20 de noviembre, XIII aniversario de la beatificación de 13 mártires de Cristo Rey

Este martes, 20 de noviembre, se cumplen 13 años de la beatificación de 13 mártires de Cristo Rey, que el Santo Padre Benedicto XVI hiciera en el año 2005.

Para conmemorar dicho acontecimiento, iremos reproduciendo las biografías de nuestros beatos (uno de ellos hoy santo) que nos inspiraran a luchar día a día por el reinado de Cristo. Biografías tomadas del libro "Porque amaron mucho a Cristo" escrito por el P. Israel Tapia Arroyo, publicado en el 2005.

Iniciamos con el que encabezo el grupo:


ANACLETO GONZALEZ FLORES

Este distinguido luchador social, nació en Tepatitlán, Jal., el 13 de julio de 1888, en un ambiente de extrema pobreza -pero profundamente cristiano- en el corazón de la región de los Altos de Jalisco.
En 1908 ingresó al Seminario Auxiliar de San Juan de los Lagos; donde pronto alcanzó grandes adelantos en las ciencias, supliendo incluso -siendo alumno- las ausencias de algunos maestros, con lo que se ganó el apodo de Maistro Cleto que lo acompañaría toda su vida.
Cuando se dio cuenta de que su vocación no era el Sacerdocio Ministerial, dejó el Seminario para ingresar a la Escuela Libre de Derecho de Guadalajara. Fue un gran pedagogo, orador, catequista y líder social cristiano, se convirtió en paladín laico de los católicos de Guadalajara a quienes organizó de manera más que eficaz.
A su alrededor su fue uniendo lo que más tarde sería el núcleo inicial de la ACJM en Guadalajara, que siempre lo reconoció como su guía.
Poseedor de una gran cultura, escribió algunos libros llenos de espíritu cristiano, así como centenares de artículos periodísticos.
Cuando en 1918 el gobierno del Estado de Jalisco pretendió aplicar el artículo 130 constitucional, limitando el número de sacerdotes y reglamentando el uso de los templos, González Flores con la ACJM desplegó todo un movimiento de resistencia pacífica que se extendió por todo el Estado y que incluía el boicot, el luto y los manifiestos, mientras la arquidiócesis de Guadalajara impedía la eficacia de la nueva reglamentación suspendiendo el culto en los templos y trasladándolo a las casas. Después de 8 meses de intensa lucha, el Decreto 1913 y su reglamento debieron ser derogados ante la firmeza de los católicos empeñados en paralizar la vida económica y social de la entidad.
De este éxito se sirvió para diseñar la estrategia a seguir, cuando en 1925 se repitió la historia en Jalisco, y esa misma táctica de lucha pacífica, de escritos dirigidos al Congreso y de boicot económico, se implementó a nivel nacional en 1926.
Heriberto Navarrete, en su Libro Por Dios y por la Patria que recoge sus memorias de esta lucha, nos narra sorprendentes acontecimientos realizados por los católicos del estado de Jalisco, cuando se les invitaba a unirse a la causa de Dios: fiestas ya anunciadas, eran canceladas, los jóvenes se iban a los cines y convencían a los que ahí acudían, de que no entraran, de que colaboraran con la causa, que se abstuvieran de todo lo superfluo en tanto estuvieran vigentes las leyes persecutorias, etc.
Fue muy fiel a su Obispo, el Siervo de Dios Francisco Orozco y Jiménez; propuso a los católicos la resistencia pacífica y civilizada a los ataques del Estado contra la Iglesia; constituyó por ese tiempo la obra cumbre de su vida, la Unión Popular, que llegó a contar con decenas de miles de afiliados.
Cuando en 1926 se iniciaron los alzamientos cristeros en el occidente del país -sobre todo en Jalisco- habiendo sido agotado todo medio pacífico de resistencia, ante la propuesta insistente de la Liga de secundar su opción por la vía armada, y convencido de que el episcopado no condenaba la lucha, aceptó el cargo de delegado regional de la Liga, sin llegar a tomar las armas de ninguna manera: jamás participó en combate alguno.
La madrugada del 1º de abril de 1927 fue tomado preso en el domicilio particular de la familia Vargas González; se le trasladó al Cuartel Colorado, donde se le aplicaron tormentos muy crueles; le exigían, entre otras cosas, revelar el paradero del Arzobispo de Guadalajara: “No lo sé, y si lo supiera, no se los diría”, respondió. Los verdugos, bajo las órdenes del General de División Jesús María Ferreira, Jefe de Operaciones Militares de Jalisco, descoyuntaron sus extremidades, le arrancaron las plantas de los pies y, a golpes, le desencajaron un brazo.
Don Joaquín Blanco Gil, nos relata así el martirio del Maistro y compañeros:
“Anacleto fue torturado a cuchilladas, se le suspendió de los pulgares, le dejaron así colgado mientras atormentaban a los hermanos Vargas González, exclamando el mártir: “no jueguen con niños; si quieren sangre de hombre, aquí estoy yo” y dirigiéndose a Padilla Gómez que pedía confesión: “no, hermano, ya no es tiempo de confesarse, sino de pedir perdón y de perdonar. Es un padre, no es un juez el que espera. Tu misma sangre te purificará”. Los hermanos Jorge y Ramón Vargas González, habían apenas terminado de recitar el acto de contrición, cuando fueron pasados por las armas, les toco la dicha de ocupar el envidiable puesto de asistentes del caudillo en su entrada triunfal a los cielos. No estaba bien de un abanderado, llegar solo hacia su rey”. (Blanco Gil Joaquín, El Clamor de la Sangre, REXMEX, México, 1947, Pág. 135)
Luís Padilla Gómez pidió que le dejaran orar, y cuando estaba arrodillado rezando, una descarga cerrada le arranco la vida. Anacleto González Flores fue herido con un marrazo en el costado izquierdo, cayendo al mismo tiempo que recibía una lluvia de balas, siendo sus ultimas palabras, antes de la postrera tortura que le asesinó “General: perdono a usted de corazón, muy pronto nos veremos ante el tribunal divino; el mismo Juez que me va a juzgar, será su Juez; entonces tendrá usted un intercesor en mí con Dios… una sola cosa diré, y es: que he trabajado con todo desinterés por defender la causa de Jesucristo y de su Iglesia.
Vosotros me mataréis, pero sabed que conmigo no morirá la causa. Muchos están detrás de mi dispuestos a defenderla hasta el martirio. Me voy, pero con la seguridad de que veré pronto, desde el cielo, el triunfo de la Religión y de mi Patria… por segunda vez oigan las Américas este santo grito: yo muero pero Dios no muere, ¡Viva Cristo Rey!”. (Blanco Gil Joaquín, El Clamor de la Sangre, REXMEX, México, 1947, Pág. 137 y 138)
“El primer pelotón no quiso obedecer las órdenes de la ejecución que había dado el jefe de operaciones militares en Jalisco, por lo que hubo de ser sustituido por otro. Como el lo pidió, -morir al final, para animar a sus amigos- fueron muertos primero sus compañeros cayendo él al final, con la fortaleza invencible de los mártires.” (Revista DAVID, número, 39, del 22 de octubre de 1955. La Revista David, fue editada gracias al sobrehumano esfuerzo de don Aurelio Acevedo Robles, Cristero del estado de Zacatecas.)
José Cardenal Garibi Rivera Arzobispo de Guadalajara, dijo de él:
“Su muerte fue como su vida: convencido de la verdad cristiana y de que Nuestro Señor le pedía el sacrificio de su vida, resignado esperó la muerte, como quien sabe que está cumpliendo con el destino providencial.
Su enseñanza fue no sólo de palabra, sino principalmente con su ejemplo. Hay que pedir a Dios que conceda a su Iglesia muchos católicos que trabajen con el ejemplo y el convencimiento de Anacleto”.


“¡Jesús misericordioso! Mis pecados son más que las gotas de sangre que derramaste por mí. No merezco pertenecer al ejército que defiende los derechos de tu Iglesia y que lucha por ti. Quisiera nunca haber pecado para que mi vida fuera una ofrenda agradable a tus ojos. Lávame de mis iniquidades y límpiame de mis pecados. Por tu santa Cruz, por mi Madre Santísima de Guadalupe, perdóname, no he sabido hacer penitencia de mis pecados; por eso quiero recibir la muerte como un castigo merecido por ellos.
No quiero pelear, ni vivir ni morir, sino por ti y por tu Iglesia. ¡Madre Santa de Guadalupe!, acompaña en su agonía a este pobre pecador. Concédeme que mi último grito en la tierra y mi primer cántico en el cielo sea ¡Viva Cristo Rey!” (Al final del Rosario, los Cristeros de Jalisco añadían esta oración compuesta por Anacleto González Flores:)


A LA MEMORIA DEL LIC. ANACLETO GONZÁLEZ FLORES

Ansiando libertar a la oprimida
Nación, en que su cuna se naciera,
Alzó su voz potente, enardecida,
Conquistándose adeptos por doquiera.
Levantó aquella raza que gemía…
Encadenada por la férrea mano,
Tirana y cruel de la caterva impía,
Opresora del pueblo mexicano.

Gallardo era su gesto, majestuoso,
¡Oh, como su palabra entusiasmaba!
No era un hombre vulgar, era el coloso
Zempoalt guerrero que a la lid llamaba.
Ansias de libertad le consumían…
Lamentaba el error de tantos hombres,
Esclavos de su orgullo que vendían
Sus conciencias, sus vidas y sus nombres.

Fue un héroe que plantó regia bandera,
Luchando por formar criterios sanos;
O por escrito o con su voz entera,
Rectas ideas sembró entre sus hermanos.
¡Era el faro de luz que reverbera,
Señalando el sendero que pisamos!

Guadalajara, octubre de 1927.