en el majestuoso templo de San Pedro!
Y así, mientras los hombres y las naciones, alejados de Dios, corren a la ruina y a la muerte por entre incendios de odios y luchas fratricidas, la Iglesia de Dios, sin dejar nunca de ofrecer a los hombres el sustento espiritual, engendra y forma nuevas generaciones de santos y de santas para Cristo, el cual no cesa de levantar hasta la eterna bienaventuranza del reino celestial a cuantos le obedecieron y sirvieron fidelísimamente en el reino de la tierra.
5. Asimismo, al cumplirse en el Año Jubilar el XVI Centenario del concilio de Nicea, con tanto mayor gusto mandamos celebrar esta fiesta, y la celebramos Nos mismo en la Basílica Vaticana, cuanto que aquel sagrado concilio definió y proclamó como dogma de fe católica la consustancialidad del Hijo Unigénito con el Padre, además de que, al incluir las palabras cuyo reino no tendrá fin en su Símbolo o fórmula de fe, promulgaba la real dignidad de Jesucristo.
Habiendo, pues, concurrido en este Año Santo tan oportunas circunstancias para realzar el reinado de Jesucristo, nos parece que cumpliremos un acto muy conforme a nuestro deber apostólico si, atendiendo a las súplicas elevadas a Nos, individualmente y en común, por muchos cardenales, obispos y fieles católicos, ponemos digno fin a este Año Jubilar introduciendo en la sagrada liturgia una festividad especialmente dedicada a Nuestro Señor Jesucristo Rey. Y ello de tal modo nos complace, que deseamos, venerables hermanos, deciros algo acerca del asunto. A vosotros toca acomodar después a la inteligencia del pueblo cuanto os vamos a decir sobre el culto de Cristo Rey; de esta suerte, la solemnidad nuevamente instituida producirá en adelante, y ya desde el primer momento, los más variados frutos.

I. LA REALEZA DE CRISTO

6. Ha sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, a causa del supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así, se dice que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el sublime y altísimo grado de su ciencia cuanto porque El es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente la verdad. Se dice también que reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en El la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos. Finalmente, se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad(1) y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie —entre todos los nacidos— ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús. Mas, entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey; pues sólo en cuanto hombre se dice de El que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino(2); porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.

a) En el Antiguo Testamento
7. Que Cristo es Rey, lo dicen a cada paso las Sagradas Escrituras.
Así, le llaman el dominador que ha de nacer de la estirpe de Jacob(3); el que por el Padre ha sido constituido Rey sobre el monte santo de Sión y recibirá las gentes en herencia y en posesión los confines de la tierra(4). El salmo nupcial, donde bajo la imagen y representación de un Rey muy opulento y muy poderoso se celebraba al que había de ser verdadero Rey de Israel, contiene estas frases: El trono tuyo, ¡oh Dios!, permanece por los siglos de los siglos; el cetro de su reino es cetro de rectitud(5). Y omitiendo otros muchos textos semejantes, en otro lugar, como para dibujar mejor los caracteres de Cristo, se predice que su reino no tendrá límites y estará enriquecido con los dones de la justicia y de la paz: Florecerá en sus días la justicia y la abundancia de paz... y dominará de un mar a otro, y desde el uno hasta el otro extrema del orbe de la tierra(6).
8. A este testimonio se añaden otros, aún más copiosos, de los profetas, y principalmente el conocidísimo de Isaías: Nos ha nacido un Párvulo y se nos ha dado un Hijo, el cual lleva sobre sus hombros el principado; y tendrá por nombre el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo venidero, el Príncipe de Paz. Su imperio será amplificado y la paz no tendrá fin; se sentará sobre el solio de David, y poseerá su reino para afianzarlo y consolidarlo haciendo reinar la equidad y la justicia desde ahora y para siempre(7). Lo mismo que Isaías vaticinan los demás profetas. Así Jeremías, cuando predice que de la estirpe de David nacerá el vástago justo, que cual hijo de David reinará como Rey y será sabio y juzgará en la tierra(8). Así Daniel, al anunciar que el Dios del cielo fundará un reino, el cual no será jamás destruido..., permanecerá eternamente(9); y poco después añade: Yo estaba observando durante la visión nocturna, y he aquí que venía entre las nubes del cielo un personaje que parecía el Hijo del Hombre; quien se adelantó hacia el Anciano de muchos días y le presentaron ante El. Y diole éste la potestad, el honor y el reino: Y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán: la potestad suya es potestad eterna, que no le será quitada, y su reino es indestructible(10). Aquellas palabras de Zacarías donde predice al Rey manso que, subiendo sobre una asna y su pollino, había de entrar en Jerusalén, como Justo y como Salvador, entre las aclamaciones de las turbas(11), ¿acaso no las vieron realizadas y comprobadas los santos evangelistas?

b) En el Nuevo Testamento
9. Por otra parte, esta misma doctrina sobre Cristo Rey que hemos entresacado de los libros del Antiguo Testamento, tan lejos está de faltar en los del Nuevo que, por lo contrario, se halla magnífica y luminosamente confirmada.
En este punto, y pasando por alto el mensaje del arcángel, por el cual fue advertida la Virgen que daría a luz un niño a quien Dios había de dar el trono de David su padre y que reinaría eternamente en la casa de Jacob, sin que su reino tuviera jamás fin(12), es el mismo Cristo el que da testimonio de su realeza, pues ora en su último discurso al pueblo, al hablar del premio y de las penas reservadas perpetuamente a los justos y a los réprobos; ora al responder al gobernador romano que públicamente le preguntaba si era Rey; ora, finalmente, después de su resurrección, al encomendar a los apóstoles el encargo de enseñar y bautizar a todas las gentes, siempre y en toda ocasión oportuna se atribuyó el título de Rey(13) y públicamente confirmó que es Rey(14), y solemnemente declaró que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra(15). Con las cuales palabras, ¿qué otra cosa se significa sino la grandeza de su poder y la extensión infinita de su reino? Por lo tanto, no es de maravillar que San Juan le llame Príncipe de los reyes de la tierra(16), y que El mismo, conforme a la visión apocalíptica, lleve escrito en su vestido y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de los que dominan(17). Puesto que el Padre constituyó a Cristo heredero universal de todas las cosas(18), menester es que reine Cristo hasta que, al fin de los siglos, ponga bajo los pies del trono de Dios a todos sus enemigos(19).

c) En la Liturgia
10. De esta doctrina común a los Sagrados Libros, se siguió necesariamente que la Iglesia, reino de Cristo sobre la tierra, destinada a extenderse a todos los hombres y a todas las naciones, celebrase y glorificase con multiplicadas muestras de veneración, durante el ciclo anual de la liturgia, a su Autor y Fundador como a Soberano Señor y Rey de los reyes.
Y así como en la antigua salmodia y en los antiguos Sacramentarios usó de estos títulos honoríficos que con maravillosa variedad de palabra expresan el mismo concepto, así también los emplea actualmente en los diarios actos de oración y culto a la Divina Majestad y en el Santo Sacrificio de la Misa. En esta perpetua alabanza a Cristo Rey descúbrese fácilmente la armonía tan hermosa entre nuestro rito y el rito oriental, de modo que se ha manifestado también en este caso que la ley de la oración constituye la ley de la creencia.

d) Fundada en la unión hipostática
11. Para mostrar ahora en qué consiste el fundamento de esta dignidad y de este poder de Jesucristo, he aquí lo que escribe muy bien San Cirilo de Alejandría: Posee Cristo soberanía sobre todas las criaturas, no arrancada por fuerza ni quitada a nadie, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza(20). Es decir, que la soberanía o principado de Cristo se funda en la maravillosa unión llamada hipostática. De donde se sigue que Cristo no sólo debe ser adorado en cuanto Dios por los ángeles y por los hombres, sino que, además, los unos y los otros están sujetos a su imperio y le deben obedecer también en cuanto hombre; de manera que por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad sobre todas las criaturas.

e) Y en la redención
12. Pero, además, ¿qué cosa habrá para nosotros más dulce y suave que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista, adquirido a costa de la redención? Ojalá que todos los hombres, harto olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador. Fuisteis rescatados no con oro o plata, que son cosas perecederas, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero Inmaculado y sin tacha(21). No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo nos ha comprado por precio grande(22); hasta nuestros mismos cuerpos son miembros de Jesucristo(23).

II. CARÁCTER DE LA REALEZA DE CRISTO
a) Triple potestad
13. Viniendo ahora a explicar la fuerza y naturaleza de este principado y soberanía de Jesucristo, indicaremos brevemente que contiene una triple potestad, sin la cual apenas se concibe un verdadero y propio principado. Los testimonios, aducidos de las Sagradas Escrituras, acerca del imperio universal de nuestro Redentor, prueban más que suficientemente cuanto hemos dicho; y es dogma, además, de fe católica, que Jesucristo fue dado a los hombres como Redentor, en quien deben confiar, y como legislador a quien deben obedecer(24). Los santos Evangelios no sólo narran que Cristo legisló, sino que nos lo presentan legislando. En diferentes circunstancias y con diversas expresiones dice el Divino Maestro que quienes guarden sus preceptos demostrarán que le aman y permanecerán en su caridad(25). El mismo Jesús, al responder a los judíos, que le acusaban de haber violado el sábado con la maravillosa curación del paralítico, afirma que el Padre le había dado la potestad judicial, porque el Padre no juzga a nadie, sino que todo el poder de juzgar se lo dio al Hijo(26). En lo cual se comprende también su derecho de premiar y castigar a los hombres, aun durante su vida mortal, porque esto no puede separarse de una forma de juicio. Además, debe atribuirse a Jesucristo la potestad llamada ejecutiva, puesto que es necesario que todos obedezcan a su mandato, potestad que a los rebeldes inflige castigos, a los que nadie puede sustraerse.
b) Campo de la realeza de Cristo
a) En Lo espiritual
14. Sin embargo, los textos que hemos citado de la Escritura demuestran evidentísimamente, y el mismo Jesucristo lo confirma con su modo de obrar, que este reino es principalrnente espiritual y se refiere a las cosas espirituales. En efeeto, en varias ocasiones, cuando los judíos, y aun los mismos apóstoles, imaginaron erróneamente que el Mesías devolvería la libertad al pueblo y restablecería el reino de Israel, Cristo les quitó y arrancó esta vana imaginación y esperanza. Asimisrno, cuando iba a ser proclamado Rey por la muchedumbre, que, llena de admiración, le rodeaba, El rehusó tal título de honor huyendo y escondiéndose en la soledad. Finalmente, en presencia del gobernador romano manifestó que su reino no era de este mundo. Este reino se nos muestra en los evangelios con tales caracteres, que los hombres, para entrar en él, deben prepararse haciendo penitencia y no pueden entrar sino por la fe y el bautismo, el cual, aunque sea un rito externo, significa y produce la regeneración interior. Este reino únicamente se opone al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas; y exige de sus súbditos no sólo que, despegadas sus almas de las cosas y riquezas terrenas, guarden ordenadas costumbres y tengan hambre y sed de justicia, sino también que se nieguen a sí mismos y tomen su cruz. Habiendo Cristo, como Redentor, rescatado a la Iglesia con su Sangre y ofreciéndose a sí mismo, como Sacerdote y como Víctima, por los pecados del mundo, ofrecimiento que se renueva cada día perpetuamente, ¿quién no ve que la dignidad real del Salvador se reviste y participa de la naturaleza espiritual de ambos oficios?

b) En lo temporal
15. Por otra parte, erraría gravemente el que negase a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre le confirió un derecho absolutísimo sobre las cosas creadas, de tal suerte que todas están sometidas a su arbitrio. Sin embargo de ello, mientras vivió sobre la tierra se abstuvo enteramente de ejercitar este poder, y así como entonces despreció la posesión y el cuidado de las cosas humanas, así también permitió, y sigue permitiendo, que los poseedores de ellas las utilicen.
Acerca de lo cual dice bien aquella frase: No quita los reinos mortales el que da los celestiales(27). Por tanto, a todos los hombres se extiende el dominio de nuestro Redentor, como lo afirman estas palabras de nuestro predecesor, de feliz memoria, León XIII, las cuales hacemos con gusto nuestras: El imperio de Cristo se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que habiendo recibido el bautismo pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende también a cuantos no participan de la fe cristiana, de suerte que bajo la potestad de Jesús se halla todo el género humano(28).

c) En los individuos y en la sociedad
16. El es, en efecto, la fuente del bien público y privado. Fuera de El no hay que buscar la salvación en ningún otro; pues no se ha dado a los hombres otro nombre debajo del cielo por el cual debamos salvarnos(29).
El es sólo quien da la prosperidad y la felicidad verdadera, así a los individuos como a las naciones: porque la felicidad de la nación no procede de distinta fuente que la felicidad de los ciudadanos, pues la nación no es otra cosa que el conjunto concorde de ciudadanos(30). No se nieguen, pues, los gobernantes de las naciones a dar por sí mismos y por el pueblo públicas muestras de veneración y de obediencia al imperio de Cristo si quieren conservar incólume su autoridad y hacer la felicidad y la fortuna de su patria. Lo que al comenzar nuestro pontificado escribíamos sobre el gran menoscabo que padecen la autoridad y el poder legítimos, no es menos oportuno y necesario en los presentes tiempos, a saber: «Desterrados Dios y Jesucristo —lamentábamos— de las leyes y de la gobernación de los pueblos, y derivada la autoridad, no de Dios, sino de los hombres, ha sucedido que... hasta los mismos fundamentos de autoridad han quedado arrancados, una vez suprimida la causa principal de que unos tengan el derecho de mandar y otros la obligación de obedecer. De lo cual no ha podido menos de seguirse una violenta conmoción de toda la humana sociedad privada de todo apoyo y fundamento sólido»(31).
17. En cambio, si los hombres, pública y privadamente, reconocen la regia potestad de Cristo, necesariamente vendrán a toda la sociedad civil increíbles beneficios, como justa libertad, tranquilidad y disciplina, paz y concordia. La regia dignidad de Nuestro Señor, así como hace sacra en cierto modo la autoridad humana de los jefes y gobernantes del Estado, así también ennoblece los deberes y la obediencia de los súbditos. Por eso el apóstol San Pablo, aunque ordenó a las casadas y a los siervos que reverenciasen a Cristo en la persona de sus maridos y señores, mas también les advirtió que no obedeciesen a éstos como a simples hombres, sino sólo como a representantes de Cristo, porque es indigno de hombres redimidos por Cristo servir a otros hombres: Rescatados habéis sido a gran costa; no queráis haceros siervos de los hombres(32).
18. Y si los príncípes y los gobernantes legítimamente elegidos se persuaden de que ellos mandan, más que por derecho propio por mandato y en representación del Rey divino, a nadie se le ocultará cuán santa y sabiamente habrán de usar de su autoridad y cuán gran cuenta deberán tener, al dar las leyes y exigir su cumplimiento, con el bien común y con la dignidad humana de sus inferiores. De aquí se seguirá, sin duda, el florecimiento estable de la tranquilidad y del orden, suprimida toda causa de sedición; pues aunque el ciudadano vea en el gobernante o en las demás autoridades públicas a hombres de naturaleza igual a la suya y aun indignos y vituperables por cualquier cosa, no por eso rehusará obedecerles cuando en ellos contemple la imagen y la autoridad de Jesucristo, Dios y hombre verdadero.
19. En lo que se refiere a la concordia y a la paz, es evidente que, cuanto más vasto es el reino y con mayor amplitud abraza al género humano, tanto más se arraiga en la conciencia de los hombres el vínculo de fraternidad que los une. Esta convicción, así como aleja y disipa los conflictos frecuentes, así también endulza y disminuye sus amarguras. Y si el reino de Cristo abrazase de hecho a todos los hombres, como los abraza de derecho, ¿por qué no habríamos de esperar aquella paz que el Rey pacífico trajo a la tierra, aquel Rey que vino para reconciliar todas las cosas; que no vino a que le sirviesen, sino a servir; que siendo el Señor de todos, se hizo a sí mismo ejemplo de humildad y estableció como ley principal esta virtud, unida con el mandato de la caridad; que, finalmente dijo: Mi yugo es suave y mi carga es ligera.
¡Oh, qué felicidad podríamos gozar si los individuos, las familias y las sociedades se dejaran gobernar por Cristo! Entonces verdaderamente —diremos con las mismas palabras de nuestro predecesor León XIII dirigió hace veinticinco años a todos los obispos del orbe católico—, entonces se podrán curar tantas heridas, todo derecho recobrará su vigor antiguo, volverán los bienes de la paz, caerán de las manos las espadas y las armas, cuando todos acepten de buena voluntad el imperio de Cristo, cuando le obedezcan, cuando toda lengua proclame que Nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre(33).

III. LA FIESTA DE JESUCRISTO REY

20. Ahora bien: para que estos inapreciables provechos se recojan más abundantes y vivan estables en la sociedad cristiana, necesario es que se propague lo más posible el conocimiento de la regia dignidad de nuestro Salvador, para lo cual nada será más dtcaz que instituir la festividad propia y peculiar de Cristo Rey.

Las fiestas de la Iglesia

 

Porque para instruir al pueblo en las cosas de la fe y atraerle por medio de ellas a los íntimos goces del espíritu, mucho más eficacia tienen las fiestas anuales de los sagrados misterios que cualesquiera enseñanzas, por autorizadas que sean, del eclesiástico magisterio.
Estas sólo son conocidas, las más veces, por unos pocos fieles, más instruidos que los demás; aquéllas impresionan e instruyen a todos los fieles; éstas —digámoslo así— hablan una sola vez, aquéllas cada año y perpetuamente; éstas penetran en las inteligencias, a los corazones, al hombre entero. Además, como el hombre consta de alma y cuerpo, de tal manera le habrán de conmover necesariamente las solemnidades externas de los días festivos, que por la variedad y hermosura de los actos litúrgicos aprenderá mejor las divinas doctrinas, y convirtiéndolas en su propio jugo y sangre, aprovechará mucho más en la vida espiritual.

En el momento oportuno

 

21. Por otra parte, los documentos históricos demuestran que estas festividades fueron instituidas una tras otra en el transcurso de los siglos, conforme lo iban pidiendo la necesidad y utilidad del pueblo cristiano, esto es, cuando hacía falta robustecerlo contra un peligro común, o defenderlo contra los insidiosos errores de la herejía, o animarlo y encenderlo con mayor frecuencia para que conociese y venerase con mayor devoción algún misterio de la fe, o algún beneficio de la divina bondad. Así, desde los primeros siglos del cristianismo, cuando los fieles eran acerbísimamente perseguidos, empezó la liturgia a conmemorar a los mártires para que, como dice San Agustín, las festividades de los mártires fuesen otras tantas exhortaciones al martirio(34). Más tarde, los honores litúrgicos concedidos a los santos confesores, vírgenes y viudas sirvieron maravillosamente para reavivar en los fieles el amor a las virtudes, tan necesario aun en tiempos pacíficos. Sobre todo, las festividades instituidas en honor a la Santísima Virgen contribuyeron, sin duda, a que el pueblco cristiano no sólo enfervorizase su culto a la Madre de Dios, su poderosísima protectora, sino también a que se encendiese en más fuerte amor hacia la Madre celestial que el Redentor le había legado como herencia. Además, entre los beneficios que produce el público y legítimo culto de la Virgen y de los Santos, no debe ser pasado en silencio el que la Iglesia haya podido en todo tiempo rechazar victoriosamente la peste de los errores y herejías.
22. En este punto debemos admirar los designios de la divina Providencia, la cual, así como suele sacar bien del mal, así también permitió que se enfriase a veces la fe y piedad de los fieles, o que amenazasen a la verdad católica falsas doctrinas, aunque al cabo volvió ella a resplandecer con nuevo fulgor, y volvieron los fieles, despertados de su letargo, a enfervorizarse en la virtud y en la santidad. Asimismo, las festividades incluidas en el año litúrgico durante los tiempos modernos han tenido también el mismo origen y han producido idénticos frutos. Así, cuando se entibió la reverencia y culto al Santísimo Sacramento, entonces se instituyó la fiesta del Corpus Christi, y se mandó celebrarla de tal modo que la solemnidad y magnificencia litúrgicas durasen por toda la octava, para atraer a los fieles a que veneraran públicamente al Señor. Así también, la festividad del Sacratísimo Corazón de Jesús fue instituida cuando las almas, debilitadas y abatidas por la triste y helada severidad de los jansenistas, habíanse enfriado y alejado del amor de Dios y de la confianza de su eterna salvación.

Contra el moderno laicismo

 

23. Y si ahora mandamos que Cristo Rey sea honrado por todos los católicos del mundo, con ello proveeremos también a las necesidades de los tiempos presentes, y pondremos un remedio eficacísimo a la peste que hoy inficiona a la humana sociedad. Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos; y vosotros sabéis, venerables hermanos, que tal impiedad no maduró en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad. Se comenzó por negar el imperío de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados. Y se avanzó más: hubo algunos de éstos que imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios.
24. Los amarguísimos frutos que este alejarse de Cristo por parte de los individuos y de las naciones ha producido con tanta frecuencia y durante tanto tiempo, los hemos lamentado ya en nuestra encíclica Ubi arcano, y los volvemos hoy a lamentar, al ver el germen de la discordia sembrado por todas partes; encendidos entre los pueblos los odios y rivalidades que tanto retardan, todavía, el restablecimiento de la paz; las codicias desenfrenadas, que con frecuencia se esconden bajo las apariencias del bien público y del amor patrio; y, brotando de todo esto, las discordias civiles, junto con un ciego y desatado egoísmo, sólo atento a sus particulares provechos y comodidades y midiéndolo todo por ellas; destruida de raíz la paz doméstica por el olvido y la relajación de los deberes familiares; rota la unión y la estabilidad de las familias; y, en fin, sacudida y empujada a la muerte la humana sociedad.

La fiesta de Cristo Rey

 

25. Nos anima, sin embargo, la dulce esperanza de que la fiesta anual de Cristo Rey, que se celebrará en seguida, impulse felizmente a la sociedad a volverse a nuestro amadísimo Salvador. Preparar y acelerar esta vuelta con la acción y con la obra sería ciertamente deber de los católicos; pero muchos de ellos parece que no tienen en la llamada convivencia social ni el puesto ni la autoridad que es indigno les falten a los que llevan delante de sí la antorcha de la verdad. Estas desventajas quizá procedan de la apatía y timidez de los buenos, que se abstienen de luchar o resisten débilmente; con lo cual es fuerza que los adversarios de la Iglesia cobren mayor temeridad y audacia. Pero si los fieles todos comprenden que deben militar con infatigable esfuerzo bajo la bandera de Cristo Rey, entonces, inflamándose en el fuego del apostolado, se dedicarán a llevar a Dios de nuevo los rebeldes e ignorantes, y trabajarán animosos por mantener incólumes los derechos del Señor.
Además, para condenar y reparar de alguna manera esta pública apostasía, producida, con tanto daño de la sociedad, por el laicismo, ¿no parece que debe ayudar grandemente la celebración anual de la fiesta de Cristo Rey entre todas las gentes? En verdad: cuanto más se oprime con indigno silencio el nombre suavísimo de nuestro Redentor, en las reuniones internacionales y en los Parlamentos, tanto más alto hay que gritarlo y con mayor publicidad hay que afirmar los derechos de su real dignidad y potestad.

Continúa una tradición

 

26. ¿Y quién no echa de ver que ya desde fines del siglo pasado se preparaba maravillosamente el camino a la institución de esta festividad? Nadie ignora cuán sabia y elocuentemente fue defendido este culto en numerosos libros publicados en gran variedad de lenguas y por todas partes del mundo; y asimismo que el imperio y soberanía de Cristo fue reconocido con la piadosa práctica de dedicar y consagrar casi innumerables familias al Sacratísimo Corazón de Jesús. Y no solamente se consagraron las familias, sino también ciudades y naciones. Más aún: por iniciativa y deseo de León XIII fue consagrado al Divino Corazón todo el género humano durante el Año Santo de 1900.
27. No se debe pasar en silencio que, para confirmar solemnemente esta soberanía de Cristo sobre la sociedad humana, sirvieron de maravillosa manera los frecuentísimos Congresos eucarísticos que suelen celebrarse en nuestros tiempos, y cuyo fin es convocar a los fieles de cada una de las diócesis, regiones, naciones y aun del mundo todo, para venerar y adorar a Cristo Rey, escondido bajo los velos eucarísticos; y por medio de discursos en las asambleas y en los templos, de la adoración, en común, del augusto Sacramento públicamente expuesto y de solemnísimas procesiones, proclamar a Cristo como Rey que nos ha sido dado por el cielo. Bien y con razón podría decirse que el pueblo cristiano, movido como por una inspiración divina, sacando del silencio y como escondrijo de los templos a aquel mismo Jesús a quien los impíos, cuando vino al mundo, no quisieron recibir, y llevándole como a un triunfador por las vías públicas, quiere restablecerlo en todos sus reales derechos.

Coronada en el Año Santo

 

28. Ahora bien: para realizar nuestra idea que acabamos de exponer, el Año Santo, que toca a su fin, nos ofrece tal oportunidad que no habrá otra mejor; puesto que Dios, habiendo benignísimamente levantado la mente y el corazón de los fieles a la consideración de los bienes celestiales que sobrepasan el sentido, les ha devuelto el don de su gracia, o los ha confirmado en el camino recto, dándoles nuevos estímulos para emular mejores carismas. Ora, pues, atendamos a tantas súplicas como los han sido hechas, ora consideremos los acontecimientos del Año Santo, en verdad que sobran motivos para convencernos de que por fin ha llegado el día, tan vehementemente deseado, en que anunciemos que se debe honrar con fiesta propia y especial a Cristo como Rey de todo el género humano.
29. Porque en este año, como dijimos al principio, el Rey divino, verdaderamente admirable en sus santos, ha sido gloriosamente magnificado con la elevación de un nuevo grupo de sus fieles soldados al honor de los altares. Asimismo, en este año, por medio de una inusitada Exposición Misional, han podido todos admirar los triunfos que han ganado para Cristo sus obreros evangélicos al extender su reino. Finalmente, en este año, con la celebración del centenario del concilio de Nicea, hemos conmemorado la vindicación del dogma de la consustancialidad del Verbo encarnado con el Padre, sobre la cual se apoya como en su propio fundamento la soberanía del mismo Cristo sobre todos los pueblos.

Condición litúrgica de la fiesta

 

30. Por tanto, con nuestra autoridad apostólica, instituimos la fiesta de nuestro Señor Jesucristo Rey, y decretamos que se celebre en todas las partes de la tierra el último domingo de octubre, esto es, el domingo que inmediatamente antecede a la festividad de Todos los Santos. Asimismo ordenamos que en ese día se renueve todos los años la consagración de todo el género humano al Sacratísimo Corazón de Jesús, con la misma fórmula que nuestro predecesor, de santa memoria, Pío X, mandó recitar anualmente.
Este año, sin embargo, queremos que se renueve el día 31 de diciembre, en el que Nos mismo oficiaremos un solemne pontifical en honor de Cristo Rey, u ordenaremos que dicha consagración se haga en nuestra presencia. Creemos que no podemos cerrar mejor ni más convenientemente el Año Santo, ni dar a Cristo, Rey inmortal de los siglos, más amplio testimonio de nuestra gratitud —con lo cual interpretamos la de todos los católicos— por los beneficios que durante este Año Santo hemos recibido Nos, la Iglesia y todo el orbe católico.
31. No es menester, venerables hermanos, que os expliquemos detenidamente los motivos por los cuales hemos decretado que la festividad de Cristo Rey se celebre separadamente de aquellas otras en las cuales parece ya indicada e implícitamente solemnizada esta misma dignidad real. Basta advertir que, aunque en todas las fiestas de nuestro Señor el objeto material de ellas es Cristo, pero su objeto formal es enteramente distinto del título y de la potestad real de Jesucristo. La razón por la cual hemos querido establecer esta festividad en día de domingo es para que no tan sólo el clero honre a Cristo Rey con la celebración de la misa y el rezo del oficio divino, sino para que también el pueblo, libre de las preocupaciones y con espíritu de santa alegría, rinda a Cristo preclaro testimonio de su obediencia y devoción. Nos pareció también el último domingo de octubre mucho más acomodado para esta festividad que todos los demás, porque en él casi finaliza el año litúrgico; pues así sucederá que los misterios de la vida de Cristo, conmemorados en el transcurso del año, terminen y reciban coronamiento en esta solemnidad de Cristo Rey, y antes de celebrar la gloria de Todos los Santos, se celebrará y se exaltará la gloria de aquel que triunfa en todos los santos y elegidos. Sea, pues, vuestro deber y vuestro oficio, venerables hermanos, hacer de modo que a la celebración de esta fiesta anual preceda, en días determinados, un curso de predicación al pueblo en todas las parroquias, de manera que, instruidos cuidadosamente los fieles sobre la naturaleza, la significación e importancia de esta festividad, emprendan y ordenen un género de vida que sea verdaderamente digno de los que anhelan servir amorosa y fielmente a su Rey, Jesucristo.

Con los mejores frutos

 

32. Antes de terminar esta carta, nos place, venerables hermanos, indicar brevemente las utilidades que en bien, ya de la Iglesia y de la sociedad civil, ya de cada uno de los fieles esperamos y Nos prometemos de este público homenaje de culto a Cristo Rey.

a) Para la Iglesia

En efecto: tributando estos honores a la soberanía real de Jesucristo, recordarán necesariamente los hombres que la Iglesia, como sociedad perfecta instituida por Cristo, exige —por derecho propio e imposible de renuncíar— plena libertad e independencia del poder civil; y que en el cumplimiento del oficio encomendado a ella por Dios, de enseñar, regir y conducir a la eterna felicidad a cuantos pertenecen al Reino de Cristo, no pueden depender del arbitrio de nadie.
Más aún: el Estado debe también conceder la misma libertad a las órdenes y congregaciones religiosas de ambos sexos, las cuales, siendo como son valiosísimos auxiliares de los pastores de la Iglesia, cooperan grandemente al establecimiento y propagación del reino de Cristo, ya combatiendo con la observación de los tres votos la triple concupiscencia del mundo, ya profesando una vida más perfecta, merced a la cual aquella santidad que el divino Fundador de la Iglesia quiso dar a ésta como nota característica de ella, resplandece y alumbra, cada día con perpetuo y más vivo esplendor, delante de los ojos de todos.

b) Para la sociedad civil

33. La celebración de esta fiesta, que se renovará cada año, enseñará también a las naciones que el deber de adorar públicamente y obedecer a Jesucristo no sólo obliga a los particulares, sino también a los magistrados y gobernantes.
A éstos les traerá a la memoria el pensamiento del juicio final, cuando Cristo, no tanto por haber sido arrojado de la gobernación del Estado cuanto también aun por sólo haber sido ignorado o menospreciado, vengará terriblemente todas estas injurias; pues su regia dignidad exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora finalmente al formar las almas de los jóvenes en la sana doctrina y en la rectítud de costumbres. Es, además, maravillosa la fuerza y la virtud que de la meditación de estas cosas podrán sacar los fieles para modelar su espíritu según las verdaderas normas de la vida cristiana.

c) Para los fieles

34. Porque si a Cristo nuestro Señor le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra; si los hombres, por haber sido redimidos con su sangre, están sujetos por un nuevo título a su autoridad; si, en fin, esta potestad abraza a toda la naturaleza humana, claramente se ve que no hay en nosotros ninguna facultad que se sustraiga a tan alta soberanía. Es, pues, necesario que Cristo reine en la inteligencia del hombre, la cual, con perfecto acatamiento, ha de asentir firme y constantemente a las verdades reveladas y a la doctrina de Cristo; es necesario que reine en la voluntad, la cual ha de obedecer a las leyes y preceptos divinos; es necesario que reine en el corazón, el cual, posponiendo los efectos naturales, ha de amar a Dios sobre todas las cosas, y sólo a El estar unido; es necesario que reine en el cuerpo y en sus miembros, que como instrumentos, o en frase del apóstol San Pablo, como armas de justicia para Dios(35), deben servir para la interna santificación del alma. Todo lo cual, si se propone a la meditación y profunda consideración de los fieles, no hay duda que éstos se inclinarán más fácilmente a la perfección.
35. Haga el Señor, venerables hermanos, que todos cuantos se hallan fuera de su reino deseen y reciban el suave yugo de Cristo; que todos cuantos por su misericordia somos ya sus súbditos e hijos llevemos este yugo no de mala gana, sino con gusto, con amor y santidad, y que nuestra vida, conformada siempre a las leyes del reino divino, sea rica en hermosos y abundantes frutos; para que, siendo considerados por Cristo como siervos buenos y fieles, lleguemos a ser con El participantes del reino celestial, de su eterna felicidad y gloria.
Estos deseos que Nos formulamos para la fiesta de la Navidad de nuestro Señor Jesucristo, sean para vosotros, venerables hermanos, prueba de nuestro paternal afecto; y recibid la bendición apostólica, que en prenda de los divinos favores os damos de todo corazón, a vosotros, venerables hermanos, y a todo vuestro clero y pueblo.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de diciembre de 1925, año cuarto de nuestro pontificado.

Notas

1. Ef 3,19.
2. Dan 7,13-14.
3. Núm 24,19.
4. Sal 2.
5. Sal 44.
6. Sal 71.
7. Is 9,6-7.
8. Jer 23,5.
9. Dan 2,44.
10. Dan 7 13-14.
11. Zac 9,9.
12. Lc 1,32-33.
13. Mt 25,31-40.
14. Jn 18,37.
15. Mt 28,18.
16. Ap 1,5.
17. Ibíd., 19,16.
18. Heb 1,1.
19. 1 Cor 15,25.
20. In Luc. 10.
21. 1 Pt 1,18-19.
22. 1 Cor 6,20.
23. Ibíd., 6,15.
24. Conc. Trid., ses.6 c.21.
25. Jn 14,15; 15,10.
26. Jn 5,22.
27. Himno Crudelis Herodes, en el of. de Epif.
28. Enc. Annum sacrum, 25 mayo 1899.
29. Hech 4,12.
30. S. Agustín, Ep. ad Macedonium c.3
31. Enc. Ubi arcano.
32. 1 Cor 7,23.
33. Enc. Annum sacrum, 25 mayo 1899.
34. Sermón 47: De sanctis.
35. Rom 6,13.

 


 

Sobre el origen de la Cristiada

Se ha hablado mucho sobre la participación de la Jerarquía Eclesiástica en los alzamientos cristeros. En este breve artículo, intentaré probar que los señores obispos no tuvieron nada que ver en esto, y más aun, hubo algunos que incluso se opusieron frontalmente a todo tipo de conflicto armado. Veremos en las líneas siguientes como los levantamientos fueron una reacción si pudiera decirse, natural, de los católicos mexicanos de aquellos años ante las injustas agresiones del gobierno masónico de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

 

El combate armado no fue planeado

A continuación, narro el origen de la Cristiada , tal y como lo contaba don Alfredo Hernández Quezada, sobrino del capitán primero de la Guardia Nacional , Efrén Quezada Ibarra. Don Alfredo, durante casi 20 años se dedico al estudio minucioso de la Cristiada , se dedico a entrevistar a cientos de participantes de la Cristiada , de una y de otra parte, Cristeros –los que se alzaron en armas y los que los apoyaron desde las ciudades- entrevisto a militares, a agraristas, etc. Y de toda esa información se beneficiaron grandes historiadores como Jean Meyer y el Padre Lauro López Beltrán, entre otros, quienes tanto han aportado al estudio de los Cristeros.

Don Alfredo, consiguió entre otras cosas, los archivos personales de personajes distinguidos de aquel conflicto, y del estudio de esos documentos, sacó muchas consideraciones, las cuales, me propongo relatar en lo sucesivo, para un mejor conocimiento de esa gloriosa época de nuestra historia nacional.

 

Empezamos

Como es bien sabido, la Iglesia Católica ha sufrido persecuciones terribles desde los tiempos de Benito Juárez, y los masones que le siguieron en el poder en México. Esta persecución, se acrecentó durante la Revolución Mexicana , la cual llego a su culmen en los gobiernos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

A principios de 1926, el Arzobispo de México don José Mora y del Rio hizo ciertas declaraciones que los medios de comunicación tergiversaron e hicieron aparecer ante el presidente en turno, Plutarco Elías Calles como odiosas. En respuesta, Calles envió al Congreso de la Unión una serie de reformas al Código Penal que castigaba más severamente ciertas prácticas de tipo religioso, a la postre, estas reformas serian conocidas como la “Ley Calles”.

Los católicos intentaron de muchas maneras –todas pacificas- detener la promulgación de estas leyes, pero el gobierno se empeño en que esto no tuviera ningún resultado. Como consecuencia de esto, la Iglesia decidió ella misma cerrar los templos, fijándose el 31 de julio como último día de culto religioso en todo el país.

Llego el primero de agosto, y por las crónicas que he podido leer y los testimonios que pude conocer de personas que vivieron aquellos tiempos tan duros, he de decir que ese 1 de agosto fue especialmente terrible, la gente entraba a los templos donde no estaba más el Santísimo Sacramento y los cultos suspendidos por tiempo indefinido.

 

Comenzó en Zacatecas

Fue en la población zacatecana de Chalchihuites, vecina al estado de Durango, donde el 15 de agosto, de manera clandestina, se celebro la Santa Misa en honor de la Asunción de la Virgen María , la presidio el Sr. Cura del Pueblo, don Luis Batiz Saenz, quien a pesar de la prohibición de cultos, seguía en el pueblo ayudando a su fieles de manera clandestina.

Al finalizar dicha celebración, el Sr cura, acompañado de algunos fieles fue detenido por tropas federales que habían sido puestas sobre aviso por personas hostiles a la religión. Los nombres de los acompañantes del Padre, Luis Batiz, que fueron detenidos con el son Manuel Morales, David Roldan y Salvador Lara.

Los cuatro fueron sacados del pueblo sin especificar su destino, ante lo cual, los vecinos del lugar acudieron a demandar ayuda al líder de la región, un ex coronel villista, don Pedro Quintanar, quien era muy querido y respetado en el pueblo.

Al enterarse de esta acción del ejército, don Pedro ensillo su caballo y salió en su busca, acompañado de varios hombres del pueblo. A las afueras de Chalchihuites, se encontraron con que el sacerdote y sus acompañantes habían sido ya fusilados. Estas personas eran muy queridas por la población de aquel lugar, por lo que don Pedro y su gente, de dolor comenzaron a disparar a las tropas federales que en aquel momento se alejaban del lugar. Entre esos disparos, hubo uno que a pesar de la distancia acertó en un soldado del ejército mexicano, con lo cual, don Pedro Quintanar y su gente quedaron fuera de la ley, por lo que tuvieron que salir del pueblo y buscar refugio en otra parte.

Don Pedro tenía un amigo en una población llamada Valparaiso, se trataba de don Aurelio Acevedo Robles, y hacia él fueron en busca de refugio esperando que las cosas se calmaran pronto.

El domingo 29 de agosto de aquel año, Don Aurelio y Don Pedro, cada uno con sus amigos, fueron a la plaza que cada domingo se hacía en el pueblo de Huejuquilla el Alto, Jalisco, donde en compañía de su gente, se divertían y compraban alguna cosa de lo que ahí se vendía. De repente, sin esperárselo, apareció a lo lejos una columna volante del ejército mexicano.

Quiero hacer notar que hasta este momento, ni los católicos ni el ejército presagiaban lo que se avecinaba: el terrible conflicto que por tres años cubriría de sangre el suelo patrio. Digo esto porque los católicos no habían dejado vigías, pues no era su intención pelear, sino esperar que las cosas se calmaran, y pudieran los de Chalchihuites regresar a su pueblo; además, la mayoría de ellos iba desarmados. Por otro lado, el ejército tampoco planeaba nada, ellos iban en misión de patrullar, pero no en busca de alzados, pues creían que el conflicto de Chalchihuites era algo pasajero. Ciertamente, la Liga encabezaba una iniciativa de convocatoria a los católicos de todo el país, a efecto de que se levantaran en armas, pero para el día 1 de enero de 1927, es decir, esto que a continuación narrare, precipitara dramáticamente los acontecimientos.

Al entrar los militares a aquella población, los de Valparaiso y los de Chalchihuites platicaron y decidieron hacerle frente al ejército, pues creían que iban por ellos. El problema era que estos no llevaban armas, pues iban a “placear” y no a pelear. Así las cosas, esperaron un poco a que oscureciera y súbitamente se acercaron a los soldados que estaban desprevenidos, y los lazaron, dejándolos inmovilizados, robándoles en el acto lo que llevaban de valor (Armas, municiones, etc…), siendo casi siempre está la manera de hacerse de armas, quitándoselas a los militares del ejército mexicano.

Al anochecer, los católicos eran dueños de la situación y abandonaron el pueblo dejando atados a los militares, así daba inicio aquel al gesta heroica. Al mismo tiempo, ese día en Penjamo Guanajuato, otro valiente se alzaba “ Voy a dar mi sangre por Cristo, pues mucha falta hace para la redención de este país ”, el valiente Luis Navarro Origel -que llegaría a mandar 10 000 cristeros en la zona costera de Michoacán- se iba al cerro, pero esto es otra historia, que espero podamos contar pronto.

Resalto que fue la misma Iglesia la que decidió cerrar los templos, no fue el gobierno el que lo hizo., debo recalcar también que fue el gobierno y esa ley, la que al coartar la libertad religiosa, fue el responsable directo de lo que sucedería más adelante.

 


Historia de la Iglesia en México

“Quién fue El Ejército Cristero”


Por Luis A. González Torres ( Luisarmando12@hotmail.com )

 

  1. Introducción
  2. Génesis del Ejército Cristero
  3. Reclutamiento de los Cristeros
  4. ¿Quiénes conformaban el Ejército Cristero?
  5. Los Jefes Cristeros
  6. Sustento de los Cristeros
  7. Las Brigadas Femeninas de Santa Juana de Arco (BB)
  8. La vida Religiosa en el Campo de Batalla
  9. Pío XI
  10. A manera de Conclusión
  11. Bibliografía

 

El EJÉRCITO CRISTERO

Introducción

Los Cristeros , fue un movimiento armado que, desde 1926 hasta 1929, combatió la política laica del presidente Plutarco Elías Calles y por su sucesor, Emilio Portes Gil, en cuyo mandato se puso fin al conflicto religioso. La denominada “Guerra Cristera”, estalló en agosto de 1926, principalmente en los estados de Jalisco, Nayarit, Guanajuato, Michoacán y Zacatecas. Su origen fueron las medidas adoptadas por el gobierno de Calles, encaminadas a disminuir las actividades educativas de la Iglesia y, sobre todo, a eliminar por completo el culto religioso.

El ejército cristero estuvo compuesto básicamente por peones y aparceros rurales, dirigidos por antiguos militares revolucionarios, ex partidarios algunos de ellos de Pancho Villa, Emiliano Zapata y participaron también algunos sacerdotes.

De esta manera, en la Historia de México hay muchos momentos que son inolvidables porque hacen merma en las conciencias o porque son de gloria. Así, el siguiente trabajo busca abordar un tema fundamental para la historia de nuestra Iglesia y patria: “Quién fue El Ejercito Cristero”.

 

“Los gobernantes de la República , abusando de su poder

y de la admirable paciencia del pueblo,

podrán amenazar al clero

y pueblo mexicano con peores males;

pero ¿cómo podrán vencer a hombres dispuestos a sufrirlo todo

antes que consentir en cualquier arreglo que pudiera ser dañoso

a la causa de la libertad católica?”

Pío XI 18 de enero de 1926, carta a los Obispos de México.

Génesis del Ejército Cristero

El gran alzamiento de enero del 1927 fue más civil que militar. Y por aquellos días apareció un referéndum que, a partir de aquel momento, no había mas remedio que la guerra. No pocas veces, la Cristiana comienza por las provocaciones, por detenciones de sacerdotes, por el armamento agrarista, la llegada del ejército y la inspección de las armas. Desde la suspensión del culto se había hecho penitencia, peregrinaciones, novenas pero no se disminuyo la oleada antirreligiosa.

Los combatientes se dispersaban a pie, armados de piedras y garrotes. Después de las explosiones aisladas de 1926, vino la reanudación lenta y general en la primavera de 1927, que la represión se extendió hasta los años de 1928-29. Sin planes, sin organización, sin jefes, los cristeros se levantaron, y con una entereza comenzaron por desarmar al enemigo para procurarse fusiles.

Sin un uniforme, sin equipo estandarizado, reconocible en los comienzos por su brazalete negro, signo de duelo y luego por su brazalete blanco y rojo, de los colores de Cristo, pasaron de la partida al escuadrón, del escuadrón al regimiento, del regimiento a la brigada, y cuando se llegara a las divisiones de varios millares de hombres, la carencia de municiones limitaría la guerra a operaciones de guerrilla. La base seguiría siendo siempre la unidad local, el pueblo o los pueblos sostenían los combatientes, a los que se volvían después del combate y la dispersión, para permanecer en ellos hasta la próxima concentración.

Cuando inicio el movimiento se juntaban en pequeños grupos para ocupar los ayuntamientos de los pueblos y para abrir una que otra de las iglesias, tomadas por el gobierno. Estos combatientes y el pueblo que los sostenía se reclutaban en todos los grupos rurales y urbanos, por debajo de determinada cifra de ingresos. La gente del campo suministraba a la vez los soldados y sus aliados civiles; la gente de las ciudades trabajaba en la organización, en la propaganda y en el aprovisionamiento.

Ciudades y campos se hallaban comunicados constantemente. Se ha dicho que en la guerra como un arte técnico, es necesario que halla normas, conocimientos, mentalidad de guerrero, maniobras de disciplina, exactitud de horarios; pero en tres años, los cristeros pasaron del ejército desorganizado, al ejercito constituido que, por poco que tuviera para disparar, derrotaba en igualdad a las fuerzas federales mejor preparadas.

El partido gubernamental no era lo bastante fuerte para controlar el campo, por lo cual, después de la huida, el ejercito federal tuvo que hacer la guerra a los cristeros. Debilitado, desmoralizado por la guerra de guerrillas para lo cual no se hallaba preparado, ejercito de invasión al que se oponía una población entera que sostenía a unos combatientes apoyados en su propio territorio, fue el ejercito quien propago la violencia. Pero aunque este ejercito federal hubiera sido mejor y misericordioso, no habría podido vencer. Los Cristeros enardecidos formaban el movimiento armado, solidarios hasta la muerte a su causa, obedientes a los jefes que les daban, fiel a su promesa de vencer o morir para que reinara Cristo .

 

Reclutamiento de los Cristeros

Se presenta a los cristeros como a pequeños propietarios que defendían sus tierras contra los agraristas o como a proletarios agrícolas utilizados por sus patronos para proteger el latifundio contra la reforma agraria, o finalmente como candidatos al reparto de tierras, del cual no se beneficiaron. Pero en verdad los cristero ignoraban la propiedad territorial en su mayoría, los combatientes eran rurales no todos eran trabajadores agrícolas.

El 60% vivía del trabajo de sus manos . En Jalisco existía, un problema agrario, lo cual explica la presencia de 25 mil agraristas concentrados en los sectores, en los Altos había pequeños propietarios que alcanzaban un cifra del 25%, masivamente cristeros, pero no representaron más que el 10% de los efectivos rebeldes; y en los volcanes de Colima dieron un contingente igualmente numerosos cuando los caracteres étnicos y las estructuras agrarias son muy diferentes.

El reclutamiento de cristeros se hizo indiferentemente en todas partes: indios “comuneros”, despojados, peones y apareceros, siguieron el movimiento en masa, al igual que los marginaos y los salitreros.

Así pues, los cristeros no pueden ser identificados a los propietarios territoriales. La presencia entre ellos de rancheros y de hacendados es la excepción de la regla, todos los grupos campesinos, los rurales, con excepción de los agraristas, participaron, por bajo de determinados nivel de fortuna, en el movimiento cristero.

La participación armada en la insurrección correspondió, pues, a todo género de campesinos y todo género de rurales, a los cuales no se puede atribuir una motivación económica común o uniforme. Los habitantes de las ciudades, con excepción de algunos obreros todavía próximos al campo, y de algunos estudiantes (entre ellos muchos seminaristas que habían nacido en pueblos) se mantuvieron ausentes de los campos de batalla. Esta ausencia se debe por un aislamiento en la ciudad, no tiene la misma significación negativa que la de los ricos propietarios y comerciantes, fundamentalmente hostiles al movimiento, y que dirigían con frecuencia la oposición local, con ayuda del gobierno.

Las comunidades rurales con denominación campesina, donde reclutaban los cristeros, variaban según las regiones. Se ha subrayado bastante el papel de los factores económicos y de las estructuras territoriales para no ser tachados de idealismo, pero el hecho es que no existe modelo de homo economicus para explicar al cristero, yo los considero hombres y mujeres necesitados de expresar a Dios su amor por medio del culto.

 

¿Quiénes conformaban el Ejército Cristero?

La participación en la guerra cristera fue, sociológicamente hablando, excepcional, ya que no respetó nada, ni el sexo, ni la edad, ni la situación familiar, se podría decir que se derribaron todas las barreras que no permitieran la unión de los guerreros. Jean Meyer afirma: “aquel que no toma parte en la “bola”, en la trifulca, el hombre muy joven, el encargado de familia, así como los ancianos, la esposa, que reprueba siempre la aventura, que reprocha al marido su afición a la violencia, y que no desempeña ya su función estabilizadora de la historia, comunica al movimiento cristero una amplitud notable, que puede compararse, en la escala nacional, a cierto zapatismo en los primeros años” .

De esta manera el movimiento de la cristiada, fue diferente de los bandidos villistas y de las tropas carrancistas; es un movimiento que reúne sin distinción a la gente, a los antiguos revolucionarios y a todos aquellos de quienes el sexo, la raza, la sociedad o la cultura hacían unos excluidos.

Quiero retomar la participación de la mujer en este trabajo ya que, el autor Meyer exalta su trabajo dentro de la cristiada, y como estamos acostumbrados siempre a la figura del hombre, hoy doy paso a algunas mujeres valientes de nuestra Iglesia y patria.

Muchos de los hombres que participaron en la cristiada como en muchas guerras, han sido impulsados por sus esposas, madres, hermanas, sino que además no hubieran podido mantenerse sin la ayuda constante de espías, de las aprovisionadoras, de las organizadoras, sobre las que recaía todo el peso de la logística y de la propaganda.

En agosto de 1926, eran las más decididas en montar guardia afuera de las iglesias, y en todas partes los hombres se limitaban a desempeñar un papel secundario, no enfrentándose al gobierno y a sus soldados más que para defender a sus mujeres. El centro de la resistencia en Huejuquilla fue María del Carmen Robles, que supo resistir al general Vargas, y cuyo martirio le valió una fama de santidad. María Natividad González, llamada la “generala Tiva” era tesorera de la Brigada Quintanar , mientras que la infatigable doña Petra Cabral, no contenta con dar a sus hijos a la causa, aprovisionaba a los cristeros.

Hablar de las Brigadas Femeninas y de sus 25 mil militantes, es hablar de que en todas partes había una mujer capaz de reemplazar al jefe civil que había sucumbido. Este feminismo repentinamente permitido (por los machistas) condujo incluso a querer dirigir la guerra, colocando a cada jefe de regimiento bajo la protección y padrinazgo de una coronela. Gorostieta refreno este ardor, limitándolas a las actividades de limpieza, economía, propaganda y aprovisionamiento; pero se vieron algunos grupos femeninos que preparaban explosivos, y enseñaban a los hombres el arte de sabotaje.

 

Los Jefes Cristeros

En los archivos históricos se cuenta con más de 200 nombres de hombres y mujeres que encabezaron a los cristeros. Los jefes tenían que ser reconocidos o elegidos por sus soldados, antes de confirmar el título las autoridades superiores; los primeros jefes fueron simplemente hombres que tomaron en su región la iniciativa del movimiento o aquellos a quienes un grupo de rebeldes invitaba a ponerse a su cabeza. La elección siempre se hacía democráticamente, por voto y aclamación, un jefe del que la tropa estuviera descontenta no podía mantenerse largo tiempo en el puesto y había que volver a las filas o marcharse.

La cualidad más reconocida en los jefes era el valor personal y la experiencia militar. De los 200 oficiales, 40 conocían poco más sobre las armas, por haber participado en el villismo, en el zapatismo o en los grupos de autodefensa y de estos 12 pertenecieron al ejército federal. Pero no sólo soldados raso sino también algunos generales del ejercito disuelto por los tratados te Teoloyucan ofrecieron sus servicios.

Por otra parte hubo algunos escobaristas que permanecieron entre los cristeros después de que inicio esta guerra en la primavera de 1929.

a) Algunos rasgos de los dirigentes :

  • El 70% de los jefes no eran militares, solamente se requería que supieran montar a caballo o manejar las armas, pues cabalgar y disparar formaba parte de la vida común de los campesinos, en ciertas regiones. Es decir, profesionalmente no se distinguían los jefes de los soldados: rurales eran en su mayoría un 92%, raro era encontrase a un rico o acomodado pues más de la mitad de ellos trabajaban como peones o como artesanos.
  • Determinadas actividades preparaban a estos campesinos para ejercer el mando: el arriero por ejemplo, siempre en los caminos, conoce a mucha gente; los comerciantes y mineros, estos eran de fiar de todos pues confiaban su dinero, sus convoyes, su ganado. Algunos empresarios como Toribio Valdez que era representante de las maquinas de coser Singer y dicen que conocía a todo el mundo por su nombre, y muchos recordaban que en enero del 27 llego a Atotonilco, encontró el pueblo destrozado y en ruina, con mujeres y niños solos decidiendo tomar las armas.
  • Esta no entraba en cuenta: la de los jefes se escalonaba de los 18 a los 70 años. Se distribuían por terceras partes entre menores de 30 años, hombres maduros de 30 a 50 y de más de 50. Era a fin de cuentas las tropas los que reconocían a sus jefes, y la eficacia militar no bastaba a explicar su elección.

La capacidad de los jefes y su fuerza se procedía de su capacidad para hacerse obedecer y poner a su servicio los talentos de aquellos hombres o mujeres de guerra de cualidades peligrosas. Entre los jefes, había choques también pero, estaban sujetos por sus superiores y vigilados por sus soldados que no solían seguirlos en sus querellas o insubordinaciones. Se hallaban unidos por una historia común y sobre todo por un sentido de combate.

 

Sustento de los Cristeros

Todos los generales federales estaban de acuerdo en denunciar el apoyo que les dieran a los cristeros. Meyer dice que, “eran vistos como una de las principales fuerzas rebeldes, porque la gente sostuvo al movimiento, la de todos los pueblos, en relación constante con los combatientes y haciendo posible la lucha de éstos” . Esto llegó a tal punto que no se distinguía entre civiles y cristeros, de esta manera se dio una represión para toda la población.

Las redes urbanas trabajaban con gran eficacia, facilitada en las grandes ciudades del centro oeste por la afluencia de refugiados. En Guadalajara, Durango, León, Querétaro, Oaxaca, Saltillo, Guanajuato y hasta México, los cristeros entraban y salían sin dificultad, e incluso era de allí donde se refugiaban cuando la presión era demasiado fuerte en el campo.

Los comités urbanos imponían tributaciones y realizaban colectas, los obreros trabajaban en la “reforma” de los cartuchos para obtener el calibre requerido o para hacer otros, utilizando los casquillos vacíos. En algunas regiones la logística era muy modesta y correspondía a la ayuda espontánea de la población. En el oeste se organizó un comité destinado a coordinar las actividades de los numerosos grupos y de las Brigadas femeninas, nacidas en esta época.

Algunos autores hablan de que nunca les falto la comida, pues los pueblos se organizaban muy bien. El problema principal eran las municiones. La carencia de cartuchos lo obligo a correr durante los primeros 6 meses de batalla en 1927.

a) Faltaban Municiones

En los pueblos la base urbana suministraba, ya que los combatientes necesitaban cosas indispensables pero en primer lugar las municiones. Uno de los personajes importante era el P. Ayala, quien, con uniforme, papeles militares oficiales y armado, circulaba por Guadalajara llevando municiones a los cristeros.

En las regiones menos aisladas las redes de aprovisionamiento eran más eficaces. Los soldados recibían sus cartuchos de la fábrica de México, cuyos obreros las hacían llegar a comerciantes que transitaban por Iztapalapa y Xochimilco, donde los indios, arrieros y carboneros de la sierra las recogían. Otro método consistía en expedir cajas enteras por el ferrocarril con la etiqueta exterior de jabones, medicinas, clavos, etc.

b) Los cómplices

La complicidad de los funcionarios y de las autoridades era manifiesta, a tal grado que el gobierno tuvo que intervenir. Ya en 1926, el gobernador de Jalisco informaba al presidente Calles de este hecho inquietante que no iba a cesar en los 3 años de la guerra. En abril de 1929 decidió el gobierno proceder con la mayor severidad contra los empleados servidores del gobierno que cooperaran con los alzados, por tratarse no solamente de un caso de rebelión, sino de traición. La complicidad era activa; algunos militares estaban de corazón con los rebeldes, los protegían y los aprovisionaban. Otro lugar donde se podían aprovisionar los cristeros era el ejército federal. Oficiales y soldados se dedicaban al tráfico de municiones, a tal punto que la organización tenía establecidos lugares en los que estratégicamente hacían el negocio.

 

Las Brigadas Femeninas de Santa Juana de Arco (BB)

En el origen de esta organización predominantemente femenina, en cuanto a sus tropas y a sus jefes, que realizó de manera ejemplar la síntesis de todos los problemas logísticos de los combatientes y ordeno la indispensable cooperación de los civiles, se encuentra a dos hombres: Luis Flores y Joaquín Camacho, y un sindicato, la UEC , Unión de Empleadas Católicas de Guadalajara. El 21 de junio de 1927 se fundo en Zapopan la primera Brigada Femenina, compuesta por 17 muchachas.

Esta era una organización militar destinada a procurar dinero, aprovisionar a los combatientes, suministrar municiones, uniformes y refugios, a curarlos y esconderlos, la BB , organización secreta, imponía a sus miembros un juramento de obediencia y de secreto. La organización se extendió a todo el país. En enero de 1928 se fundaba la primera BB en el D.F. En marzo las BB contaban con más de 10 mil militantes. Las militantes eran jóvenes solteras de 15 a 25 años, dirigidas por jefes de los cuales ninguno tenía más de 30 años.

Se reclutaban en todas las clases sociales, y la gran mayoría procedía de las capas proletarias: barrios populosos de las ciudades, mujeres del campo. Si en sus orígenes, el encuadramiento lo suministraba la pequeña clase media y las jóvenes de las escuelas católicas, los grados fueron ocupados rápidamente por muchachas del pueblo, en un porción de un 90%, que no hacia sino reflejar la composición de la tropa.

Al nivel de las generales, el origen socioprofecional se mantenía modesto: mecanografía o empleada. Estas mujeres tomaron muy enserio su papel nunca dudaban en acudir a la violencia, al rapto, a la ejecución, para obtener rescates, proteger a los combatientes y castigar a los espías. Utilizaban todos los medios, organizaban bailes en los pueblos para obtener la confianza de los oficiales, desvanecer sospechas y obtener información. Por otra parte, el cuidado de los heridos escondidos en los pueblos o en la ciudad incumbía a las BB, así como la dirección de los rudimentarios hospitales de campaña. Una muchacha nunca trabajaba en el mismo lugar o por mucho tiempo en la misma rama.

En cuanto alcanzaba cierto grado de responsabilidad, las jefes cambiaban constantemente de identidad y de domicilio. Las transportadoras de municiones hacían un viaje cada tres semanas como mínimo.

 

La vida Religiosa en el Campo de Batalla

No por todas las dificultadas había disminuido el fervor de aquel pueblo cristero. Algunos soldados hacían capillas, de varas y de zacate. También los sacerdotes hacían sus casas ahí junto a los campamentos cristeros, esto con el fin de llevar los sacramentos a los incansables guerreros de Dios. Todos los días escuchaban la Santa Misa y, por las tardes rezaban el rosario y cantaban algunas alabanzas.

La multitud de aquellos soldados ayunaban en especial los miércoles y los viernes, desde las esposas y los hijos, como signo de unión entre los hermanos guerreros. Se procuraba guarda la abstinencia de carne los viernes . Los libertadores recibían los sacramentos por lo menos una ves al mes y antes del combate, cuando había tiempo se les reunía y, después de una exhortación del sacerdote procurando alentarlos y motivarles, se ponían de rodillas, hacían un acto de contrición y el Padre capellán, con las manos extendidas pronunciaba la formula de la absolución sacramental.

 

Pío XI

No quiero terminar mi trabajo sin hacer referencia a la Santa Sede , principalmente a los pronunciamientos del Papa Pío XI, quien le recordaba a los cristeros la importancia del valor del sacrificio. Hago referencia a una carta enviada al Obispo de Tacambaro Mons. Leopoldo Lara y Torres; claro que no tomo en su totalidad los párrafos, sólo los que considero importantes para este trabajo:

Si Deus pro nobis, QUIS CONTRA NOS? Si Dios está de nuestra parte, ¿Quién podrá al fin arrebatarnos la victoria?, podremos exclamar confiadamente, con la mirada puesta en el cielo y el corazón en Dios, por más que ruja en nuestro derredor las furias espantosas del abismo.

Cristo, que todo lo puede, hace que las persecuciones con que son vejados los cristianos sirvan para utilidad de la Iglesia , pues según San Hilario: Propio es de la Iglesia vencer, cuando es perseguida; brilla, cuando es impugnada; conquista nuevas almas, cuando es abandonada. No hay que descorazonarnos ante el poder del enemigo, ni que cansarnos por lo prolongado de la lucha, ni que abatirnos por los contratiempos y parciales fracasos que a veces sufrimos, ni que perder la esperanza del triunfo; porque Cristo ha dicho: “Yo he vencido al mundo”, y su victoria es la nuestra.

Por eso no olvidemos nunca esta sentencia verdaderamente máxima y profunda: “Conviene siempre orar, jamás desfallecer”, que Cristo nos enseñó, con su palabra divina y su ejemplo. Venerables hermanos, como para vuestro clero y fieles, y para todo el pueblo mexicano (aun los malos hijos que persiguen a la Iglesia ), la Bendición Apostólica. Dada en Roma, cerca de San Pedro, el día 2 de febrero de 1926, cuarto de mi pontificado. Pío XI

Si pues, la Iglesia universal representada por el Papa, no estaba indiferente ante la realidad de México, pues son muchas las exhortaciones y cartas que el papa envió a los mexicanos durante todo ese tiempo de persecución .

A manera de Conclusión

Durante muchos años se guardo silencio sobre este tema, tanto en la historia oficial como en la Iglesia. Pero hoy las circunstancias son diferentes, ya hay más relación entre la Iglesia y el Estado, esto desde Carlos Salinas de Gortari. Sin embargo nuestro pasado no ha desaparecido, es importante voltear hacia atrás y percatarnos de nuestras luchas, para valorar nuestra identidad. Ahora comprendo mucho más porque en el Sur del país las personas son más religiosas, ahora me doy cuenta porque la gente valora más las peregrinaciones, novenas y sacerdotes. Definitivamente, hasta que perdemos algo lo valoramos.

¿Pero ahora que nos toca hacer como Iglesia mexicana?

Estoy seguro que nuestra tarea es valorar muestra historia como Iglesia en México, conocerla, amarla y tomar en cuenta a todos aquellos hombres y mujeres que dieron su vida por nuestra Iglesia. Y nosotros los futuros pastores, podemos despertar ese amor a la Iglesia dando un testimonio de entrega y servicio a los hermanos, haciendo opción por los más olvidados de nuestra sociedad, Iglesia y conciencia.

 

Bibliografía

Hoyos Martínez Antonio, Historia de la Iglesia en México, Ed. Cinco Minutos de Oración,

México, 1995.

Leopoldo Lara Y Torres Mons ., Documentos para la Historia de la Persecución

Religiosa en México, Ed. Jus, México, 1954.

Meyer Jean , La Cristiada Obra Completa, Ed. Clio, México, 1999.

Meyer Jean , La Cristiada , el conflicto entre la Iglesia y el Estado 1926-1929, Tomo II,

Ed., Siglo XXI, México, 1976.

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Trueba Alfonso , Figuras y episodios de la Historia de México, los Cristeros del Volcán

de Colima, Tomo II, Ed. Jus, México, 1961.

Luis Armando González Torres

Seminario Mayor de Hermosillo

Hermosillo, Sonora México

Luisarmando12@hotmail.com